Niña Pastori demuestra que no reconoce fronteras musicales y homenajea a los gigantes de la salsa


Niña Pastori suma un nuevo desafío a una carrera marcada por la mezcla de géneros. La artista española, nacida en San Fernando, Cádiz, estrena Color Fania, un disco que recupera clásicos de la salsa y rinde homenaje al legendario sello Fania Records.

Grabado entre Miami y España durante 2025 y 2026, se trata de un álbum en el que revisita clásicos como Periódico de ayer, El gran varón, Plástico, Bemba colorá, Ligia Elena, El incomprendido y Me voy ahora, inmortalizados por figuras como Héctor Lavoe, Rubén Blades, Willie Colón, Celia Cruz e Ismael Rivera.

A primera vista puede parecer un giro inesperado para una de las voces más importantes del flamenco contemporáneo. Sin embargo, basta recorrer su historia para entender que este proyecto encaja perfectamente dentro de una carrera construida sobre la curiosidad, la mezcla y la búsqueda constante de nuevos lenguajes.

“Es quizás el género que más se parece al nuestro. El flamenco y la salsa son hermanos. Ambos nacen del mestizaje y de la necesidad de bailar lo que se siente”, explica en entrevista por videollamada con Clarín. Y agrega: “A los flamencos aquí en España nos ha gustado siempre mucho la salsa. Es una música que siempre hemos sentido como familia nuestra“.

Detrás del homenaje a la discográfica que revolucionó la música latina en Nueva York durante los años ’60 y ’70, Color Fania propone el encuentro entre dos géneros que nacieron en la calle y encontraron en la música una forma de contar historias de barrio, identidad, amor, dolor y resistencia.

Detrás del nombre artístico Niña Pastori está María Rosa García, una chica de San Fernando, Cádiz, en España que heredó su apodo de su madre, conocida popularmente como “La Pastori“. Su talento apareció en 1986, con apenas ocho años, cuando ganó un concurso infantil en la Peña Flamenca El Chato de Cádiz.

Cuando cumplió doce años, Camarón de la Isla, gran referente del flamenco, la escuchó cantar durante un homenaje al guitarrista Niño de los Rizos y quedó impresionado por su voz que hasta la señaló públicamente como una de las jóvenes promesas del género, una bendición que marcaría para siempre el inicio de su carrera.

Pero a diferencia de muchos artistas que optan por conservar intacta la tradición, Niña -a mediados de los años ’90- apareció con Entre dos puertos, un álbum producido tras el impulso de Alejandro Sanz que ayudó a acercar el flamenco a nuevas generaciones. Temas como Tú me camelas (1995) la transformaron en una figura popular y abrieron una etapa en la que el flamenco comenzó a dialogar de manera natural con el pop.

Niña Pastori estrena "Color Fania", un álbum en el que combina flamenco y salsa. Foto: Berta Alegre

Desde entonces, toda su carrera puede leerse como una sucesión de encuentros. Lo hizo con la canción melódica, con la música latinoamericana, con los ritmos populares y hasta con el repertorio navideño.

Esa vocación quedó especialmente reflejada en Raíz (2014), el proyecto que compartió con la mexicana Lila Downs y Soledad Pastorutti. El disco, que obtuvo un Latin Grammy, reunió tres tradiciones aparentemente distintas -el flamenco, el folclore argentino y la música popular mexicana- para demostrar que todas nacían de una misma necesidad: contar quiénes somos a través de las canciones.

Soledad Pastorutti, Lila Wells y Niña Pastori en su proyecto Raíz. Foto: Juano Tesone

La relación con América Latina siguió creciendo con los años. En Ámame como soy compartió canciones con Rubén Blades, Juan Luis Guerra y Pancho Céspedes, ampliando aún más un puente cultural que hoy encuentra una nueva estación en Color Fania.

El álbum fue grabado entre Miami y España bajo la producción del colombiano CASTA y propone una relectura de temas clásicos. Pero lejos de intentar copiar las versiones originales, Niña Pastori se apropia de ese repertorio desde su propia identidad artística.

El salsero que estuvo a punto de inspirar un disco entero

La admiración que siente por Héctor Lavoe atraviesa buena parte del proyecto. “Tiene una manera de cantar sencilla y directa, y te atrapa todo lo que él canta“,define. Incluso reconoce que durante el proceso de selección llegó a considerar la posibilidad de dedicar el álbum exclusivamente al cantante puertorriqueño. “Casi todo lo que canta Héctor, casi todo lo quiero cantar“.

Esa misma mirada aparece cuando habla de El cantante, escrita por Rubén Blades e inmortalizada por Héctor Lavoe en 1978 (Andrés Calamaro hizo su propia versión y tituló un álbum así): habla de la soledad, las presiones y las contradicciones que se esconden detrás de la vida de un artista.

No todos los días se tienen ganas de subirte al escenario“, admite Pastori sobre una realidad que conoce desde cerca. Pero enseguida aclara que “el público no tiene culpa de eso” y que el artista tiene la responsabilidad de dar lo mejor de sí cada noche.

La reflexión parece resumir también su propia carrera. Con más de dos millones de discos vendidos, seis Latin Grammy, una nominación al Grammy estadounidense y una trayectoria que ya supera las tres décadas, Pastori ocupa un lugar único dentro de la música española. No sólo por los premios o el éxito comercial, sino por haber logrado evolucionar sin perder identidad.

Por eso Color Fania funciona como mucho más que un disco de versiones. Es la confirmación de una idea que atraviesa toda su obra. Que las grandes músicas populares siempre terminan encontrándose. Que Cádiz puede conversar con el Bronx. Que una bulería y una salsa pueden compartir la misma emoción. Y que después de tres décadas de trayectoria sigue explorando nuevos sonidos sin alejarse de las raíces que la hicieron única.



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