Un documento elaborado por una fundación económica del radicalismo advirtió que las relaciones bilaterales entre Argentina y Brasil “constituyen un patrimonio estratégico y fundamental que trasciende a los gobiernos de turno, las afinidades ideológicas y los desencuentros coyunturales”.

Estos dichos surgieron tras el viaje del presidente argentino Javier Milei a Brasil, donde manifestó su apoyo al candidato presidencial Flavio Bolsonaro y donde cruzó duramente al mandatario de ese país, Lula Da Silva, al que calificó de “presidiario” y “basura socialista”.

Desde la Fundación Alem -que responde a la Unión Cívica Radical- dijeron que “la cooperación histórica entre ambas naciones ha sido un pilar clave para el desarrollo económico, el fortalecimiento de las democracias, el Estado de derecho y la seguridad regional, resultando indispensable frente al actual escenario internacional anárquico y complejo”.

El análisis de la fundación que preside el tucumano Ricardo Campero señala que “si bien la aparición de desacuerdos es un fenómeno natural entre dos naciones de gran peso e influencia, la verdadera fortaleza de una alianza estratégica no reside en la ausencia de diferencias”. Según el informe, lo crucial radica en la capacidad diplomática para administrar y superar esos matices con inteligencia, respeto y sentido de la responsabilidad, enfatizando que expresar convicciones no requiere caer en el enfrentamiento, sino encauzar la comunicación a través de los canales institucionales adecuados.

Asimismo, la entidad radical remarca que la política exterior debe ser concebida como una política pública de Estado y no como una herramienta sometida al temperamento individual, a impulsos personales ni a cálculos electorales domésticos. Quienes representan internacionalmente a la Nación tienen la obligación de actuar con previsibilidad, profesionalismo y visión de futuro, sabiendo distinguir entre las preferencias partidarias o personales y los verdaderos intereses permanentes de la Patria.

En esa línea, el documento advierte que la adopción de discursos hostiles, insultos o provocaciones públicas debilita severamente la posición de la Argentina en el escenario global, reduciendo su capacidad de interlocución y generando costos diplomáticos y económicos que terminará pagando toda la sociedad. Para la fundación, sacrificar la seriedad diplomática en pos de la polarización o el consumo interno solo aporta incertidumbre y resta prestigio a la Nación en su inserción internacional.

Finalmente, el texto concluye sosteniendo que lo que une a la Argentina con Brasil es infinitamente más profundo y trascendente que cualquier desacierto circunstancial, por lo que es un derecho y un deber exigir a los gobernantes una altura de miras propia de estadistas. Remarcan que, mientras las administraciones pasan y los escenarios políticos cambian, la necesidad de cuidar y preservar una relación bilateral madura, pacífica y orientada al desarrollo mutuo permanece intacta.



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