No tiene tiempo ni para el almuerzo del domingo. Lejos, muy lejos, quedaron los mediodías tranquilos, compartiendo los ravioles en la casa de la abuela. El actor que popularizó al Heavy, el que dice ser rejodido, tiene una agenda cargadísima. Eduardo Calvo, un actor de largo recorrido sobre tablas, en cine y en televisión, a veces también dirige. El 9 de agosto se estrenará Disculpen si comemos, un espectáculo bajo su dirección que se presentará los domingos a las 13 en el Espacio Callejón (Humahuaca 3759). Y los domingos en familia, rallando queso y compartiendo las pastas no serán posibles.

Decir que está lleno de compromisos laborales no es exagerar. Además de los ensayos contra reloj de Disculpen si comemos, tiene otros deberes. Su personaje más conocido, el Heavy, es parte de Bendita TV (Canal 9). Está ensayando La muerte de Marguerite Duras, una obra de Eduardo Pavlovsky, que se estrenará en octubre en el Centro Cultural de la Cooperación; sigue recorriendo escenarios con su unipersonal de humor Crónicas de un jodido alegre -dirigida por Pablo Drigo- y protagoniza Este es el baile del monito -una obra escrita y dirigida por su hijo, Pablo Calvo-, junto a Mosquito Sancineto, que se estrenó hace dos años y sigue en carrera.

Como si todo eso fuera poco, desde hace más de 20 años dirige la Escuela de Teatro Cómico, en la que dicta cursos con continuidad.

“Una vez por año dirijo teatro”, dice. “Ahora estoy dirigiendo Disculpen si comemos, un espectáculo que se compone de cuatro obras breves escritas por María Ana Rago, que me gustaron mucho. Con cuatro actores que convoqué, a los que ya había dirigido”, cuenta. “La obra tiene mucha ironía y humor negro. Me da mucho placer dirigir, estar afuera de las obras y no actuar. Me gusta trabajar con textos ajenos, pero que no son ajenos a lo que yo pienso. Estas cuatro obras tienen cosas con las que empatizo, en cuanto al sentido crítico que proponen”.

Cuando decidió ser actor, sabía que quería hacer humor. Pero al mismo tiempo, no perderse otras oportunidades que podría darle el teatro. Así fue como hizo obras dramáticas, fue dirigido por Roberto Villanueva, Lluis Pasqual, Jorge Lavelli, Lorenzo Quinteros y Néstor Montalbano entre otros. Actuó varias veces en el Teatro San Martín, compartió elenco con Alfredo Alcón, hizo obras de Shakespeare y dice que en parte le debe esas convocatorias a ser un actor cómico.

“Hubo directores que tuvieron el deseo de trabajar con humoristas. Directores que tuvieron ojo para llamar a gente que venía del humor, del varieté, de otros lugares. Y desde los 18 años combino”, cuenta sobre su carrera que se sostiene en sus divertidos personajes, su talento para hacer reír y sus clases de teatro cómico, pero también sobre textos de autores clásicos y, a veces, serios.

El inicio de la vocación

Tenía 16 años cuando nació la vocación. Con sus padres iban frecuentemente a ver teatro: desde Lorenzaccio con Alfredo Alcón y Rodolfo Bebán, hasta una comedia de enredos. Sus padres no eran artistas, pero de alguna manera Eduardo, que siendo adolescente escribía poemas y canciones, llevaba el teatro en las venas. Su papá le contó repetidas veces que siendo muy joven había tenido algunas incursiones en el programa radial La Pandilla Marilyn. Y su mamá, que cosía, fue hacedora de los trajes de los primeros personajes de su hijo. Como dato de color, sus padres se conocieron bailando tango en club.

“Mi papá trabajaba en una empresa constructora y era compañero de Arturo Bonín, quien también era empleado en esa empresa. Y fui a verlo para que me diera un consejo. Me dijo que tenía que estudiar teatro”, repasa. Y así empezó. Su primer maestro fue Ricardo Passano, hasta que al terminar el secundario entró a la Escuela Municipal de Arte Dramático, donde estudió actuación y dirección.

Si bien se crió en el barrio de Caballito, cuando nació y en sus primeros años vivió en el Abasto, en la misma cuadra en la que vivió Carlos Gardel. En sus tiempos de estudiante ya se mostraba como aquel que se destaca por ser gracioso, pero tímidamente, ya que por ese entonces “era más romántico y escribía canciones de amor”, repasa.

Anduvo por bares y teatros con distintos shows. Y entre todo, haciendo también teatro improvisado. “El francés que trajo los Match de Improvisación a la Argentina, Claude Bazin, nos eligió a Pedro Cano, Mosquito Sancineto y a mí como sus discípulos. Y dimos muchos cursos”, recuerda. Mosquito es un artista que continuó más tiempo con la improvisación, mientas que Calvo siguió por otros caminos. Este es el baile del monito “fue un hermoso reencuentro”, afirma Eduardo. Fu idea de Pablo Calvo -hijo del actor, dramaturgo y profesor de historia- a quien se le ocurrió llamar a Mosquito, pensando que era una buena idea que volvieran a compartir escenario. Se trata de un espectáculo que ya hizo dos temporadas en el Centro Cultural de la Cooperación y sostienen la idea de que regrese pronto a la cartelera porteña.

