Darío Herrera va de bochorno en bochorno. En el medio, como todos, navega por las aguas tormentosas del fútbol argentino. Y tuvo el premio de estar en el histórico Mundial 2026, con 48 países y tres árbitros principales argentinos por primera vez junto a Facundo Tello y Yael Falcón Pérez. Fue un camino de 13 años desde que se convirtió en árbitro profesional en 2013, después de haber nacido en Andacollo, una ciudad de apenas 2600 habitantes en Neuquén. Hoy, otra vez, quedó en el centro de la polémica por sus decisiones en la final de la Supercopa Internacional entre Rosario Central y Estudiantes de La Plata, que el “Canalla” ganó en Santiago del Estero, el feudo de Pablo Toviggino, el tesorero de la AFA y mano derecha de Claudio “Chiqui” Tapia.
Radicado en Lincoln, en la provincia de Buenos Aires, y con 41 años, Herrera representa una de las trayectorias más relevantes del arbitraje argentino por su experiencia, reconocimiento internacional y presencia en los partidos definitorios, pero también carga con una marca difícil de separar de su carrera: la controversia.
Incluso desde su temporada debut, cuando quedó en el ojo de la tormenta de los hinchas de River por una polémica sanción de un penal a favor de San Lorenzo, que lo derrotó 1-0 en el Bajo Flores. Herrera fue parado por la AFA, al igual que su asistente Julio Fernández. ¿Qué pasó? Gonzalo Verón se internó en el área de River y fue cruzado por Leonel Vangioni. Aunque el contacto fue leve, el árbitro lo cobró y Julio Buffarini lo ejecutó. Pero, entonces, se desató una pila de discusiones por la decisión por parte del asistente del adelantamiento del arquero Marcelo Barovero, que enfureció a los futbolistas del “Millonario” y su entrenador Ramón Díaz.
Con el paso del tiempo, ese tipo de antecedentes comenzó a pesar en la previa de sus designaciones: los clubes, la prensa y los hinchas a través de las redes sociales repasaban sus decisiones anteriores antes de analizar el encuentro. En el fútbol argentino, la autoridad de un árbitro no se mide solamente por la cantidad de partidos dirigidos, sino también por el tipo de encuentros que la AFA decide poner bajo su responsabilidad.
Herrera fue designado en clásicos, definiciones y partidos decisivos de la Liga Profesional. Pero sin dudas ha sido uno de los preferidos para el Superclásico entre River y Boca, ya que estuvo siete veces como conductor arbitral. Dentro de ellos hubo tres que son recordados con resaltador por los hinchas. En números, fueron cuatro victorias para el “Xeneize”, una para el “Millonario” y dos empates.
La primera igualdad, que también fue el primero de esa lista, fue inolvidable. Es que tuvo a su cargo lo ocurrido el 14 de mayo del 2015, en la vuelta de los octavos de final de la Copa Libertadores en la Bombonera, con el local obligado a ganar, ya que los de Núñez se habían quedado con la victoria por 1-0 en condición de local. Fue la noche del gas pimienta.
El segundo recuerdo es el de la denominada “Batalla del Monumental”, que terminó en una batahola después del penal agónico sancionado y convertido por Miguel Borja. Hubo seis futbolistas expulsados y también el por entonces entrenador del Xeneize Jorge Almirón.
TODO RIVER PIDIÓ PENAL EN LA ÚLTIMA DEL PARTIDO ANTE BOCA 🧐#LPFxTNTSports
Viví el Torneo Apertura 2026 por TNT Sports Premium y disfrutalo también en HBO Max 👉 #Suscribite https://t.co/9RzIJTMF2E pic.twitter.com/khyVZTgO9o
— TNT Sports Argentina (@TNTSportsAR) April 19, 2026
Y el tercer antecedente es el más reciente, cuando tanto él como Héctor Paletta en el VAR obviaron un supuesto penal de Lautaro Blanco sobre Lucas Martínez Quarta. Todo el Monumental pidió penal. Darío Herrera dijo que no y tampoco fue convocado al tótem para la revisión. Las tribunas estallaron. “Chiqui Tapia botón, Chiqui Tapia botón…”, se entonó con fuerza en contra del presidente de la AFA.
