Este martes, un rato antes de que la Selección salga a la cancha contra Egipto, Diego Lagomarsino tuitea: “Bien vestido, afeitado, impecable. Con su alegría de siempre. Hay una relación alumno-instructor muy íntima, pero ninguno de los que volaron, ni de los que lo vimos, pudimos detectar que él iba a tomar la decisión de arrojarse de la aeronave. Evidentemente, había algo”.
Es un párrafo que cita al director de la escuela de vuelo de Córdoba donde el instructor Leandro Bertazzo sale a volar con una alumna y luego, desde el aire, salta al vacío. La justicia investiga el caso como un suicidio.
Sigue Lagomarsino: “No siempre es como se cree, que si se ve bien no se puede suicidar y si se ve mal sí. Es mucho más complejo y aplica a otras causas. Y siempre duele”.
Lagomarsino no lo menciona pero habla de Nisman, el fiscal que fue su jefe y cuya muerte la justicia investiga como un asesinato.
Lagomarsino está procesado como partícipe necesario del crimen porque el arma asesina era suya.
¿Por qué la muerte de Nisman no se cerró como un suicidio, a pesar de que esa hipótesis era el objetivo principal de la investigación y de que el gobierno de Cristina Kirchner -que siguió en el poder 11 meses tras la muerte de Nisman- puso toda la fuerza del Estado para sostenerla?
Por una serie completa de pericias objetivas, directas e indirectas: falta de huellas en la pistola, manos sin pólvora, salpicaduras de sangre que contradicen la posibilidad del suicidio y un arma bajo el hombro izquierdo del cuerpo del fiscal, cuando si se mató como sostiene Lagomarsino debió estar a la derecha del cadáver.
No hubo pruebas de que Nisman disparara el arma que estaba en el baño debajo de su cuerpo.
“Lamentablemente”, dijo la fiscal Fein.
Lo demás es muy sencillo: si no se disparó él, le dispararon. Y eso es todo.
¿Y cómo pudieron salir los asesinos, si desde el primer día nos dijeron que la puerta estaba cerrada del lado de adentro? Porque la llave de la puerta de servicio estaba puesta pero sin girar.
Aunque tenía la llave, esa puerta no estaba cerrada desde adentro.
Cualquiera pudo salir del departamento por allí o por la puerta de los aires acondicionados que comunicaba con el departamento de al lado. Cuando fue la fiscal Fein con 88 personas a la escena del crimen, ni siquiera la detectaron.
La pericia de Gendarmería (27 peritos especializados en lugar de los 4 policías de la Federal que habían dicho lo contrario) determinó luego que Nisman fue asesinado.
El suicidio de Nisman no fue descartado porque nadie lo haya visto deprimido ni con señales de angustia. Fue descartado porque en la escena del crimen no hubo ni una prueba concreta de autodisparo.
Además de abonar el suicidio del fiscal, ahora Lagomarsino también cuestiona a Nisman por cómo hacía su trabajo: “Es difícil pero algún día alguien va a responder: enumere avances de Nisman en la investigación del atentado a la AMIA. Gracias, de a uno por favor”, tuiteó hace dos meses, para criticar la labor del fiscal baleado hace 11 años con su pistola.
La investigación por la muerte de Nisman sigue abierta pero, se halle o no a los culpables, los hechos son los hechos.
Por un lado, un aviador que parece comportarse normalmente y salta al vacío.
Por el otro, un fiscal con una bala en la cabeza cuatro días después de denunciar a la Presidenta, mientras sus custodios lo dejan solo 15 horas, 89 agentes de la SIDE trabajan para sus jefes peleados entre sí, el teléfono de Nisman aparece con mensajes borrados y un incendio en la Casa Rosada destruye todos los registros de visitas a Cristina Kirchner y sus ministros durante el período en que se negociaba el Pacto con Irán.
Justo lo que Nisman acababa de denunciar.
