“¿Quieren saber cómo va a crecer la economía?”, preguntó Javier Milei en la Fundación Libertad, frente a una tribuna de empresarios y políticos ansiosa por escucharlo y aplaudirlo. El Presidente hizo una pausa dramática entre la pregunta y la respuesta para terminar de hipnotizar al auditorio y vaticinó: “La economía va a subir como pedo de buzo”. A los aplausos se plegaron carcajadas: a algunos les causó gracia el tono escatológico de la metáfora.

Eran los albores de la administración libertaria. El estilo Milei sorprendía, y a la vez cautivaba a buena parte del empresariado. El primer mandatario mantenía niveles muy altos de popularidad, incluso por encima del 55% que había sacado en el balotaje, y todavía se presentaba en esos ámbitos amables, más allá de su cargo, como un experto en crecimiento con y sin dinero. Pero pasaron dos años y tres meses de aquella predicción. Los que lo aplaudían ingresaron en un ciclo de ambivalencias.

Es cierto, el Gobierno acumula una serie de indicadores favorables en términos macroeconómicos que generan tranquilidad en el establishment y, al menos, una mínima cuota de previsibilidad entre los sectores más desprotegidos que hasta diciembre de 2023 no sabían cuánto iba a costar el kilo de pan al otro día. Pero la actividad no despega y el dato escala entre las preocupaciones de quienes ya diseñan la campaña por la reelección.

El Indec difundió el miércoles que en mayo se produjo una caída de la economía del 0,5% y desnuda un crecimiento imperceptible: apenas 0,2% con respecto al año pasado. El consumo masivo representa otro mazazo. Suma siete meses de caídas: en junio bajó 2,5% y la cifra interanual desciende al 2,7%, lo que marca un retroceso de 2,9% en el primer semestre, según un informe de la consultora Scentia.

Los sueldos dan muestras de agotamiento. Más de 10 millones de personas ganan menos de 1.500.000 pesos por mes y no llegan a cubrir la canasta básica. Frente a este panorama resulta lógico que crezca, como crece, el endeudamiento. Los últimos datos marcan caídas históricas. Un informe del Centro de Economía y Política Argentina (CEPA) reveló que en mayo de este año la morosidad de las familias con bancos y billeteras virtuales alcanzó niveles peores que los de la crisis del 2001 y la pandemia del Covid-19.

En la Casa Rosada admiten que este último punto es un tema de difícil resolución. El relato de un futuro mejor que impulsa el oficialismo sucumbe cuando la gente dice frente a los encuestadores que se endeuda para comer o, quizá peor, que toma nuevas deudas para cancelar préstamos que los tiene entre la espada y la pared. Un círculo vicioso letal.

La economía, supuestamente el fuerte del león libertario, podría volverse un búmeran en la campaña, que podría iniciarse post Mundial. Han comenzado a escucharse algunas críticas que hasta hace unos meses eran impensadas hacia Luis Caputo, que se agudizaron esta semana después de que José Luis Daza, su vice, declaró que ya se ven los brotes verdes del modelo. “Tenemos que parar con las promesas”, dicen en el ala política del Ejecutivo.

Si algo le faltaba al Ministerio de Economía era la aparición en un streaming del vocero presidencial, Adrián Ravier, quien adelantó que el dólar podría irse a 1.700 o 1.800 pesos en los próximos meses. Justo en el momento en el que Caputo trabaja para que los argentinos saquen los ahorros del colchón y ayuden a impulsar la actividad.

Ravier lleva menos de un mes en el cargo y ya hay quienes hablan de una posible salida. Milei seguramente desmienta estas versiones. Fue él, de modo inconsulto, quien lo designó en su puesto. La palabra del portavoz ha perdido valor en tiempo récord. Asumió con la premisa de ordenar la vocería después de los escándalos que le impedían a Adorni dar la cara y ya tuvo que ser desmentido por quienes, se supone, deberían ser sus subordinados. La Oficina de Respuesta Oficial, por ejemplo, en el contrapunto con Messi.

Las miradas que recaen sobre el Ministerio de Economía se disimulan por la baja de la inflación, el auténtico logro del oficialismo, que heredó índices por encima del 200% del tridente Fernández-Cristina-Massa y con augurios de que podía desatarse una hiperinflación. No solo no pasó. La Argentina podría cerrar 2026 con un índice de subas apenas por encima del 30% y con una tendencia a la baja.

