En 2021, 57 millones de personas vivían con demencia en todo el mundo y cada año se registran cerca de diez millones de nuevos casos, según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). El Alzheimer es la forma más común y representa entre el 60% y el 70% de los casos.

Identificar qué ocurre antes de que aparezcan los primeros problemas de memoria es, por tanto, una de las principales líneas de investigación. Y una de las pistas podría encontrarse durante el sueño. Un equipo de la Universidad de Lieja (Bélgica) ha relacionado determinados microdespertares nocturnos con una mayor predisposición genética al Alzheimer en personas sanas de mediana edad avanzada.

El estudio, publicado en la revista científica Sleep, analizó los patrones de descanso de 540 personas sanas mediante registros de la actividad cerebral durante el sueño. De ellas, 453 eran adultos jóvenes, con una edad media de 22 años, mientras que las otras 87 tenían alrededor de 59 años.

Los investigadores no se limitaron a observar cuántas veces se interrumpía el sueño. También estudiaron cómo se producían esas pequeñas activaciones cerebrales, si coincidían con un cambio entre las distintas fases del sueño y si iban acompañadas de variaciones en el tono muscular.

Los microdespertares son breves activaciones del cerebro que se producen mientras dormimos y que, en muchas ocasiones, ni siquiera llegan a despertarnos por completo. Pueden durar apenas unos segundos y formar parte de los cambios que se producen entre las distintas fases del sueño.

Al analizar estos episodios, los investigadores observaron que determinados microdespertares eran más frecuentes en las personas de mediana edad y se asociaban con una mayor predisposición genética al Alzheimer. También encontraron una relación con un peor rendimiento de la atención y con cambios en la memoria durante el seguimiento.

Sin embargo, no todos los microdespertares mostraron el mismo patrón. Por ello, los autores señalan que la clave no estaría únicamente en cuántas veces se interrumpe el sueño, sino también en cómo se producen esas activaciones cerebrales.

No. Los resultados no permiten afirmar que una persona que se despierta varias veces durante la noche vaya a desarrollar la enfermedad, ni tampoco que los microdespertares sean los responsables de provocarla.

Lo que los investigadores han encontrado es una asociación entre determinados tipos de activaciones durante el sueño y la predisposición genética al Alzheimer. El riesgo poligénico empleado en el estudio reúne el efecto de diferentes variantes genéticas para estimar la vulnerabilidad de una persona, pero por sí solo no permite predecir quién desarrollará la enfermedad.

Para los investigadores, estos resultados abren una nueva vía para estudiar el sueño como posible indicador temprano de vulnerabilidad al Alzheimer. La asociación se observó en las personas de mediana edad analizadas, pero no entre los participantes jóvenes, por lo que consideran que determinados patrones nocturnos podrían ayudar en el futuro a identificar a personas con mayor predisposición a la enfermedad.

Por ahora, sin embargo, los microdespertares no pueden utilizarse como herramienta diagnóstica. Los autores señalan que serán necesarios más estudios para conocer qué papel desempeñan estos patrones del sueño y determinar si pueden llegar a convertirse en un marcador útil.

Más allá de los resultados de esta investigación, mantener una buena calidad del sueño es importante para la salud cerebral. La neuróloga Ana Fernández Arcos, del Barcelonaβeta Brain Research Center, recomienda dormir entre siete y nueve horas al día y mantener unos horarios regulares de descanso. Además de mantenerse activo durante la jornada y reducir el uso de dispositivos electrónicos antes de acostarse.



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