Como venía diciendo una cronista que estaba cubriendo en vivo para la televisión, el ultimo adiós a Chiche Gelblung tenía algo divertido, de comedia italiana. Se lo despidió con anécdotas seguidas de sonrisas. Como si se estuviera saludando por ultima vez a un capocómico.

El conductor murió este miércoles 9 de septiembre, a los 82 años, luego de distintas complicaciones respiratorias. Desde las 10.30 a las 15, el cuerpo estuvo en una de las salas velatorias de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), ubicadas en Loyola 1139, Villa Crespo.

La expectativa que los medios pusieron en Chiche estuvo a la altura del dolor que provocan estas noticias cuando se trata de figuras del espectáculo. Media cuadra de Loyola, casi Juan B. Justo, plagada de cámaras, micrófonos y telefonitos. Decenas de periodistas. Todo relajado, bien, sin histeria, entendiendo que se había ido un tipo que la pasó fenómeno y que hizo lo que quiso hasta el último día de su vida.

Ese era el espíritu que reinaba. Hasta que llegó Gustavo Sofovich al velorio, la persona más conocida era Mercedes Ninci. El hijo de Gerardo y Carmen Morales, también productor de televisión, declaraba ante un ramillete insospechado de periodistas. Hablaba de Chiche con amor, hablaba de cómo se odiaban con cariño su padre y Gelblung y después, a solas, nos dijo que nadie supo vivir como ese eslabón perdido del Nuevo Periodismo.

Justo pasa una corona enviada por Axel Kicillof y nos corremos contra una pared de barrio. “Chiche llegó tarde a la tele y la revolucionó completamente”, seguía Gustavo. Susana Roccasalvo, la periodista, también estaba sorprendida por esa situación. “Veinte años más tarde que yo llegó, creo que con 50 años, y cambió todo. ¡¿Cómo pudo ser eso?!”.

¿Y tu papá –quisimos saber– por qué no se avivó antes de llevarlo a la tele, Gustavo? “Porque él estaba en la revista Gente. ¿Vos sabés lo que era dirigir Gente en ese momento? La tapa de la revista Gente te volteaba un ministro. Él era del papel. Además, se peleaban todo el tiempo mi papá y Chiche”. ¿Por qué? “Porque los dos eran hermosos y tenían su carácter”.

“Yo”, otra vez Roccasalvo y sus lentes bordó, “yo no trabajé con él. Lo conocía de la radio, de la tele. Siempre me llamó la atención que no siendo del medio tuviera ese don”. Sofovich hijo nos dice algo y observa como tomamos nota: Chiche se cagó de la risa de todo. Del Periodismo y de todo.

Llega Mariano Iúdica con una boina y su esposa Romina Propato. Ni cola de gente anónima ni más caras conocidas. Durante todo el velorio fueron los periodistas la inmensa mayoría. Una señal para despedir a un colega que fue la vanguardia permanente. “Quería morir en un estudio de televisión”, agregó Iúdica. “Casi, casi”, se escuchó detrás suyo.

Graciela Alfano llegó poco antes de las 15. Hola Graciela, “¿hola cómo estás?”. Le piden que cuente lo que quiera y ella, espléndida, toda de negro, se larga a hablar, y tan bien dispuesta con todos y cada uno, que contará once veces la bizarreada de la autopsia al ET.

Luego, el cuerpo y su cortejo fúnebre partieron a su destino final, el Cementerio de La Tablada.



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