Seguramente nadie lo entronizará como el más brillante de los 43 campeones mundiales que consagró el boxeo argentino. Difícilmente alguien lo ubique a la altura de Carlos Monzón, Pascual Pérez o Nicolino Locche. Sin embargo, Jorge Fernando Castro, quien falleció el miércoles a los 59 años, fue uno de los púgiles más magnéticos que el país conoció en el último medio siglo. Y además fue el protagonista de una victoria cuya cota de heroicidad solo es comparable a la que logró Víctor Emilio Galíndez ante Richie Kates en Johannesburgo, en 1976.
Todo ello lo edificó desde el sur de la patria, desde donde muchas veces resulta especialmente difícil llegar hasta donde atiende Dios. Nacido el 18 de agosto de 1967 en Caleta Olivia, Castro hizo gran parte de sus 128 peleas como aficionado y 18 de sus 19 primeros combates como profesional en territorio patagónico. Recién en mayo de 1988, cuando su nombre ya empezaba a resonar en los oídos de los seguidores del deporte, debutó en Buenos Aires con una victoria por nocaut en el sexto asalto frente al porteño Carlos Velázquez, en el estadio de la Federación Argentina de Box.
En tiempos en que los púgiles subían al cuadrilátero muchísimo más seguido que ahora, Locomotora se convirtió pronto en el peleador más convocante del país. Esa popularidad fue la que, en diciembre de 1989, permitió que el Luna Park reabriera sus puertas al boxeo tras más de dos años, antes de cerrarlas nuevamente por casi 13 años más. El paréntesis se hizo para que el santacruceño, que entonces acumulaba 43 combates rentados en menos de tres años, era el campeón argentino superwélter y estaba rankeado 11° en el escalafón del Consejo Mundial de Boxeo, se midiera con el salteño Miguel Ángel Arroyo.
Esa noche, el Luna Park se llenó (entre los asistentes estuvo el entonces presidente Carlos Saúl Menem). Muchos pagaron la entrada para ver un nocaut de Castro; otros tantos, para verlo morder el polvo. “Seguramente tendré a mucho público en contra. Al comienzo, la mayoría se inclina por el más débil y, en este caso, el más débil es Arroyo. Después de que le gane, todo va a ser distinto, el público sabrá reconocer quién es el mejor”, había advertido el patagónico en la antesala del combate. Y así fue: se impuso por nocaut técnico en el noveno asalto y se fue ovacionado. Dieciséis meses después, en la revancha, esta vez en Salta y ante 7.500 espectadores, necesitó menos de un round para despachar nuevamente al Puma.
Su explosividad y su carisma le permitieron seguir escalando, aun a pesar de su sempiterna falta de apego al trabajo en el gimnasio. En diciembre de 1991 tuvo en París su primera oportunidad mundialista ante un sólido campeón, el estadounidense Terry Norris, por el cetro superwélter del CMB. El norteamericano no le dio chances y lo venció holgadamente por puntos. “Eso de que sirve estar tres o cuatro meses concentrado es una mentira”, aseguró tras aquella derrota, y sostuvo que a él le bastaba con “10 o 15 días de entrenamiento antes de una pelea”.
Jorge Castro consiguió el título mediano de la AMB al derrotar a Reggie Johnson en San Miguel de Tucumán.Casi tres años de labor intensiva le demando conseguir una nueva oportunidad, aunque esta vez no la desaprovechó: en su 100ª pelea profesional, batió por puntos y en decisión dividida al texano Reggie Johnson en San Miguel de Tucumán y se apoderó del cinturón mediano de la Asociación Mundial de Boxeo, que estaba vacante. Después de una primera defensa sin gran exigencia ante Alex Ramos, Castro se embarcó en la contienda que lo convertiría, a un alto precio, en leyenda.
La épica victoria ante John David Jackson en el Estadio de Béisbol de Monterrey forma parte de la historia del boxeo nacional desde aquel 10 de diciembre de 1994. Fueron ocho asaltos de tunda inmisericorde del invicto zurdo estadounidense, quien había sido despojado de la corona por la AMB por negarse a enfrentar a Locomotora el año anterior y pretendía recuperar lo que consideraba suyo. Y un avemaría del argentino en el noveno episodio que le permitió apuntarse un nocaut inolvidable.
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El santacruceño se impuso por nocaut técnico en el noveno round en Monterrey.
