Ignacio Agustín Torres se convirtió en el gobernador más joven del país en diciembre de 2023, a los 35 años. Ya tiene 38, casi tres al frente de la gestión en Chubut, algunas canas más que en aquel primer momento, y un hijo, Victorio, nacido en 2025.
Surgido del PRO, llegó al poder provincial como referente de Juntos por el Cambio, y hoy se consolida como un gobernador con buen diálogo con el Gobierno nacional, que sintoniza bien con el armado de Provincias Unidas y que quiere ir por otro mandato.
De la posible suspensión de las PASO, de la presidencia de Javier Milei y de cómo se rearma el peronismo habla en el décimo capítulo de Cara a Cara, el ciclo audiovisual de entrevistas que se publica de manera semanal en Youtube y la web de Clarín.
-¿Recibís como un elogio o con molestia que constantemente se recuerde tu juventud como gobernador?
-Es meritorio en política haber llegado a ser gobernador. Más allá de que estos tres años me golpearon bastante. No estoy tan joven como cuando asumí. Hay una aversión en la política a la juventud. Yo lo vi clarísimo en el Senado, antes de ser gobernador. Era senador, pero cuando entraba por la puerta principal me decían, “che, pibe, por el otro lado”. Pensaban que era asesor, porque tenía 33 años. Hay una necesidad de demostrar mucho más que el resto por la juventud, pero hoy creo que está cambiando eso.
-¿Te pasa menos desde que sos gobernador?
-En mi provincia es muy diferente a lo que pasa a nivel nacional. Me llama más la atención acá en Buenos Aires que en Chubut, donde la gente me conoce desde hace mucho tiempo. Una de las premisas de mi campaña fue la necesidad de renovar la dirigencia en mi provincia. Venían enquistados los mismos hacía mucho tiempo. Hoy tenemos un gabinete y una legislatura joven. Esto no quiere decir que hay que tirar un dirigente de 60 por la ventana y cambiarlo por dos de 30. Pero creo que es interesante escuchar a los jóvenes.
-¿Cómo fue cambiando en este tiempo tu relación con el presidente Javier Milei?
-La relación siempre fue coherente en algo que es central y por lo que duermo tranquilo todos los días: para mí lo que son innegociables son los intereses de la provincia de Chubut. Me ha tocado enfrentarme muy fuerte, apenas asumí, defendiéndolos. Y me ha tocado también acompañar cosas que han sido muy buenas para mi provincia, como la eliminación del artículo en la Ley Bases que terminó con el barril criollo, un acto de justicia enorme para las provincias productoras de de hidrocarburos. Esa coherencia hizo que la relación sea legítima. Yo entro a la Rosada y saben que ideológicamente hay muchísimas cosas en las que coincidimos, discusiones preideológicas como el equilibrio fiscal, y otras en las que nos diferenciamos.
-¿En cuáles hay diferencias?
-No quiero ser técnico en la definición, pero hay una discusión fiscal que para mí hay que dar, que tiene que ver con derechos y obligaciones. Es necesaria una reforma más profunda, no solo un esquema de alivio fiscal, sino de distribución. No hablo de plata, hablo de cuáles son los derechos y las obligaciones de las provincias, y cuáles de Nación. Hay un montón de cuestiones que hacen a infraestructura, a salud y a educación y que todavía, por la matriz fiscal actual, se va relegando a provincias que han generado muchísima riqueza como Chubut y hacen que no siempre se vea reflejado en el metro cuadrado de quienes habitan la provincia.
-¿Sos un gobernador que pertenece al PRO? ¿Te ven así?
-El PRO es muy heterogéneo. Cuando uno analiza cómo nace, en tenés dirigentes que vienen del radicalismo y del peronismo. ¿Por qué creo que que no se me asocia tan nítido al PRO en mi provincia? Porque armamos un frente provincial. Pero a nivel nacional creo que hay una generación de dirigentes que venimos del PRO que queremos aggiornar el partido. Eso implica no coincidir con algunas cuestiones, pero yo no reniego de mi pertenencia, sino todo lo contrario.
-¿Qué destacás del PRO?
-El PRO fue el principio de una una discusión que parecía utópica y no era ni más ni menos que la normalidad. Que los chicos estén en las escuelas y ordenar lo macroeconómico. No tenía tanta épica en ese momento como la que se generó después con Milei.
-¿Eso fue un error? ¿No construir una épica, un relato?
