Donald, a los 80 años, superando achaques y enfermedades, saca una canción inédita que grabó a los 15: “Estoy pasando por el mejor momento de mi vida”


El 9 de julio Donald (Donald Clifton McCluskey, nombre completo) cumple 80 años. De los cuales 65 fueron cantando (en realidad más, pero 65 con grabaciones). Cuando habla, sus recuerdos brotan en cascada, orgánicos y ordenados. Los achaques de la salud atentaron contra su vista y su caminar, pero dejaron intacta la retrospectiva de sus pasos.

Donald nos recibe junto a su compañera de toda la vida: Verónica, en una luminosa casa de San Isidro. A pesar de tener poca movilidad, se presta para las fotos con paciencia, oficio y algo de ternura. Luego se acomoda un poco más en su sillón. La luz del sol golpea suave contra el ventanal y entibia algo su rostro. Ese pequeño regalo de febo, en una mañana helada, le sienta bien y parece agradecerlo:

“Aunque no lo puedas creer estoy pasando el mejor momento de mi vida. El momento más feliz. Me estoy encontrando a mí mismo”, dice en el comienzo de la charla con Clarín. La maquinaria del recuerdo empieza a funcionar.

Pero lo que nos trae acá, no tiene que ver con el ayer, sino con el mañana inmediato. Donald presentará, justo en su cumpleaños, una canción inédita que grabó a sus 15 años y pareció perderse entre masters y cintas antiguas: Más, más. Además de la remasterización y el re lanzamiento de su disco debut: Donald: Voz de juventud” y el simple Esta es mi fiesta/ A bailar Yenka, con Horacio Malvicino y Orquesta. Estos acontecimientos parecen alterar, aunque sea por un instante, las leyes del tiempo, y el señor de ocho décadas se reencuentra con el adolescente que fue, aunque sea en clave musical.

El material, será publicado por el Instituto Nacional de la Música (INAMU) en plataformas digitales el día de su cumpleaños. Pero además, estas reediciones nos dieron la excusa para hablar de la vida, la filosofía, la carrera, los nietos, el amor, la familia y por supuesto, las olas ,el viento y sucundum, sucundum.

Rescate emotivo

-Contame un poco de Más, más, esa canción rescatada que escribiste a los 15 años y 65 años después sale a la luz…

-Es una canción totalmente nueva. Grabada cuando tenía 15 años a capela. La canté con un saxo impresionante, que no sé qué fue de ese saxofonista, pero hizo una hermosura, Imaginando el ritmo del bajo y el resto de los instrumentos. Los dos imaginamos todo. Nació en el estudio, ahí en el momento. Supongo que, entre canción y canción, mientras el resto de los músicos había salido a fumar o a hacer algo. Yo en ese tiempo hacia covers, principalmente de rock. El director artístico era Tito Scarso. Y la directora de la editorial era Beatriz Lupo. Ellos me elegían los temas.

Grababa canciones como Gina, Bonita de ojos azules, Carrusel del amor; un montón de canciones. El caso es que estaba escuchando aquellos materiales y en el medio de esos master aparece algo impensado. Una canción un poco melódica y con un muy buen swing. Sólo con mi voz de los 15 años y un saxofonista Ni me acordaba que la había compuesto yo. Y bueno, la fui escuchando, y sí, es mía, totalmente mía. De mi autoría, digo.

La canción es una declaración de amor, muy clara y potente. Dice : “Más, mucho más quiero de ti. Todo lo que tú soñaste lo tendrás, lo que vos soñaste lo tendrás. Todo eso y mucho más. Y mucho más ardor. Y mucho más amor”.

Un marido contra las cuerdas

Donald y  Verónica, la mujer de su vida. "Llevamos apenas 53 años casados", se ríe el cantante. Foto: Ariel Grinberg

Verónica, la esposa de Donald que hasta ese momento sólo observaba la entrevista, toma protagonismo y al escuchar aquella letra, hace la mejor pregunta de la mañana: “¿Estabas enamorado?”, dispara.

A lo que Donald responde con una mirada cómplice al entrevistador: “Bueno, sí… de muchas chicas. De mi mujer todavía no, no la conocía. Apenas llevamos 53 años de casados” (risas).

-Decís que estás atravesando el mejor momento de tu vida. ¿Por qué?

-Sí, verdaderamente es el mejor momento de mi vida, sobre todo en lo artístico. Tengo canciones que hace años suenan todos los días en las radios y, además, gracias al INAMU recuperé los masters de mis primeras grabaciones. Mi primer disco, que nunca había podido publicar como correspondía, finalmente va a salir. Es una alegría enorme.

Pero además, creo que la vida tiene tres etapas: hacer, tener y ser. Hoy estoy en la última. Ya no me preocupa tanto lo material; quiero descubrir quién soy verdaderamente. Me interesa la filosofía, la teología y seguir aprendiendo. Como dice la Biblia: “La verdad los hará libres”. Esa búsqueda es la que hoy le da sentido a mi vida.

-¿Qué significó recuperar ese material?

-Fue emocionante. Yo había firmado un contrato por el que apenas cobraba el 1% de mis canciones (que ni siquiera cobré). Ahora recuperé el 100% de los derechos sobre esas grabaciones. El Inamu hizo un trabajo extraordinario al devolverles a los artistas los masters que habían quedado en manos de Music Hall. Lo mismo les pasó a muchísimos músicos, como Litto Nebbia, Charly García y tantos otros.

Donald le ganó a un cáncer de colon y pelean contra el Parkinson. Por una caída, también se rompió tres vértebras. Foto: Ariel Grinberg

-Hablaste varias veces de reencontrarte con vos mismo. Escuchar una canción escrita a los 15 años también debe ser una forma de encontrarte con aquel adolescente que fuiste.

-Totalmente. Es una sensación fantástica. Yo diría que es obra de Dios. Es volver a encontrarte con una parte de vos que quedó en el tiempo. Como cuando aparece un juguete de la infancia y, de golpe, regresan todos los recuerdos. Es muy emocionante.

Los 80 y una fecha especial

-Tu carrera comenzó muy temprano.

-Empecé a grabar discos a los 15 años. Pasé por distintos sellos, primero Music Hall y después RCA, donde llegó el gran éxito con Tiritando. Pero antes de eso ya había editado varios simples y un EP. Vendía miles de discos, aunque el verdadero fenómeno llegó años más tarde.

-Y todo esto ocurre en vísperas de una fecha muy especial…

-Sí. El 9 de julio cumplo 80 años y también 65 años desde que grabé mi primer disco. Es una fecha muy importante para mí y siento que cerrar este círculo con la publicación de aquellas primeras canciones es un regalo de la vida.

-La salud no te está jugando buenas cartas, según contaste. ¿Cómo estas hoy?

Donald, en su casa de San Isidro. Dice que ahora los chicos lo conocen por la publicidad de La llama que llama. Foto: Ariel Grinberg

-Optimista y luchador. Y como te dije antes feliz. Hace 5 años se me manifestó el Parkinson. No sé desde cuándo lo traigo, pero los primeros síntomas claros los tuve un verano que hice Barbierísima, con Carmen Barbieri. Con Rubén Mattos y Juan Marcelo teníamos un grupo que se llamaba Los reyes del recuerdo. Y ese año cerrábamos nosotros el show. Pero antes de salir a escena noté que tenía como una falta de equilibrio. Me agarraba de las cortinas esperando que nos anunciaran. Y cuando salimos, yo me agarraba del micrófono. En un principio el Parkinson lo tomé muy a la ligera, pero es una enfermedad que fue avanzando. Además pase por un cáncer de colon del que por suerte ya estoy curado.

En los últimos años me quebré 3 vertebras por caerme en casa, por responsabilidad de la falta de equilibrio que producto la enfermedad y de un ojo estoy practicante ciego. Pero gracias a Dios tengo a Verónica, que además de ser el amor de mi vida es quien me cuida. Tengo 4 hijos y 10 nietos maravillosos, que hacen que uno vaya saliendo adelante poco a poco.

-Y más allá de la salud, ¿qué ocupa tus días?

-Hoy por hoy me gusta mucho estudiar filosofía y teología. Este tiempo me interesé en la inteligencia artificial y por supuesto disfrutar de la familia, que es lo más importante que tenemos.

-También decís que la intuición marcó gran parte de tu vida.

