Cerrar la puerta con llave parece una acción demasiado sencilla como para olvidarla. Sin embargo, minutos después puede aparecer una duda: “¿La cerré realmente?”.

Entonces muchas personas vuelven hasta la puerta, comprueban la cerradura y recién ahí sienten que pueden continuar tranquilas.

La explicación no necesariamente está en la ansiedad. La memoria de las acciones cotidianas puede ser especialmente difícil de recuperar cuando se realizan casi sin prestar atención.

Por eso, una segunda comprobación puede funcionar como una manera de crear una experiencia más concreta y fácil de recordar.

Muchas acciones cotidianas funcionan en segundo plano. El cerebro automatiza los comportamientos que repetimos con frecuencia, un proceso que los psicólogos denominan automaticidad, según explica Stan Goldberg, doctor y profesor emérito de la Universidad Estatal de San Francisco, en un artículo de Psychology Today.

Gracias a este mecanismo, no necesitamos dedicar toda nuestra atención a cada movimiento de una actividad conocida, como cerrar una puerta con llave, apagar una luz o guardar las llaves.

Cómo funciona esta conducta:

Dudar de haber cerrado la puerta no significa necesariamente tener mala memoria ni permite concluir, por sí solo, que exista ansiedad. Las acciones rutinarias pueden quedar registradas con menos detalles precisamente porque el cerebro está acostumbrado a realizarlas sin esfuerzo consciente.

Por eso, una segunda comprobación puede funcionar como una forma de crear un recuerdo más claro de la acción. El problema aparece cuando comprobar deja de ser una confirmación ocasional y se transforma en un ciclo que nunca consigue producir suficiente seguridad.



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