-Es subestimar al electorado pensar que un dirigente construye una épica. Surge más de la sociedad. A veces el dirigente que termina siendo presidente no es el que hace la mejor campaña, sino el que la sociedad necesita en ese momento. Ese cambio cultural aceleró mucho procesos de cambios en la agenda y en la discusión que antes, cuando le tocó gobernar al PRO, eran más difíciles dar, o era más incómodo.
-¿Mauricio Macri tiene una mirada aggiornada del PRO?
-Para mí tiene una mirada que es inédita en la política argentina. Siempre la discusión pasa pura y exclusivamente por la vocación de poder. Por cómo hacemos para llegar al poder. Y hoy la discusión que está dando el presidente del PRO es “ayudemos, demos gobernabilidad y sentemos las las bases para que el país no vuelva al pasado”. Eso es innovador en una política tan mezquina y tan ventajera. Tiene la experiencia de haber sido el primer presidente no peronista en haber finalizado un mandato.
-¿No recibe el PRO un maltrato del Gobierno cuando Milei le recuerda que no pudo hacer todo el ajuste o que en el Congreso le tiraron piedrazos por la reforma previsional?
-Hay algo que respeto de Milei, que no me parece mal. Cuando yo me peleo con alguien, lo hago de frente. Respeto mucho más a alguien que lo dice así. Después se pueden ver los modos y ahí sí hay un montón de cosas en las que no coincido. Pero hay otros dirigentes que son políticamente correctos, que te sonríen, te halagan y cuando te diste vuelta te clavaron diez puñales. Está lleno de eso en la Argentina. La discusión política hay que darla con vehemencia, pero con respeto.
-¿No te diferenciás de las agresiones del Presidente, de los insultos?
-No los comparto de ningún lado. A mí me ha tocado recibir muchos ataques desde el kirchnerismo. Yo creo que como sociedad tenemos que entender que el que grita más fuerte no tiene la razón. Muchas veces hace falta más coraje para discutir, con una mirada racional, incluso con el que no piensa como vos. Vale más que pararte sobre dogmas ideológicos y agredir. A mí el Congreso me da vergüenza. Los enfrentamientos se dan de frente, defendiendo las ideas, pero discutiendo política en serio. En el Congreso hay discusiones inconducentes: se tiran las botellas, se paran, se patotean.
La entrevista de Clarín con Ignacio Torres. Foto: Ariel Grinberg.-Fuiste senador hace tres años, nada más. ¿Cambió eso?
-Está cada vez peor. Yo tuve cruces fuertes con la bancada kirchnerista, pero siempre desde el lugar de discutir el fondo de las cosas. No adjetivando al otro. No diciendo “venís, te la aguantás”,. Eso es infantil y mediocre. Por cosas como estas hoy no imagino a un chico terminando la secundaria y afiliándose a un partido como pasaba hace 20 años. Y eso favorece a la polarización.
-¿Es Milei o Cristina? ¿O hay lugar para otros?
-Milei logró algo sano, que es dejar de discutir el pasado. Yo creo que va a haber tierra fértil para construir consensos de ahora en más, sin hacer tanta referencia en heridas viejas o banderas del pasado que terminan haciendo imposible sentarse a conversar sobre lo que necesita Argentina. Cristina es una de ellas. Sería horrible para mi verme reflejado a los 60 años en esos políticos que ya tuvieron su momento, pero no se quieren ir.
-¿Te vas de la política a los 60 años?
-Yo arranqué bastante antes. No quiero estar toda la vida en política, pero sí quiero demostrar el cambio de paradigma que hicimos en Chubut sobre la forma de ejercer el poder, de gobernar, recuperar la confianza de la gente en la política.
-¿Naturalmente no vas a querer ir creciendo y buscando otro mandato, o en algún momento ser candidato a presidente?
-Una cosa no quita la otra. Es parte de la carrera política y está la ambición de crecer. Pero también hay que saber cuando tenés que darle el paso a las futuras generaciones. A mí no me gustaría hacerles a los más jóvenes lo que me quisieron hacer a mí. Hay una cuestión narcisista en política de “si no soy yo, exploto todo”.
-Volviendo a lo anterior, sobre la polarización. ¿Hay espacio para otra alternativa?
-Hoy ser racional en política, el sentido común, para algunos es sinónimo de tibieza, pero para mí es la base de la construcción de los cimientos que necesita un país. No estoy hablando de la avenida del medio, que demoniza un poco la idea de centro y está gastada, vintage. Estoy hablando de la necesidad de un pacto de la Moncloa argentino para poder salir de una Argentina pendular.
