Un poeta ruso llamado Osip Mandelshtam decía que “en la poesía, es siempre la guerra”. En el fútbol esto también pasa, una vez cada tanto emerge alguien que se lo toma en serio, que va más allá de los flashes, las redes y las invisibles redes panópticas del marketing que rodea al fútbol moderno. Sobre todo hoy, que son otros tiempos.
Pudimos ver a un Maradona en los 80 torear rivales y amagar con pecho erguido a casi toda una legión inglesa. Pero en el fútbol vertiginoso de hoy, la gambeta es reemplazada por la velocidad vertical y atlética de los nuevos futbolistas, y hay “cooling break” para enfriar el partido. Y para que los sponsors reciban más visualizaciones, los likes y los reels nos mantienen rodeados de apuestas digitales y de propagandas por hora.
Entre todo ese traqueteo audiovisual, Lionel Messi se emerge como un templario. Como en aquel mítico manga japonés, en el que Oliver Atom declaraba al balón como su amigo, él se reafirma en los mismos principios básicos arcaicos: la pelota como amiga, y juega al fútbol con compañeros y amigos. Messi, sin quererlo, nos retrotrae a un fútbol que ya no se juega más: el de un realismo mágico. Pinceladas mágicas, pases que rompen líneas, giros, pausas, cambios de ritmo similares a un baile, arranques explosivos con amagues entrecortados y sonrisas de bronca cuando algo sale mal, y sonrisas de picardía cuando algo sale bien inesperadamente. “El balón es mi amigo”, decía Oliver.
Lionel viene tratando a su mejor amigo como si juntos estuvieran en una última cadencia de bailes. Son los últimos repertorios lúdicos, telúricos, aunque con final abierta y sin final claro. Pero… ¿acaso son los últimos? Nunca se sabe, porque de eso se trata: de la historia del Héroe.
Joseph Campbell describió al “Camino del Héroe” en 3 etapas: Partida, Iniciación y Regreso. Messi partió una vez de nuestro país, embarcándose en una aventura. Siendo adolescente tuvo que desprenderse de su familia, empezó a cumplir con el primer ciclo del “Camino del Héroe”. A esa edad, resulta muy difícil estar alejado de quienes más amas y te aman. Eso fue preparando su vida, trabajado por su deseo más genuino: jugar a la pelota entre los grandes del fútbol mundial. En las siguientes fases se atraviesan zonas de transición, umbrales, en donde el Héroe empieza a forjar su carácter y es puesto a prueba por diversas situaciones extremas.
Messi, Argentina y Austria.Entre claros mentores, guardianes, aliados y enemigos, el Héroe es puesto a prueba una y otra vez, en ese paisaje confuso en donde todo se mezcla y nadie es quien parece ser, hasta que cae en la gran etapa bisagra de la Iniciación, caracterizada por el gran desafío, el advenimiento de un obstáculo que hace tambalear al Héroe al borde del acantilado. Esta etapa estuvo retratada por varios episodios con la selección de esta índole. El Mundial 2014, final perdida contra Alemania, y las Copas Américas perdidas consecutivamente contra Chile en 2015 y 2016, dejándolo en el 2016 con una renuncia puesta en la Selección.
Este tipo de renuncia, en la que el alma de un Héroe parece pender de un hilo, son las instancias prevalentes que terminan definiendo si existirá un siguiente estadio o si el Héroe perecerá en sus intentos. Porque lo siguiente que viene en el “Camino del Héroe” es un proceso profundo de transformación que lo lleva a una redención inédita sin precedente, en la que magnifica su poder. Y el superpoder de Messi es lo que lo hace tan singular: y se trata del poder del deseo. El deseo contagia, como dicen los psicoanalistas, porque es el deseo del otro. El hilo conductor invisible del Héroe es su profundo deseo. Si lo mantiene encendido, es su antorcha en la oscuridad.
Argentina vs Austria Un hermano de la vida y psicoanalista me confesaba que lo fascinó el segundo gol de Lionel ante Austria, porque se pone de manifiesto un poema extremo: la desmesura del deseo intentando por todos sus medios mantenerse vigente. Como si tuviera 20 años, ese pique corto, hasta el deslizamiento en la que la empuja, habla sobre las ganas incandescentes de meter ese gol. Como si fuera su primer gol. Contorsionista, malabarista, saltimbanqui de la pelota: esquivando enemigos por conocer y desafiando villanos conocidos. La tercera y última etapa del inevitable camino, lo lleva al Héroe a un regresar, a una vuelta a sus orígenes. Se trata de las batallas finales.
Pero Lionel pareciera eludir esta vuelta, y este regresar se transforma en un eterno retorno al camino, al deseo y al poema del fútbol que arma sólo él, con mezcla de magia, pinceladas de realismo y de ensueño, a tal punto que se confunde con una guerra personal, íntima, intrínseca.
Así que, en la poesía y en el fútbol de Messi, siempre es la guerra: la lucha por ese deseo casi febril, infantil y sagrado. Que lo vuelve cada día lo que es, fue y será.
Sergio Rienzi / rienzisergio@hotmail.com
EL COMENTARIO DEL EDITOR
Un sueño, la pasión y el deseo
El fútbol es un espectáculo, no hay dudas, y en ese contexto la figura de Lionel Messi lo magnifica. El texto de Sergio Rienzi se apoya en esa idea y la compara con el “Camino del héroe”, de Joseph Campbell, y allí encuentra el por qué de la trayectoria del astro del fútbol trasciende los límites de ese deporte.
Habla de la temprana llegada a Barcelona, las frustraciones con la Selección y la consagración que terminó saldando una deuda emocional con millones de argentinos. Pero el ensayo del lector también manifiesta en Messi un rasgo contundente: la persistencia del deseo. Esa voluntad de seguir jugando con la misma pasión que cuando era chico aparece como el verdadero motor de una carrera extraordinaria. El autor invita a pensar que no son los títulos futbolísticos los que explican el “fenómeno Messi”, sino su fidelidad a una vocación intacta que se extiende a pesar de los años, a pesar de las derrotas.
Punto a aparte, hay una sensación en este Mundial que se coló no sé cómo ni cuándo y nos recorre la piel, la de estar como espectadores de una despedida. Cada partido de Messi parece formar parte de un capítulo final que vuelve a reescribirse. Tal vez por eso sigue despertando esa admiración más allá de los colores de la camiseta. Porque representa algo que excede al deporte: la persistencia de un sueño. Messi aparece como la prueba de que aún existen historias capaces de sostenerse en el tiempo gracias a una combinación que sólo él combina con excelencia: esfuerzo y pasión.
Y Rienzi habla del hilo conductor invisible del Héroe, que es su profundo deseo: “Si lo mantiene encendido, es su antorcha en la oscuridad”. Es, también, ¡el deseo de todos!















