Lo que para muchos habría sido una mala inversión terminó convirtiéndose en el origen de una de las empresas textiles más importantes de América Latina. A mediados de la década de 1950, Rodolfo Francisco de Souza regresó a su casa, en Luiz Alves, Santa Catarina, con 600 metros de seda que nadie quería comprar. El tejido había pasado de moda y parecía destinado a ocupar espacio en el depósito familiar.

Sin embargo, su esposa, Adelina Clara Hess de Souza, encontró una salida inesperada. Madre de 16 hijos y con conocimientos de corte y confección adquiridos años antes, decidió transformar esa seda en camisas.

Las primeras prendas se vendieron rápidamente en el comercio de la familia y demostraron que aquel material podía tener un destino mucho más rentable que el imaginado inicialmente.

La experiencia fue tan positiva que en 1957 Adelina dio un paso más. Contrató a dos costureras para trabajar en un cuarto de su vivienda, que durante el día funcionaba como pequeño taller y por las noches recuperaba su uso doméstico.

Como el matrimonio no tenía dinero para comprar maquinaria, las empleadas llevaban sus propias máquinas de coser y recibían un pago adicional por utilizarlas.

A las limitaciones económicas se sumaba otro desafío: la localidad todavía no contaba con la infraestructura eléctrica suficiente para abastecer la producción. Para mantener el taller en funcionamiento, la familia adquirió un generador usado, lo que permitió continuar con la fabricación de las camisas mientras el emprendimiento comenzaba a crecer.

Con el aumento de la demanda, el espacio dentro de la casa quedó chico y la producción se trasladó a un inmueble cercano. En 1962 la empresa adoptó oficialmente el nombre Indústria e Comércio Dudalina S.A., una combinación de los apodos de sus fundadores: “Duda” y “Lina”. Adelina no solo supervisaba la confección, sino que también participaba en la búsqueda de costureras y en la venta de las prendas.

Uno de los primeros pedidos importantes llegó desde el Batallón Rodoviario de Lages, en Santa Catarina, que encargó 54 camisas. Ese contrato marcó el comienzo de una expansión que se aceleró durante las décadas siguientes. Hacia mediados de los años 90, la empresa ya contaba con cerca de mil empleados, cinco fábricas entre Santa Catarina y Paraná y una producción estimada de 1,8 millones de prendas anuales.

El negocio también se convirtió en un proyecto familiar. Con el tiempo, varios de los 16 hijos de Adelina y Rodolfo participaron en la compañía y una de sus hijas, Sônia Hess, llegó a ocupar la conducción ejecutiva de la firma.

Tras la muerte de Adelina, en 2008, la empresa inició una nueva etapa. En 2013 ingresaron nuevos inversores y, un año después, Dudalina pasó a formar parte del grupo Restoque, hoy denominado Veste S.A.

Actualmente la marca continúa operando con tiendas propias, franquicias y comercio electrónico, manteniendo vigente el legado de aquella decisión que transformó un lote de seda invendible en una de las historias empresariales más exitosas de Brasil.



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