Un acontecimiento que viene caracterizando este verano europeo es la ola de calor. Pero entre las terribles luchas de adaptación que ya han provocado miles de muertes, hay historias que desbordan de alegría como la de los españoles María y Ricardo.
Durante buena parte de esta temporada del año, su casa se convierte en el lugar donde Alba y Diego, sus nietos de 8 y 6 años, pasan la semana, entre juegos, comidas caseras, actividades deportivas y tardes al aire libre.
Los chicos son hijos de su hija y suelen llegar los domingos por la tarde o por la noche para quedarse hasta el final de la semana. Si durante esos días sus padres tienen alguna jornada libre, aprovechan para estar juntos o los niños duermen en su casa. Así transcurre buena parte de las vacaciones, con una rutina que, aunque demanda tiempo y energía, el dúo de adultos mayores vive con entusiasmo.
Abuelos que ayudan a conciliar la vida familiar
“Los nietos te aportan muchísimo, te hacen sentir más activo”, resumen los abuelos en una entrevista al medio La Voz de Galicia. Consideran que poder acompañarlos de esta manera es también una oportunidad para compartir tiempo de calidad con ellos.
En su rincón en España, María y Ricardo saben que la conciliación entre el trabajo, los horarios escolares, las actividades de los chicos y la vida familiar puede convertirse en un verdadero desafío para los padres. Por eso, siempre que pueden, colaboran con su hija.
“Es difícil conciliar, adaptar horarios y rellenar huecos. A veces es imposible. A nosotros nos encanta quedarnos con los niños”, explicó María a dicho medio.
La mujer, que se dedicó durante toda su vida a la docencia, conoce de cerca las dificultades que pueden atravesar otros abuelos cuando deben asumir una parte importante del cuidado de sus nietos. Por eso también reconoce que ellos se encuentran en una situación favorable.
“Yo me dediqué a la docencia toda la vida y veía que había abuelos que estaban sobrecargados, porque hay gente muy mayor o que está muy limitada. En ese sentido somos muy afortunados porque estamos bien”, señaló.
Ricardo comparte esa disposición. Si hay que llevar a los chicos a algún lugar, se pone al volante, y si hay que jugar, se suma.
Una relación diferente a la que tuvieron con sus hijos
Para María, ser abuela tiene algo profundamente diferente respecto de la experiencia de criar a los propios hijos.
La responsabilidad sigue existiendo, pero la perspectiva cambió. “Es un sentimiento muy contrario con relación a lo que recuerdas de tus hijos. No deja de ser una experiencia mucho más relajada, no tan agobiante en el día a día”, explicó.
Resaltaron la diferencia entre criar a los hijos y pasar tiempo con los nietos. Foto: Shutterstock.También cambió el tipo de preocupación. Según su mirada, con los hijos había metas y responsabilidades que pesaban de otra manera. Con los nietos, en cambio, el vínculo se vive desde un lugar más tranquilo.
“Con ellos la preocupación es distinta. Con un hijo te ponías unas metas y con los nietos es más descansado”, sostuvo.
Ricardo coincidió con esa percepción. Para él, convertirse en abuelo implica observar a los chicos desde otro ángulo, con una serenidad que no siempre estaba presente durante la crianza de los hijos.
“Tal vez tienes la perspectiva desde otro ángulo totalmente diferente, más sereno y se disfruta muchísimo”, señaló.
Una casa sin televisión durante todo el verano
La energía de Alba y Diego queda en evidencia apenas comienza la conversación. Mientras María y Ricardo hablan, los chicos se mueven alrededor del sofá, aparecen y desaparecen, interrumpen a sus abuelos y participan de la charla.
Con ellos, el aburrimiento parece tener pocas posibilidades. Uno de los grandes entretenimientos son los juegos de mesa. Alba contó que uno de sus favoritos para compartir con los abuelos es Taco, gato, cabra, queso, pizza, mientras Diego incluso intentó sacarlo del cajón para enseñarlo.
Pero este verano hubo una regla particular: nada de televisión. Los abuelos decidieron aprovechar las vacaciones para reducir el tiempo frente a las pantallas. “Nos propusimos no verla para evitar un poco las pantallas, porque ahora todos los niños tienen dependencia”, explicó María.
Durante el curso, después de comer sí les permitían mirar televisión durante un rato. Pero la experiencia les había mostrado que ciertas costumbres podían instalarse con facilidad y luego resultar difíciles de modificar.
“Enseguida cogen malos hábitos que después cuesta cortar. Este verano no la tocamos y respondieron superbién”, aseguró.
La excepción está en la casa de sus padres, donde los viernes disfrutan de una película en familia.
Así es un día junto a los nietos
Para entender cómo funciona la rutina, María le pidió a Alba que hiciera un resumen de la jornada.
La respuesta de la niña permitió reconstruir un día que comienza temprano. El despertador suena para llegar a las clases de tenis de los pequeños. Una vez levantados, los chicos se ponen los calcetines, que además deben ser antideslizantes, y bajan a desayunar.
Los abuelos también tienen sus propias maneras de hacer especial ese momento. “Algunos días nos hacen desayunos especiales que no nos esperamos. A veces nos meten un bizcochito por el medio”, contó Alba.
Después llega la hora de asearse. Los chicos se lavan los dientes y dejan el baño, según la expresión de la propia Alba, “impoluto”. Mientras ellos terminan de prepararse, María y Ricardo organizan las mochilas. Antes de salir, además, se toman una fotografía para enviársela a su madre.
Las comidas de la abuela y el plato favorito
Después de las actividades llega otro de los momentos centrales de la jornada: el almuerzo.
En la cocina de María aparecen platos variados, desde natillas hasta lentejas. Y Diego tiene una costumbre que su abuela conoce perfectamente: prácticamente todo lo que prepara recibe la máxima calificación.
“Diego toma cualquier cosa que prepare la abuela y le dice: ‘¡Un 10!’”, contó Alba.
Ricardo también tiene su especialidad. “El abuelo también nos hace unos bocadillos ricos”, agregó Diego. Pero existe un plato capaz de generar unanimidad inmediata entre los dos hermanos.
Cuando su abuela pregunta cuál es, ambos responden al mismo tiempo y con entusiasmo: “¡Los macarrones!”.
Piscina, parque y una pasión por las estrellas
Después de comer llega un momento más tranquilo. Los niños juegan, hacen algunos deberes y pasan parte de la tarde junto a su abuelo.
La piscina es uno de los destinos habituales y, algunas veces, también hay tiempo para acercarse al parque. Pero la actividad más especial llega cuando cae la noche.
Ricardo es aficionado a la astronomía y encontró una manera de transmitirles a los nietos de la pasión deobservar el cielo con su telescopio.
Para Alba, la experiencia resulta especialmente llamativa. Su abuelo aprovecha cualquier oportunidad para mostrarles cosas relacionadas con los fenómenos astronómicos. El entusiasmo fue todavía mayor cuando supo que se aproximaba un eclipse.
“Nos está enseñando todo el rato cosas. Cuando supo que iba a haber un eclipse, se puso como un terremoto. Nos contó todo sobre lo que iba a pasar”, relató Alba. Después de mirar el cielo, llega el momento de irse a dormir. La jornada termina con algún cuento antes de cerrar los ojos.
