En la primera prueba de fuego que tuvo el nuevo esquema de conducción que diseñó para reencauzar la política del Gobierno con el objetivo puesto en la reelección del Presidente, Karina Milei se encontró con un revés que no estaba contemplado. La hermanísima aguantó la bronca, abrazó al pragmatismo y habilitó a que Diego Santilli, el jefe de Gabinete al que empoderó para trazar los acuerdos necesarios con los gobernadores, le diera luz verde a Patricia Bullrich para eliminar el capítulo 3, de extranjerización de tierras, que amenazaba con hacer caer completa la Ley de Inviolabilidad de Propiedad Privada, una de las iniciativas impulsadas con más fervor por Javier Milei en el Consejo de Mayo.
No era la señal que pretendía dar la administración libertaria luego de haber cambiado la dinámica política tras la salida de Manuel Adorni, pero el paso en falso llegó para ratificar la decisión que había tomado la secretaria general de Presidencia, que en persona y ante distintos actores se venía ocupando de decir que “todos los temas de la política” deben “hablarlo con Diego”. Diego es Santilli, al que justamente ungió para ordenar y contener cuestiones como el arrebato del ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, el cerebro detrás de los polémicos agregados a la ley que había pedido encomendado Milei.
Ahora el desafío de Karina es intentar que su hermano comprenda la necesidad de respetar a rajatabla el nuevo formato, con una mesa política y un jefe de ministros que administre la relación y los momentos con los gobernadores y aliados que definen el futuro de las votaciones en el Congreso. “Se hizo todo lo que estaba al alcance para salvar el proyecto completo pero ni Diego ni Patricia (Bullrich) pueden hacer magia”, justificaron en Casa Rosada, en clara referencia a que el texto redactado por Sturzenegger no pasó por un filtro político. “Lo validó mano a mano con Javier, que por supuesto comparte la filosofía de atraer inversiones pero delega en el equipo el timing de cada proyecto”, argumentaron. En rigor, cuando se acordó el texto, coordinaba Adorni y Santilli todavía era ministro del Interior, pero no es la primera vez que pasa con iniciativas de Sturzenegger.
La bronca con “El Coloso” se prolongó durante todo el jueves. Incluso, durante la sesión del Senado en el Gobierno se ocuparon de aclarar que el texto definitivo “era el corazón de lo que quería Presidente” y minimizaban las concesiones que se vio forzado a hacer el bloque libertario. La polémica explotó en simultáneo a una protesta que puso en jaque a los puertos de todo el país por otro decreto de su autoría para desregular el servicio de practicaje, otra marcha atrás que debió dar el Gobierno.
Un integrante del Gabinete, y no precisamente alineado con Karina, resumió ante Clarín el fastidio que generó la tormenta que volvió a complicar al Gobierno: “Esto nos sirve para aprender a todos. Tiene que ser la última vez que alguien, sea Federico o cualquiera, entra a ver al Presidente y sale sin filtro con un proyecto para mandar al Congreso. De acá hasta la elección tenemos que jugar todos en bloque”.
En el karinismo, en tanto, sostienen que siempre han planteado objeciones al diálogo directo con el Presidente del que, al igual que Sturzenegger, se valieron otros ministros como escudo ante posteriores errores no forzados. “No pueden decir que lo validaron con el Presidente. Hacen una de más y encima no lo cuidan. No les gusta jugar en equipo, quieren ser libre pensadores”, razonaban, fastidiosos, en plena sesión.
En el caso del presidente del Banco Central durante la gestión macrista, la crítica fue más espesa porque entienden que tampoco ayudó a defender el proyecto. “Fue a presentarlo al Congreso pero cuando nos empezaron a entrar todas las piñas no ayudó en nada”, apuntó una alta fuente oficial. El canciller Pablo Quirno fue uno de los damnificados porque, pese a no haber trabajado en la medida, salió a defenderla y reconoció que habilitaba a que un extranjero pudiera comprar un pueblo o una provincia entera.
Hacia adelante, para evitar complicaciones, la consigna es clara: “Salvo Toto (Luis Caputo), todos los proyectos primero tienen que pasar por el despacho de Diego (Santilli), antes y después de hablarlo con el Presidente”.
En el entorno de Karina resaltan que el jefe de Gabinete “se ganó la confianza” y apuestan al tándem que integra con Martín y Eduardo “Lule” Menem. Nadie se quiere arriesgar a que aspectos polémicos de los proyectos pongan en riesgo la construcción de los acuerdos electorales con los gobernadores. La prioridad, al cabo, es la reelección del Presidente.