Esa tensión entre lo conseguido y la deuda libertaria se palpa también entre los analistas. “Esto iba a suceder, inevitablemente. Que se discuta la micro y no la macro revela un primer éxito del Gobierno. Cumplió con una parte del mandato que recibió de las urnas, que consistía en ordenar el plano económico y bajar la inflación. Pero mucha gente, esa gente que yo llamo los ‘sí, pero, los siperistas’, se preguntan: ¿y con esto qué?”, dice el consultor político Pablo Knopoff, fundador de Isonomía Consultores.

Federico Aurelio, presidente de Aresco, también bucea sobre la paciencia social y los tiempos. “No hay nada novedoso en los últimos meses desde lo económico, lo cual no es positivo. La valoración que vemos nosotros del Gobierno sigue siendo negativa, establemente negativa. Milei no cae más, pero no se recupera. Habrá que ver cuánto es el tiempo de espera de esa parte de los argentinos que lo apoya, que no les está yendo bien, y que supedita su acompañamiento a que la situación mejore. Hay que ver si lo sigue respaldando hasta el final o si dejan de hacerlo”.

¿Y si la economía no pesara tanto en 2027? El historiador Rosendo Fraga reflexiona: “Hasta hace pocos años regía una regla: ‘la gente vota con el bolsillo’. Era el dato fundamental. Esto ha ido cambiando. Tomemos Estados Unidos: se ha disputado más por valores políticos, culturales y sociales que por la economía. En Europa pasa un poco lo mismo: miremos la tendencia en Francia o Alemania. Y en América Latina, igual: la economía no ha sido tan central en el debate. Gana espacio la seguridad y la pobreza”.

La oposición sigue tan desarticulada como después de las elecciones. En algunos casos, peor: el cristinismo parece haber tomado un camino diferenciado y sin retorno del de Axel Kicillof, y viceversa. El gobernador alienta a su tropa a prepararse para las PASO, si es que se mantienen, porque el Gobierno no pierde el optimismo de, al menos, suspenderlas el año próximo.

Máximo Kirchner volvió a caer en el desvarío en los últimos días, cuando -en público y en privado- mencionó a Cristina como candidata, como si desconociera que la condena judicial se lo prohíbe. Los esfuerzos de Massa por mantener la unidad naufragan.

Los ocho gobernadores del PJ y otras dos provincias aliadas del kirchnerismo, mantienen distancia de aquel pleito. Especulan. Cuidan su distrito. Más de uno fantasea con la aparición de un outsider que termine con las internas o que pueda ser una alternativa a Kicillof. Esas elucubraciones van desde el pastor Daniel Gebel hasta el empresario Jorge Brito. Aunque por ahora ninguno se deja ver demasiado y trabaja en las sombras.

Emilio Monzó, el peronista que fue el armador del PRO en 2015 -y que luego se amplió a Juntos por el Cambio- le aconsejó a Brito, para quien ya trabaja abiertamente, que aproveche los próximos 120 días para instalarse. Brito tiene ganas de lanzarse desde que edificó su candidatura a la presidencia de River. Soñaba con convertirse en Mauricio Macri. Pero los resultados en River no lo acompañaron como esperaba. Pudo dejar a su sucesor, Stéfano Di Carlo, que hasta hoy solo cosechó críticas.

“Hay que trabajar por la previsibilidad, no podemos ir de una punta a la otra”, le dice Brito al Círculo Rojo. El empresario hizo un pequeño milagro. Logró la reconciliación entre Monzó y Jaime Durán Barba, que venían enfrentados desde antes de la salida de Macri del poder. Brito charló largamente con el estratega ecuatoriano. Es posible que se vean pronto en Buenos Aires, cuando Durán Barba venga a presentar su nuevo libro, ¿Qué diablos nos pasó?

Brito coquetea con participar de la interna del PJ. Durán Barba le dijo que era lo peor que podía hacer. Monzó, para sorpresa de sus amigos peronistas, le aconsejó lo mismo. En estos tiempos -le dicen- ser nuevo y sin ataduras partidarias puede convertirse en una suerte de tesoro.



Source link

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *