“TMAP!”, tuiteó Javier Milei a modo de festejo ante la noticia de que tres grandes empresas globales de servicios y equipos petroleros anunciaron que no participarán en proyectos en las Islas Malvinas luego de las sanciones que el Gobierno anticipó que tiene previsto aplicar a quienes lo hagan de forma ilegal, es decir, sin autorización de Argentina.
No quedó claro si la sigla que resume la frase “Todo Marcha Acorde al Plan”, acuñada por Santiago Caputo, respondió solo al impacto que generó entre las compañías internacionales el paquete de medidas que comunicó el jueves a la noche o si también se refería al golpe de efecto que tuvo sobre el debate público desde que confirmó que haría una cadena nacional. Lo que tiene claro el Presidente -y transmiten puertas adentro del Gobierno- es que la estrategia, diseñada por el asesor que cada vez que es dado por caído logra recuperar centralidad en la toma de decisiones de Milei, abrió el camino para retomar la iniciativa política y dejar atrás un clima dominado por datos adversos para la Casa Rosada.
Sobre todo porque permitió obturar, al menos por un rato, el acercamiento de sectores dialoguistas con los extremos de la oposición, que se había visibilizado en el último tiempo con el tratamiento de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, rebautizada con éxito como “Ley de Extranjerización de Tierras” por el kirchnerismo y la izquierda.
Esa iniciativa reactivó los chats de gobernadores peronistas con Sergio Massa y hasta con alfiles políticos de Cristina Kirchner. Esto último, impensado hasta no hace mucho.
Entonces se encendieron las alarmas entre las figuras políticas más relevantes de La Libertad Avanza ante la posibilidad de que ese debate pudiera oficiar como la reforma previsional que impulsó Mauricio Macri en diciembre de 2017. Ese debate -entienden- fue la génesis del Frente de Todos que llevó a Alberto Fernández a la Presidencia, porque activó el modo pragmático del peronismo y solapó las diferencias que luego estallaron durante la gestión.
La flexibilidad que mostró Cristina para aprobar decenas de pliegos de jueces, incluido el nombramiento en la estratégica Cámara Federal de Comodoro Py de Pablo Yadarola, un juez con el que el cristinismo puro supo confrontar, tampoco pasó desapercibida.
Por eso, hasta los que más dudaron cuando en la reunión de Gabinete escucharon a Milei contar que haría una cadena nacional en torno a Malvinas hoy quieren que no se hable de otro tema.
Incluso son bienvenidas las férreas críticas a las supuestas contradicciones de Milei en torno a Malvinas. “La cadena nacional fue contundente y permeó por todos lados. Quedó clara la postura que siempre tuvo Javier. Que digan lo que quieran, pero que digan algo”, redobla una voz de la mesa política.
“No sé cuánto nos va a durar, pero ojalá podamos estirarla varias semanas. Nos habíamos metido en una burbuja de negatividad de la que no podíamos salir y ellos, cuando huelen sangre, se unen”, se sinceró, con una cuota de misticismo, una voz de peso del Gabinete.
Lo curioso es que no fue algo premeditado por la mesa política. Abrazado al bilardismo político, Milei, que venía de repostear en sus redes mensajes contra la oposición, de jactarse de ser “la última oportunidad” de los argentinos “para salir del socialismo” y de hablar de un “suicidio” político si no lo reeligen, advirtió en el replanteo de Trump “una oportunidad” para retomar una agenda en la que ya trabajaba con el canciller Pablo Quirno, pero a la que no se había animado a subirse durante el Mundial, cuando los jugadores de la Selección desplegaron la bandera. “Javier no quería que se contaminara con críticas, que dijeran que intentaba utilizar a la Scaloneta como quiso hacer Alberto”, interpreta un colaborador mileísta.
En ese marco, aconsejado por Caputo, tomó la decisión de involucrar positivamente a la oposición.
“Este tema demanda que hagamos nuestras armas a un lado y mostremos un frente unido ante el mundo”, fue la frase quirúrgica que pronunció Milei y que hizo al kirchnerismo duro entrar en las contradicciones deseadas.
Aunque no fue una sugerencia del jefe de Gabinete, Diego Santilli, en definitiva es lo que los interlocutores con los gobernadores y el peronismo tradicional necesitan para terminar de abrochar reformas clave, como la Carta Orgánica del Banco Central y la Ley de Inocencia Fiscal II, mientras exploran consensos para la eliminación de las PASO y la aprobación del Presupuesto 2027.
Por un lado, en el Ejecutivo creen que la nueva agenda ayudará a repavimentar el diálogo con los gobernadores peronistas y con aliados del PRO y el radicalismo. “Cuanto más nos moderamos nosotros, más margen tienen ellos de explicar por qué se nos acercan”, razonan.
Pero también celebraron los cruces internos dentro del kirchnerismo. Desde los reproches entre la militancia mediática hasta el contraste nítido entre el silencio de Cristina, la aprobación de Juan Grabois -“Todo lo que se haga contra el inglés invasor está bien”- y la dura reacción de Axel Kicillof, quien recordó la “admiración por Margaret Thatcher” por parte de Milei y lo acusó de “actuar” un libreto. “Que se peleen entre ellos por ser irracionales siempre es una excelente noticia”, resaltan cerca del Presidente.
La estrategia ahora es fogonear el tema con sutileza para asegurar que no se apague. Esta semana llegará el proyecto al Congreso y la orden a la tropa es avanzar de inmediato y controlar durante la discusión a las voces más extremas. “No tenemos que dar excusas para que nos cambien el eje”, es la premisa en Balcarce 50.
