Finalmente este jueves 10 de septiembre el Ballet del Teatro Colón estrenó Principio de éxtasis, una obra de danza contemporánea que venía despertando muchas expectativas. Justificadas, sin duda, gracias a los artistas involucrados: en primer lugar, por supuesto, el coreógrafo Goyo Montero que pensó la idea inicial y elaboró toda la construcción de la obra. Y luego Gustavo Santaolalla, que junto con el compositor canadiense Owen Belton concibieron el universo sonoro de la obra. Ricardo Darín, que dio la voz a textos que se dicen en off, y el renombrado artista plástico Eduardo Basualdo que creó la escenografía asistido por Mariana Tirantte -también responsable del vestuario-.

Pero además es muy justo poner de relieve la decisión de Julio Bocca -como director del Ballet del Colón y quien elige las obras que se programan- de emprender esta aventura arriesgada y difícil: por un lado, por ofrecer una obra de danza contemporánea en un teatro como el Colón en el que el público, en general, busca formas más tradicionales. Y por otro, confiar en la propuesta de Montero, es decir, la de dar forma de danza a El Aleph de Jorge Luis Borges, que a la vez involucraba un imponente despliegue escénico.

Ahora bien, todo lo que pudo verse en los ensayos previos -es decir, las personas que tuvieron la fortuna de asistir a ellos- adquirió otra dimensión en el escenario. No sólo porque luces, vestuario y escenografía, como suele ocurrir, le dan un “volumen” distinto a Principio de éxtasis, sino, sobre todo, porque la obra se cierra allí sobre sí misma y arma su propio mundo, con sus propias leyes irreales pero contundentes.

Un poco de historia

El Aleph, posiblemente el más conocido relato de Jorge Luis Borges, ha sido una obsesión del coreógrafo español Goyo Montero durante 25 años. Es decir, la obsesión de llevarlo a escena bajo una forma, precisamente, coreográfica.

En 2025, Goyo Montero (Madrid-1975) montó con el Ballet del Teatro Colón su preciosa obra Chacona, inspirada en música de Johann Sebastian Bach. Era su primer trabajo coreográfico en la Argentina. Pero ya, casi diez años antes, durante la época en que Julio Bocca dirigía el Ballet del Sodre de Montevideo, Montero lo había interesado en su proyecto sobre El Aleph.

Hubo, a lo largo de todo este tiempo, dificultades con los derechos de autor; recién en 2025 los herederos de María Kodama, viuda de Borges, liberaron esos derechos para la creación de esta obra coreográfica.

En una entrevista reciente Montero decía: “Siempre pensé que Borges tenía algo muy visual, una iconografía y una mitología reconocibles en muchos de sus cuentos. El Aleph es como un compendio del mundo borgeano. Y me interesó también el toque biográfico: porque Beatriz Víterbo -el personaje del cuento- y Estela Canto, su amor platónico e inalcanzable, están presentes”.

Principio de éxtasis propone precisamente un punto de vista particular sobre los personajes. Está por supuesto el propio Borges -que es igualmente un personaje de El Aleph-, interpretado por un único bailarín pero también representado en una escena por toda la compañía, tanto por los varones como por las mujeres. Y también Carlos Argentino Daneri, primo hermano de Beatriz Viterbo, que aquí aparece como El Otro.

La obra y quienes la interpretan

El Borges principal, encarnado en el estreno por Facundo Luqui, se mueve en un mundo que lo desconcierta y lo confunde, y está al mismo tiempo inmerso en una masa humana que toma las formas más diversas a medida que el relato avanza. Y respecto de esto último, es preciso decir que Montero tiene un manejo magistral de los movimientos de masas: hay algo poderoso y bello en esas formas que se arman y desarman en una continuidad perfecta.

También es un creador sutil y original en los solos y los dúos. Cada escena, ya sea ampliada al cuerpo de baile o enfocada en apenas uno o dos personajes, es preciosa a la vez que contundente.

Y en cuanto a los intérpretes, tienen roles muy claros concebidos como están en la imaginación de Montero: Facundo Luqui hace un trabajo totalmente excepcional. Lleva prácticamente sobre sí el peso de la obra y todo lo que hace es de una interioridad conmovedora. Técnicamente es intachable, pero esta es una consideración banal si se piensa en su compromiso emocional que es además totalmente discreto y sutil.

"Principio de éxtasis". La gran apuesta del Teatro Colón consiguió un sí rotundo. Foto: Carlos Villamayor

Lola Mugica es, como decía Montero, Beatriz Viterbo -ser ficcional- y también Estela Canto, aquella mujer que Borges amó con muy escasa reciprocidad. Es en esta obra, sobre todo, una imagen femenina elusiva que su enamorado busca de un modo infatigable. Lola Mugica se apropia con mucha hondura de este personaje enigmático y hay una escena en el segundo acto que resume de un modo hermoso y perfecto su ambigüedad.

Juan Pablo Ledo, que encarna al pedante Carlos Argentino Daneri nombrado aquí como El Otro, tiene igualmente un desempeño fantástico en el dúo con Borges, cuya coreografía uno querría que no terminara nunca.

Pero ciertamente todos los roles solistas tienen un muy alto nivel de elaboración, entre ellos el de Jiva Velázquez, aunque a los demás bailarines es difícil identificarlos en el programa de mano.

Y finalmente todo el cuerpo de baile da hermosamente “cuerpo”, valga la redundancia, a esta gran obra. Es un auténtico orgullo que Principio de éxtasis haya entrado al repertorio, como creación especialmente comisionada, del Ballet del Teatro Colón.

Ficha

oreografía: Goyo Montero Música: Gustavo Santaolalla y Owen Belton Voz en off: Ricardo Darín Escenografía: Eduardo Basualdo y Mariana Tirantte Vestuario: Mariana Tirantte Compañía: Ballet del Teatro Colón (Julio Bocca, director) Funciones: hasta el 20 de septiembre Sala: Teatro Colón Libertad 621



Source link

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *