El chileno Pablo Neruda (1904-1973) fue uno de los poetas más importantes de América Latina, ganador de un Premio Nobel de Literatura en 1971. Qué quiso decir con su frase: “El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él”.
Bautizado como Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, tomó su seudónimo que luego se transformaría en su nombre legal. Fue también diplomático y político -senador- en su Chile natal. Nacido en Parral, fue además miembro del Comité Central del Partido Comunista y precandidato a la presidencia.
Además del Premio Nobel, entre otros múltiples reconocimientos se destaca el doctorado Honoris Causa en Filosofía y Letras en 1965 por la Universidad de Oxford. Ya a sus 19 años alcanzó la fama internacional con “Veinte poemas de amor y una canción desesperada“, una de las obras poéticas más leídas en español.
Su recorrido incluyó el amor, la naturaleza, la política, la vida cotidiana y también experiencias personales viviendo en otros países. Entre sus obras más destacadas figuran “Residencia en la tierra”, “Canto general” y “Odas elementales”.
“El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él”
La propia Fundación Pablo Neruda indica en su página Web que la frase aparece dentro de un pasaje en el que Neruda habla de su colección de juguetes y objetos en su casa de Isla Negra, su hogar más famoso y querido del pueblo costero chileno.
La casa ahora es un museo en un lugar que se llamaba originalmente Las Gaviotas, pero que el poeta rebautizó por el color de sus piedras, y porque allí podía asilarse para escribir tranquilo. Esa Web detalla que al regresar de Europa en 1937 buscaba un lugar para dedicarse a su Canto General y allí encontró su ideal.
Esa casa está inserta en el paisaje costero, donde el mar, el oleaje, la playa y las rocas, marcaron su vida desde que era un niño y enfrentó por primera vez al océano, protagonista o con importante peso en muchas de sus obras.
Su frase sobre el niño que juega puede entenderse, justamente, desde una mirada adulta hacia la niñez. Neruda no hablaba solamente de entretenerse, sino que en sus memorias aparece esa reflexión mientras recuerda los juguetes que reunió durante toda su vida y su casa de Isla Negra.
“En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir“, es otra de las frases relacionadas que le atribuye la Fundación Neruda al poeta. Rodeado de esas colecciones y objetos curiosos, reivindica una relación con el mundo basada en la curiosidad, el asombro y la imaginación.
Lo que es más poderoso aún de la frase es que plantea que el juego no es algo menor propio de la infancia, sino una forma de vitalidad. Por eso la advertencia de que el adulto que deja de jugar pierde para siempre al niño que llevaba dentro, es también una defensa a conservar esa mirada capaz de encontrar algo extraordinario en las cosas más simples.
No es un llamado a la irresponsabilidad o dejar las “cosas de adulto” de lado, sino que propone no confundir madurez con rigidez. Neruda sugiere que el niño interior será necesario siempre, sobre todo, cuando la vida se vuelva demasiado seria.
