La psicología dice que las personas nacidas entre 1945 y 1965 tienen la ventaja de experimentar menos emociones negativas en la vida diaria y regular mejor ciertos estados de ánimo

La investigación sobre envejecimiento no muestra que quienes nacieron entre 1945 y 1965 sean invencibles ni superiores en todo. Lo que sí encuentra, de manera consistente, es que los adultos mayores suelen experimentar menos emociones negativas en la vida diaria, regulan mejor ciertos estados emocionales y tienden a priorizar vínculos y metas con más claridad…

La psicología dice que las personas nacidas entre 1945 y 1965 tienen la ventaja de experimentar menos emociones negativas en la vida diaria y regular mejor ciertos estados de ánimo

La investigación sobre envejecimiento no muestra que quienes nacieron entre 1945 y 1965 sean invencibles ni superiores en todo.

Lo que sí encuentra, de manera consistente, es que los adultos mayores suelen experimentar menos emociones negativas en la vida diaria, regulan mejor ciertos estados emocionales y tienden a priorizar vínculos y metas con más claridad que los jóvenes. Ese patrón está muy asociado a la teoría de la selectividad socioemocional desarrollada por Laura Carstensen y otros investigadores.

La idea central de esa teoría es que, a medida que las personas perciben el tiempo como más limitado, cambian sus prioridades. En lugar de perseguir tanta novedad o expansión social, suelen enfocarse más en objetivos emocionalmente significativos: vínculos valiosos, experiencias satisfactorias, reducción de conflictos innecesarios.

Eso ayuda a explicar por qué muchos adultos mayores muestran mejor bienestar emocional que grupos más jóvenes, incluso en contextos donde la salud o los recursos no son ideales. No es magia generacional: es una reorganización psicológica de metas y atención.

Esto no en una ventaja exclusiva de quienes nacieron entre 1945 y 1965 sería exagerado. Los llamados baby boomers atraviesan esa etapa con rasgos históricos propios, sí, pero buena parte del beneficio emocional observado parece estar ligado al envejecimiento mismo más que a una generación irrepetible.

Un artículo de revisión sobre envejecimiento social y emocional resume justamente que, en términos emocionales, las personas mayores suelen mostrar menos afecto negativo y más estabilidad relativa que los jóvenes.

Lo interesante es que, en el caso de las cohortes nacidas entre 1945 y 1965, esta ventaja emocional convive con una experiencia histórica singular: crecieron en décadas de expansión económica en muchos países, atravesaron transformaciones culturales intensas y ahora envejecen en sociedades que todavía discuten qué significa ser “viejo”.

Eso puede haber reforzado cierta sensación de autonomía, adaptación y capacidad de redefinirse. Pero la psicología sería más prudente, hablaría de una fortaleza emocional frecuente en la adultez tardía, no de una superioridad sin precedentes.



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