-Pasan los años y seguimos hablando de polarización. ¿A quién le conviene?
-A mí me parece que es un riesgo. Creo que el gran error de Cambiemos justamente fue apostar a la polarización, que los resultados están a la vista. Ojalá discutamos ideas, enamoremos al electorado discutiendo lo importante más allá de los nombres propios. La tentación de de subir al ring al enemigo y que no se discuta otra cosa que blanco o negro está de los dos lados. Es peligroso y sabemos que ya salió mal. Se necesita un espacio que tenga muy claras las banderas del federalismo, republicano, fresco y joven, que discuta esa Argentina federal.
-¿Provincias Unidas fue una mala experiencia?, ¿tiene futuro todavía?
-Provincias Unidas fue un gran desafío y lo asumimos con responsabilidad, sabiendo que se venía una elección muy polarizada. Dimos las discusiones que queríamos dar, no hay que tener miedo de perder una elección.
-Está bueno ganar, a veces, también
-Está buenísimo, es lo mejor. Pero se aprende mucho más perdiendo una elección que ganando todo el tiempo.
La entrevista de Clarín con Ignacio Torres. Foto: Ariel Grinberg.-El PRO quiere que haya PASO…
-Hay distintas posiciones. El activo más importante en política es la coherencia. Imaginate que en mi provincia, en la que el sistema electoral estaba armado para la trampa de los oficialismos, hicimos un código electoral, implementamos la Boleta Única, Ficha Limpia en cargos electivos, y eliminamos las PASO. ¿Cómo podría decir lo contrario a nivel nacional?
-¿Hay que eliminarlas o suspenderlas?
-Eso de “che, esta suspendemos, esta después vemos”, no es una discusión seria; es conveniencia. La Boleta Única fue un avance enorme, por ahí medio subestimado. ¿Por qué no podemos seguir avanzando en ese sentido? Si hay un espacio que no tiene competencia, por ejemplo, ¿para qué gastar semejante cantidad de dinero en las boletas?, ¿para qué figurar en una elección que no competís con nadie?
-¿Al peronismo lo ves competitivo para el año que viene?
-Nunca hay que subestimar al peronismo, es un error.
-¿Creés que va a ir unido a la elección?
-Mirá…, ese poliamor peronista, eso de que están todos peleados…, en algún momento se van a juntar. Es un dejavú constante. Van a terminar discutiendo cargos, que es lo que les importa. No veo razón para que no se junten, siempre fue así.
-¿Cuán importante es el año electoral para Nacho Torres, para la política y para la gente?
-A mí me importa mucho, porque es la oportunidad de reafirmar en mi provincia un cambio muy importante, y también el riesgo de volver al pasado. Entonces es un momento bisagra, donde el poder lo tiene el ciudadano: vale lo mismo el voto del tipo más poderoso de la Argentina que el del más humilde. Lo peor que nos puede pasar como país es resignarnos, la baja participación electoral.
Entre la crianza de su hijo, el defecto de ser “calentón” y el nihilismo de la sociedad
Ignacio Torres, en la redacción de Clarín. Foto: Ariel Grinberg.Torres es papá de Victorio, el hijo de un año y tres meses que tiene con su pareja, Ornella. “Él cambió todo para mi, el pensamiento de la diaria, cada cosa que hago pienso en él, en el futuro y en cómo le van a afectar a él las decisiones que se toman.
Dice que su nacimiento “me ablandó y me sensibilizó” y que más allá de la gestión le dedica mucho tiempo a su crianza. “Hay cosas que son innegociables. Me hace mejor gobernador tener esa conexión con él, llegar, darle un beso antes de que se duerma, que no tenerla”, reflexiona.
El gobernador chubutense tiene una mirada optimista sobre el futuro, pero también advierte un nihilismo político muy importante de los mayores de 40 años, “a los que la Argentina los golpeó tanto que no creen en que puede salir”.
“Lleva tiempo recuperar esa confianza. Yo entiendo a quien dice que son todos los políticos iguales, no me puedo enojar. Pero lo malo son los políticos que hicieron las cosas mal”, dice.
También se define como “muy calentón”, lo que plantea como “un gran defecto. “A mí cuando me decepcionás, ya está”, asegura, y, tajante, cuenta que, a excepción de algunos dirigentes de Chubut, no se tomaría un café con “el 90% de La Cámpora” “Es muy difícil sentarte a dialogar con esa gente”, cierra.