En estadísticas, Boca es el equipo que más dirigió Darío Herrera, con 44 apariciones y un récord de 23 triunfos, 12 empates y nueve derrotas.
La llegada del VAR modificó el escenario, pero no eliminó la controversia. En algunos casos, la tecnología le permitió confirmar decisiones difíciles; en otros, abrió una discusión distinta: cuándo debe intervenir, cuánto tiempo debe revisar una jugada y qué criterio aplica para sancionar contactos dentro del área. Herrera quedó involucrado en varios debates de ese tipo, especialmente en partidos de máxima exposición. Sus defensores valoran que no delega completamente la conducción en el sistema tecnológico; sus críticos sostienen que, en ocasiones, mantiene una decisión aun cuando las imágenes parecen ofrecer argumentos para corregir.
Su crecimiento internacional acompañó esa evolución, porque fue un habitué en las Copa Libertadores y Sudamericana, muchas veces en partidos de presión creciente. Su designación para el Mundial 2026 fue coronar su carrera. Tuvo un único partido a su cargo como principal, en Bélgica-Irán. Su actuación fue evaluada de manera positiva en términos generales: tomó decisiones disciplinarias relevantes, aplicó el reglamento en situaciones de demora y validó intervenciones del VAR. Sin embargo, también hubo jugadas discutidas, entre ellas un gol anulado y otras acciones en las que se cuestionó el criterio utilizado.
Hay una característica que lo acompaña desde su debut: Herrera no es un árbitro invisible. Su estilo busca imponer el partido, ordenar las protestas y establecer rápidamente los límites de contacto y discusión. Esa personalidad puede ser una herramienta en escenarios de alto voltaje, pero también puede transformarse en un problema cuando los jugadores sienten que el diálogo queda clausurado. Eso pasó este sábado 26 de septiembre en Santiago del Estero.
El título de Rosario Central quedó rápidamente opacado por un cierre cargado de tensión, polémicas y escenas de descontrol, con gran protagonismo de Juan Sebastián Verón, presidente del Pincha. La bronca del Pincha venía de arrastre. Durante el partido, el penal sancionado por Darío Herrera tras la intervención del VAR había provocado una fuerte reacción de jugadores, cuerpo técnico e hinchas del conjunto platense.
Verón, desde un palco y captado por las cámaras de televisión, aplaudió en forma irónica la decisión de Herrera, en el comienzo de un partido lleno de tensión. Lo de Herrera fue muy malo: en el segundo tiempo omitió sacarle una segunda tarjeta amarilla al futbolista Elías Verón, del Canalla, y más tarde pudo revisar una mano penal a favor de Estudiantes, pero el VAR no lo convocó.
Una vez terminado el encuentro, batalla campal mediante en Fue entonces cuando se dio una imagen contundente. Juan Sebastián Verón bajó desde su ubicación hacia el campo de juego y encaró al árbitro. Visiblemente enojado, el presidente de Estudiantes fue directo a buscar a Herrera y le recriminó su actuación.
¡JUAN SEBASTIÁN VERÓN MUY ENOJADO TRAS EL FINAL FUE A BUSCAR A DARÍO HERRERA!
📺 La #SupercopaInternacional 🏆, por ESPN en el Plan Premium de #DisneyPlus pic.twitter.com/7Av6eSTAS9
— SportsCenter (@SC_ESPN) September 26, 2026
“Esto es culpa tuya, es culpa tuya”, le repetía la Bruja, apuntándole por el desarrollo de los acontecimientos que desembocaron en el escandaloso final.
Ya había tenido polémicas en partidos de Rosario Central, como en los cuartos de final frente a Racing en mayo pasado, cuando incluso llevó a Rodolfo D’Onofrio a reaparecer en redes para pedir “guardia alta” para River, que enfrentaba al Canalla en semifinales, partido que finalmente ganó.
El desafío de Herrera ya no es solamente en acertar una decisión, sino en conseguir que no queden eclipsadas por la forma en que conduce los partidos. En el fútbol argentino, donde el árbitro suele ser juzgado tanto por lo que cobra como por la reacción que provoca, sigue caminando sobre una frontera estrecha entre la autoridad, la resistencia y el poder.
