Dormir durante las noches más calurosas del verano puede convertirse en todo un reto. El cuerpo necesita reducir ligeramente su temperatura para facilitar el sueño, algo más difícil cuando las mínimas se mantienen elevadas durante buena parte de la noche. A esto se suman los cambios de horarios, las cenas más tardías y una mayor exposición a la luz que pueden terminar alterando nuestro descanso.

Ante estas dificultades, la melatonina se ha convertido en un recurso habitual para intentar dormir mejor. Cada vez más se nos permite encontrarla fácilmente, pero esa accesibilidad no significa que debamos tomarla cada noche sin saber exactamente qué estamos haciendo.

El profesor de Enfermería de UNIE Universidad Jesús Fernández Felipe señala como algo perjudicial su uso cotidiano. La melatonina, recuerda, “no debería convertirse en una rutina indefinida sin conocer la causa del problema del sueño”, especialmente cuando llevamos semanas recurriendo a ella.

La explicación está en la propia función de esta hormona. Nuestro organismo produce melatonina principalmente cuando disminuye la luz ambiental y la utiliza como una de las señales que permiten sincronizar el reloj biológico con la llegada de la noche.

Esto explica por qué tomar una gominola simplemente cuando nos metemos en la cama no es la mejor estrategia. Con la melatonina importa cuánto tomamos, pero también cuándo lo hacemos, y las necesidades tampoco tienen por qué ser iguales en todas las personas.

Una investigación publicada en The Journal of Clinical Pharmacology muestra perfectamente por qué no podemos reducir la cuestión a decir que la melatonina “funciona” o “no funciona”. Solo un 8,8% de las personas cumplía los siete criterios metodológicos de rigor establecidos por los investigadores para consumir melatonina.

Además, los efectos adversos que aparecieron con mayor frecuencia en las investigaciones fueron dolor de cabeza, molestias gastrointestinales y mareos, generalmente considerados leves.

La melatonina puede ser útil, pero eso no significa que tomar una cantidad mayor vaya a hacernos dormir proporcionalmente mejor.

Fernández explica que podemos acabar asociando psicológicamente el momento de dormir con la necesidad de tomar un producto. Es decir, nuestro cerebro puede acabar pensando que somos incapaces de conciliar el sueño sin esa ayuda.

Lo importante es descubrir qué está provocando realmente el problema de sueño. Estrés, ansiedad, horarios cambiantes, exposición nocturna a la luz o determinados trastornos pueden estar detrás de unas dificultades que una gominola no va a solucionar por sí sola.

Además, cuando el problema se mantiene durante meses, los expertos no recetan el consumo de melatonina como algo primordial. De hecho, ir a terapia continúa siendo el tratamiento principal para el insomnio crónico, mientras que el uso de melatonina depende del tipo de problema, la edad, la formulación y las circunstancias de cada paciente.



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