Tanto cambiaron las cosas en las dos largas décadas de su reinado en el fútbol, que Lionel Messi es un referente en el Brasil que decidirá este domingo el nombre de su presidente.

Sí, a Luiz Inácio Lula da Silva le dicen que si logra la “virada” (la remontada) electoral y permanece como presidente por cuatro años más se convertirá en Messi, se convertirá en héroe, tal como le dijo Javier Mascherano a Sergio “Chiquito” Romero el 9 de julio de 2014 en el estadio del Corinthians, en Sao Paulo.

Lula quiere ser Messi, se lo piden sus asesores y lo celebran sus votantes. ¿Le hubieran pedido hace 20 años a un presidente brasileño que fuera Maradona?

Hay mucho fútbol en la definición entre Lula y Flávio Bolsonaro, el hijo del expresidente. Pero es un fútbol que impacta e influye de manera diferente al argentino en una elección presidencial. Por empezar, porque la izquierda y la derecha están más claramente perfiladas y definidas en Brasil que en Argentina. Además, los futbolistas son mucho más de derecha que de izquierda. Y luego, porque la camiseta de la selección nacional no es una prenda de unión, sino un factor de división.

El bolsonarismo se apropió hace años del verde y el amarillo, mientras la izquierda cedía el espacio y se mantenía de rojo. Que un partido se apropie de la camiseta de la selección y otro renuncie a ella sería impensable en Argentina, porque la selección no es de nadie y es de todos. Pero en Brasil, que va de decepción en decepción con su selección, y donde muchos jugadores, comenzando por Neymar, se inclinaron hacia el sector bolsonarista, es diferente. Muchos votantes de Lula comenzaron a tenerle alergia a la camiseta tras ver a Jair Bolsonaro vistiéndola todo el tiempo.

Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial

Por eso es que, cuando André Janones, el diputado que revitalizó en las últimas semanas a Lula en las redes sociales, busca motivar al presidente, la selección brasileña brilla por su ausencia. El ejemplo para Lula es Argentina, la Argentina de Lionel Messi cuya historia se cerró para siempre este mismo mes en el Monumental.

“En el Mundial, Messi siguió siendo el mismo genio en la selección argentina, pero él ya no corre como los otros. El papel de sus compañeros más jóvenes era correr para que él brillara. Nuestra obligación de generación más joven hacia usted es esta: usted no tiene que ser influencer, no tiene que hacer hashtags, no tiene que aprender de algoritmos. El papel de usted es solo seguir siendo el mayor líder político de la historia de este país”.

Lula quiere ser Messi, sí, porque sólo un Messi de la política es capaz de revertir la derrota en la primera vuelta y ganar la segunda, algo que nunca sucedió en la democracia brasileña. El favorito es Flávio, que sigue vistiendo la verdeamarela como si fuera un jugador más de la selección.

Foto: Fernando de la Orden / Enviado Especial

Pero mientras los suyos hablan de “Lula Messi“, el Flamengo, rival de Estudiantes de La Plata el mes próximo en la final de la Copa Libertadores, lidera el grupo de clubes que acusan a Lula de ser cualquier cosa menos Messi. Lo acusan de matar al fútbol.

¿Puede un Messi matar al fútbol? En Brasil todo es posible.

En el tramo final de la errática campaña previa a la primera vuelta, Lula lanzó un anuncio estelar, la decisión de prohibir los casinos online y las apuestas deportivas. Los principales clubes de fútbol, entre ellos el Corinthians, el club de Lula, así como las federaciones paulista y carioca, se estremecieron. Apelando a mayúsculas propias de Javier Milei, resumieron su idea con contundencia.

EL AFICIONADO NO PUEDE PAGAR ESTA CUENTA.

SI SE ACABA EL MERCADO REGULADO, LAS APUESTAS NO DESAPARECERÁN.

LO QUE DESAPARECERÁ ES EL FÚTBOL.

Lo que los clubes brasileños dicen es que el secreto de su éxito -las cinco últimas Libertadores fueron ganadas por clubes de ese país- radica en el dinero de las apuestas. Todo un dato para tener en cuenta y sumar al análisis de lo que suceda el 28 de noviembre en el estadio Centenario de Montevideo.

“Es importante destacar que, en los últimos años, la inversión de las empresas de apuestas autorizadas se ha convertido en una de las principales fuentes de ingresos del deporte. Esta inversión ha impulsado el fútbol brasileño hasta tal punto que ha dominado el panorama sudamericano en competiciones como la Copa Libertadores de la CONMEBOL y la Copa Sudamericana de la CONMEBOL, y ha situado a los clubes brasileños en una posición protagonista”.

El ex presidente brasileño, Jair Bolsonaro junto a Neymar Jr. (Foto: Twitter)

Lula reaccionó con una mezcla de sorna y furia a la afirmación de que al intervenir en la crisis social que generan los “bets”, tal como se conoce a las apuestas en Brasil, está matando al fútbol.

“Está bien terminar con las ‘bets'”, dice a Clarín Juno Rodrigues Silva, más conocido como “Gijo”, de 84 años e íntimo amigo de Lula desde los tiempos en que cumplían turnos como obreros en la siderurgia.

“Hay un bolsonarista que gastó en estos días cinco millones de reales (en torno a un millón de dólares) en apuestas, eso es lavado de dinero”, asegura.

Parece que hubiera pasado un siglo ya desde la Democracia Corinthiana, jugadores como Sócrates y esa aura románica del jogo bonito que impregnaba a la selección de Brasil.

Lula gobierna un Brasil distinto al que imaginaba y él también es responsable: su gobierno reglamentó en diciembre de 2023 las apuestas y el fisco se benefició de ese negocio que hundió a tantas familias. La reglamentación se la venía pidiendo uno de sus hijos, Luis Claudio Lula da Silva, director técnico del Parintins, un club financiado por un surcoreano que disputa la Liga del Amazonas.

Menos de dos años después, Lula cambió de idea. Este domingo se verá si los electores creen que es Messi o, simplemente, Lula.



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