El Gobierno trabajó bastante en los últimos meses para evitar que la llegada del Papa a la Argentina se convierta en un acontecimiento político. Los funcionarios encargados de hablar con la Iglesia dijeron una y otra vez que tenían asegurado que la visita tendrá un carácter pastoral y religioso y resaltaron que León XIV no tiene el perfil político que tuvo el Papa argentino, que lo llevó a incidir en la política local con mayor y menor suerte.

Será difícil que Javier Milei consiga ese milagro. En algunos despachos muy importantes de la administración libertaria descartan por completo esa posibilidad e incluso mencionan dos puntos de la agenda papal que desencadenarán forzozamente lecturas políticas desfavorables para el Presidente. “El encuentro en la UCA con la CGT y la visita del Papa al Cotolengo Don Orione serán dos situaciones que no nos dejarán bien parados”, admitió un funcionario que habla con cierta frecuencia con Javier Milei.

Hay dos cuestiones que hacen muy difícil que ese funcionario se equivoque con su pronóstico pesimista.

Una es la situación de la economía local. Las cifras oficiales mostraron este jueves que la pobreza dio un salto hasta llegar al 32,3% por el rebrote de la inflación en el primer semestre y, si bien el Gobierno sostiene que esa curva volverá a torcerse hacia abajo en lo que falta del año, el Papa llegará a principios de noviembre, con ese número oficial en su registro. También conviene recordar que la Iglesia es la institución argentina que percibe con mayor velocidad los momentos en los que se deteriora la situación social.

El otro dato oficial que se conoció en las últimas horas es la contracción de la actividad económica. La economía se contrajo un 2,9% según la medición de julio.

No hay manera de que esas dos cuestiones queden fuera de la conversación entre el Papa y los sindicalistas en la UCA.

Cuando el Papa llegue a la obra de Don Orione en Claypole, una de las zonas más castigadas del conurbano bonaerense, ni siquiera será necesario que se pronuncie la palabra pobreza. Mientras León XIV recorra ese lugar, será imposible no recordar que el Gobierno lleva meses buscando uno y mil atajos para recortar el dinero que dedica el Estado nacional al tratamiento de las personas con discapacidad y que sólo la presión política interna obligó a los libertarios a armar de apuro un proyecto de ley que le permitirá al oficialismo escapar del embrollo en que lo puso el proyecto de Presupuesto 2027, que incluía un nuevo recorte de los fondos de asistencia.

Es cierto que entre los millones de fieles que asistan a los encuentros con el Papa habrá muchas personas que votaron a Milei y que están dispuestos a repetir esa opción el año que viene. También es posible poner en duda la influencia que puede tener en las elecciones presidenciales la visita de un líder religioso que eligió la fecha de su llegada para alejarla lo máximo posible de los períodos electorales. Sin embargo, el Papa, cabeza de una Iglesia que hoy prefiere reforzar su mensaje igualitario y llama a luchar contra la pobreza y otros tipos de exclusión social, quedará atado de múltiples maneras a mensajes que tendrán lectura política obligada. El Gobierno tendrá que decidir si asiste a esas situaciones con humildad y mansedumbre o si el Presidente reflota la vena confrontativa con el Vaticano.



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