En un tiempo en que Argentina se permitía tener varios representantes peleando por (e incluso ganando) títulos mundiales como Juan Martín Coggi, Julio César Vásquez, Marcelo Domínguez o Carlos Gabriel Salazar, Castro seguía siendo la figurita más buscada, al punto que más de una vez se sentó en el living de Susana Giménez en los años de apogeo televisivo de la diva. Pero el triunfo ante Jackson, que lo llevó a la cumbre del reconocimiento, marcó un parteaguas en la carrera del santacruceño.
Casi seis meses necesitó para volver a un cuadrilátero, pero ya nada fue igual. Después de dos defensas ajustadas y no exentas de una dosis de angustia (frente al guyanés Anthony Andrews y nuevamente contra Reggie Johnson), perdió el título al caer por puntos, luego de ser derribado en el tercer asalto, ante Shinji Takehara, el primer japonés campeón de la categoría mediano, en el Korakuen Hall de Tokio el 19 de diciembre de 1995.
Pese a que entonces tenía apenas 28 años, las más de 100 peleas sobre el lomo y su falta de disciplina no le hicieron sencilla la chance de volver a la elite. Si bien tuvo dos oportunidades mundialistas más, fueron en la categoría crucero (pese a que su físico era el de un wélter) y en ambas fue derrotado con facilidad: por el cubano Juan Carlos Gómez en diciembre de 2000 y por el kazajo Vassiliy Jirov en febrero de 2002. Antes de ello, se había dado el gusto de compartir cuadrilátero dos veces con Roberto Durán en enfrentamientos que tuvieron más de exhibiciones que de pleitos competitivos y en los que se repartieron victorias en Mar del Plata y en Panamá.
Jorge Castro se midió dos veces con el panameño Roberto Durán.El 18 de junio de 2005, el excampeón sufrió un impresionante accidente vial en Puerto Madero: su Renault Laguna se estrelló contra un árbol a la altura de la Costanera Sur. Por ello permaneció 27 días en coma en el Hospital Argerich. “Me tragué un árbol y después no supe más nada. El doctor me dijo: ‘Te salvaste porque estabas acostumbrado a los golpes’”, contó tiempo después.
Ese accidente pareció marcar el final de la carrera del patagónico. Sin embargo, el 22 de abril de 2006, 308 días después del choque, volvió a combatir: fue noqueado por el colombiano José Luis Herrera en el Luna Park. Unas horas después, anunció su retiro. “Hasta acá llegó lo mío. Ayer quería ver cómo estaba y me di cuenta de que no puedo seguir”, justificó.
Jorge Castro hizo su última pelea profesional en Mar del Plata ante el colombiano José Luis Herrera. Foto: Fabián Gastiarena,Sin embargo, nueve meses después se regaló un último ascenso al cuadrilátero para desquitarse, derribar cuatro veces a Herrera y batirlo en el segundo asalto en el Patinódromo de Mar del Plata en una cartelera que había sido presentada como La Revancha Final. Tras ello, colgó definitivamente los guantes. Lo hizo con un récord de 130 victorias (90 antes del límite), 11 derrotas y 3 empates.
Por entonces, Castro ya trabajaba en la Secretaría de Deporte de la Nación. Había sido designado en el comienzo de la gestión de Néstor Kirchner y allí permaneció hasta la asunción de Mauricio Macri en diciembre de 2015. El exboxeador siempre hizo pública su afinidad ideológica con el peronismo e incluso fue concejal en Caleta Olivia durante la década de 1990.
Jorge Castro junto al entonces presidente Néstor Kirchner en la Casa de Gobierno en 2006. Foto: Presidencia de la Nación.En sus últimos años, Locomotora se abocó a brindar asistencia alimentaria a familias de la zona sur del Conurbano bonaerense, donde estaba radicado. El proyecto comenzó en 2020, durante la pandemia de covid-19, cuando convirtió su gimnasio en una cocina popular, y fue creciendo con los años y al calor de las necesidades. En mayo pasado, Castro contó que estaba coordinando una red de 23 espacios comunitarios, entre comedores y merenderos, que asistía a más de 6000 personas. “Yo sé lo que es tener hambre y no tener nada dentro del estómago. Es durísimo. Yo lo pasé de chico y no me gusta ver niños pasando por lo que yo he pasado”, afirmó entonces.
En estos últimos meses, el excampeón repartía sus horas entre esas actividades, que cada vez le insumían más tiempo, y su participación junto a Jonathan Di Primio, exdefensor de la Familia y las Personas con Discapacidad de la provincia de Buenos Aires, en el podcast “El Roña y Jony sin filtro”, que había comenzado a realizar en mayo de 2025.