“Es una obra que está inspirada en Calígula, de Camus. A mí inclusive me gusta más que el original. Tiene muchas licencias y el personaje del emperador es tomado de forma universal, y lo que propone puede ocurrir en cualquier lugar”, explica el actor.

La televisión como vidriera del Heavy rejodido

La tele le dio y le sigue dando popularidad. “En Bendita TV me siento muy bien”, dice. Se siente cómodo aportando humor con el Heavy, tres veces por semana, desde el año pasado -cuando todavía el conductor era Beto Casella- , en el programa que se emite diariamente a las 20:30 por Canal 9, conducido ahora por Edith Hermida. “Me llamó el Tano Nieto, que además de ser productor es humorista. La verdad es que el grupo de trabajo es inmenso y sumamente agradable, uno labura en equipo con los técnicos, los editores, los guionistas… todos hacen que uno pueda sumar su trabajo. Sentís que tenés muchos brazos que te sostienen y acompañan. Y Edith es un encanto en la conducción. Es muy lindo lo que sucede”, expresa. “Improviso mucho, pero a la vez soy un maniático que está todos los días escribiendo”, resume su contradicción.

Histriónico. Eduardo Calvo compuso muchos más personajes que el Heavy rejodido. Y también dirige teatro. Foto:  Ariel Grinberg

Fue parte de la última temporada de VideoMatch. “Mi momento de mayor exposición” dice. “Al personaje yo ya lo hacía antes y después seguí trabajando con el Heavy en otros programas de tele”, continúa.

Pero fuera de ese personaje, también estuvo en Ta te show -con distintos personajes- y en La cajita social show con los Borensztein. Y atesora un recuerdo más antiguo, de los ’80: Chispiluz, un programa infantil en ATC, del que fue parte Florencia Peña que en ese entonces era muy chiquita. “Yo hacía un marciano”, recuerda. Entre otros programas de la pantalla chica, estuvo en Los Mammones y La peña de morfi.

Su recorrido es extenso. En los ’80 actuó en los teatros La Fábula, La Peluquería, Babilonia y Cemento entre otros lugares. Hizo humor gráfico en la revista 13/20. Trabajó en Crónicas Picantes, que le valió una nominación a los Martín Fierro. Su extensa trayectoria parece no caber en una vida; pero hay una explicación: no se toma nunca vacaciones. “Yo no sé lo que son las vacaciones”, sentencia. Desde sus tiempos de niño en los que pasaba 15 días en Mar del Plata en el verano, que no descansa. “Los viajes que hago son por trabajo. Y así conocí lugares hermosos”, reconoce.

El Heavy nació junto a otros personajes, a fines de los ’80, para un unipersonal que se llamó Muchas pelucas para un solo calvo (que escribió junto a Pedro Cano), que recorrió varios escenarios y cuenta con más de 3000 representaciones. El espectáculo se estrenó el 3 de diciembre de 1988, en el teatro El Vitral, “día de un levantamiento carapintada”, recuerda Eduardo. Ese personaje era maestro de ceremonias del espectáculo -dice que cuando se hizo en Egipto fue maestro de “ceremomias”; siempre jugando con las palabras-. Por alguna razón, trascendió ese espectáculo, fue parte de varios ciclos televisivos, entre ellos VideoMatch, y ahora está en Bendita.

Eduardo Calvo será el director de "Disculpen si comemos", obra que i´ra los domingos a las 13 en Espacio Callejón. Foto: Ariel Grinberg

El Heavy, si quiere, va a un restaurante vegetariano y pide un aplauso para el asador. O va al cine y se pone a leer un libro. Es un tipo jodido, pero incapaz de hacer daño. Lo que sí hace es humor. Buen humor. Tiene un amplio catálogo de frases, que muchas veces improvisa, para cada situación.

“Me atrae hacer cosas diferentes”, dice a propósito del horario en el que irá Disculpen si comemos. Tal vez podría ser una frase del Heavy: “Yo si quiero hago una obra de teatro los domingos a las 13 horas”, ¿no?

Disculpen si comemos

El espectáculo que se estrenará el 9 de agosto en el Espacio Callejón (Humahuaca 3759), está compuesto por cuatro obras breves, interpretadas por cuatro actores. Con textos de María Ana Rago, bajo la dirección de Eduardo Calvo, Disculpen si comemos está protagonizada por Jennifer Ávila, Mirella Calentino, Martín Eeren y Gabriela Granda. La escenografía es de Darío Larren.

Diversos personajes protagonizan situaciones aparentemente inofensivas, en las que no falta la ironía. Ni tampoco, la comida. Un cura comete el pecado de la gula y una enfermera lleva la comida a una habitación equivocada. Un cafetero ofrece infusiones calientes en medio de cadáveres y una médium se entona con whisky. Las funciones serán los domingos a las 13.



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