“Del otro lado está el tren fantasma”, aseguran cerca de Mauricio Macri al referirse a las opciones que hoy maneja el peronismo para las presidenciales de 2027 –Axel Kicillof versus el tándem de Cristina Kirchner y Sergio Massa– para justificar el alineamiento con un Gobierno que no duda en destratarlo en público y privado y con el que el PRO negocia un acuerdo global -en Nación, Provincia y Ciudad, con la necesidad de preservar en el dominio amarillo en este último distrito- rumbo a los comicios del año próximo.

El propio Javier Milei no duda en defenestrar el paso del actual titular de la Fundación FIFA por la Casa Rosada cuando compara los números de crecimiento o inflación de su gobierno con los del experimento Cambiemos en las disertaciones en las que, también hay que decir, suele recurrir a una aritmética muy particular -“en 30 años nos vamos a convertir en una de las potencias del mundo” o el “15 mil% de inflación” anualizada que supuestamente le legó el peronismo-. El viernes las redes libertarias salieron a criticar al ex mandatario cuando publicó un tuit -que luego borró -en apoyo a la propuesta del intendente de San Nicolás, Santiago Passaglia, de eliminar una tasa municipal si el Presidente bajaba el IVA al municipio para las compras destinadas a obras y servicios públicos.

Si bien en el Ejecutivo valoran los encuentros de “coordinación” entre Diego Santilli y Lule Menem con los emisarios del expresidente, Fernando de Andreis y Cristian Ritondo, advierten que la buena sintonía “parlamentaria” en ocasiones se ve alterada por la “fuerte interna del PRO entre Mauricio y Jorge”, que por ejemplo, pondría condicionamientos al respaldo a la suspensión de las PASO.

Desde el PRO, en tanto, le tiran la pelota a la Casa Rosada y advierten que serían “las propias internas” del oficialismo las que trabarían la definición de la reforma política, al apuntar a la estrategia de Patricia Bullrich en el Senado. Con todo, remarcan que la votación de la iniciativa en la Cámara alta terminaría “ordenando” varios temas, entre ellos, el eventual acuerdo entre LLA y el partido amarillo. En principio, son reactivos a eliminar las primarias y optarían por la propuesta -la tercera opción para el Gobierno- de hacerlas optativas.

Como sea, la tensión entre Mauricio y Jorge Macri es real. Si en el campamento del ex mandatario deslizan que las diferencias en la gestión porteña y en la estrategia local rumbo a 2027 serían los motores de esa diferenciación, en Uspallata minimizan el conflicto y sostienen que el vínculo “es normal” y que a lo sumo tendría “idas y vueltas como en cualquier relación entre primos”.

El ex presidente no oculta sus diferencias y hace trascender que en un eventual acuerdo con LLA en CABA podría postular a De Andreis “como prenda de unidad”. Cerca del alcalde porteño reafirman la intención de pelear la reelección y que la falta de acuerdo interno en el PRO se explicaría por qué del lado del ex mandatario quieren apurar una negociación que recién se definirá entre enero y febrero de 2027. “No es el momento: no se cerró acuerdo incluso en ninguna de las provincias” en las que existen alianzas tácitas con el espacio violeta, justifican en el entorno de Jorge Macri.

Lo extraño del caso es que en el PRO hay menos cuestionamientos hacia el Ejecutivo que los que parten desde el ala política del gobierno por el creciente malhumor social por el estancamiento económico y la crisis en los ingresos de una buena parte de la población. Sí hay cuestiones vinculadas “a las formas” o al poco apego a lo “institucional” que, perciben, en los hermanos Milei.

No obstante, Mauricio Macri aún deja correr la precandidatura presidencial de Hernán Lacunza que sí, a viva voz, plantea diferencias con el trazado económico y alerta por inconsistencias que pondrían en riesgo al apoyo social al modelo. Pero cerca del ex mandatario ven como inevitable un encuentro entre dos espacios que comparten el electorado y los motores de cambio que necesita Argentina para dejar atrás “el populismo” al que asimilan a los candidatos del PJ.



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