Las luces del tablero del auto son una alarma que nadie quiere ver encendida. Muchas de ellas lo hacen apenas se pone en contacto y no revisten mayores problemas, pero otras se mantienen “dormidas” hasta indicar un cambio. Particularmente, el testigo del aceite es un aviso por el que conviene actuar de inmediato.

Los llamados testigos del tablero son los iconos que en determinadas ocasiones se encienden en el instrumental que está justo frente a nuestros ojos, y que son los responsables de indicar las incidencias mecánicas que se producen en el auto.

La cantidad de estas depende del año de fabricación del vehículo y del tipo de combustible que utilice. Como se dijo, muchas de ellas se encienden al hacer contacto (como en muchos casos los de la resistencia o precalentamiento en los diesel), y se apagan al encender el motor.

También está el del cinturón, que en diversos modelos y marcas, si el conductor o acompañante no se lo abrochan, también se acompaña con una alarma de sonido. A pesar de los diversos modelos, hay muchos testigos que no cambian, por más innovaciones y años que tenga el vehículo. Uno de ellos es el de la batería, y otro el de la presión de aceite (la aceitera roja).

Qué avisa la aceitera roja en el tablero y por qué conviene actuar de inmediato

Esta es la que indica si hay presión adecuada de aceite en el motor y debe apagarse tras el arranque, como se dijo anteriormente. Si no se apaga al encenderlo o se ilumina andando, hay que prestar atención.

En caso de que esta se convierta en advertencia, y no una lucecita que se enciende en el contacto, se debe prestar vital atención para evitar futuros daños. En este caso, el motor de tu auto está en riesgo inminente.

A diferencia de otros testigos del tablero que dan cierto margen para programar un chequeo, la luz del aceite no suele indicar simplemente que falta un poquito de líquido, sino que al medir la presión, se pone en riesgo todo el sistema de lubricación.

El aceite es como la “sangre” del auto, por lo que si la bomba no logra impulsarlo con la fuerza necesaria para que legue a todos los componentes, las piezas metálicas dejan de estar protegidas y pueden dañarse en la fricción de las revoluciones por minuto.

Los motivos más comunes por los que puede encenderse son que el auto tenga un nivel bajo de aceite o que hubo una pérdida en el sistema de lubricación. También puede ser un problema de la bomba de aceite o un filtro dañado que impide la correcta circulación.



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