-Sí, tengo mucha intuición. Nunca estudié astrología ni numerología, pero el número tres siempre fue muy importante para mí. Tengo tres discos de oro, protagonicé tres películas y muchas veces ese número apareció en distintos momentos de mi carrera.

-Sin embargo, de chico no soñabas con ser cantante, sino un hombre de derecho.

-Yo quería ser abogado. Cuando terminé el secundario empecé a estudiar abogacía y cursé hasta segundo año. Pero en 1969 pegué el gran salto con Tiritando y tuve que dejar la carrera.

Un rincón en la casa de Donald, con discos de oro y muchos reconocimientos acumulados en una trayectoria de 65 años. Foto: Ariel Grinberg

Cuando “la espuma del amor” invadió todo

-Qué bien que marcás esto, de los años que pasaron desde tu estreno hasta Tiritando. Hoy vivimos una época en la que parece que todo éxito es instantáneo. Pero en tu caso pasaron muchos años antes de ese gran momento.

-Exactamente. Entre mi primer disco en Music Hall y Tiritando pasaron nueve años. Durante ese tiempo vendía miles de discos. En aquella época vender mil o mil quinientos ejemplares ya era una muy buena cifra, por eso la compañía seguía editando mis simples. Pero el verdadero fenómeno llegó con Tiritando, ahí se nos fue de las manos.

-¿Qué significó ese éxito? No creo que exista un argentino, que tenga algunos años ya, que no conozca la canción.

-Fue impresionante. Durante los primeros seis meses llegamos a vender alrededor de 17.000 discos por día. Todas las prensas de RCA estaban trabajando para abastecer la demanda. Fue una locura. Y ahí llegó la fama, los Discos de oro y todo lo demás.Gané dos Discos de oro en la Argentina y uno en Brasil. Por Tiritando, acá, y Siempre fuimos compañeros, allá. Hoy, muchos chicos que no me conocen gritan “Sucundum” cuando alguien les dice “Las olas y el viento”. Es increíble.

-¿Te peleaste alguna vez con una canción tan escuchada?

-Jamás. Y eso que a veces pareciera que no hice otra cosa, pero antes que nada soy un hombre agradecido. Gracias a esa canción conocí cosas increíbles. Es muy gracioso porque para muchos chicos hoy soy el de La llama que llama, esa publicidad que promete hablar con Donald Trump y de fondo aparezco yo.

-Además de iconos culturales como Tiritando y Siempre fuimos compañeros, tenés una canción que es Scaba badí bidú, que es para muchos el primer reggae que se hizo en la Argentina, en la década del ’70.

-Es el primer reggae en castellano de la historia. Hace un tiempo, Bahiano hizo una versión con otra letra, contando que fue el primer reggae que escuchó en español. Más recientemente la grabó el cantante jamaiquino Martin Red. Primero pensamos editarla en inglés y después decidió hacer una versión rapeada. Me reservó la parte en castellano, que grabé en el estudio de Los Cafres junto a mi hija Melody y mi nieta Isabela. Él rapea en inglés y yo interpreto mi parte en español.

-Escuchándote, da la sensación de que tu historia está llena de capítulos increíbles.

-Una vez, Luis Ventura me preguntó cómo había sido mi vida y le respondí: “Fue una vida de película”. Vivimos tres años en Miami, viajé muchísimo y me pasaron cosas extraordinarias. Realmente siento que tuve una vida de película.

-Me imagino que habrás escuchado tus éxitos como Tiritando y Compañeros… hasta el hartazgo en la radio y ahora vas a volver a escuchar otra canción tuya, que grabaste muy de chico en la radio o internet, ¿cómo esperas eso?

-Con felicidad. Con mucha felicidad. Es como volver a la gente, aunque la gente nunca se fue. Ya no será tanto por la radio, sino por plataformas (Incluido mi YouTube, Donald Mc Cluskey Oficial). Aunque hoy no canto como cantaba a los 15. ¡Qué linda voz tenía a los 15! ¡Y eso que era tan chico! Pero en esencia son el mismo: optimista. Ahora le dicen resiliente Y sigo pensando que el respeto y la familia son lo más valioso que tenemos.

Con "Tiritando", Donald llegó a vender 17.000 discos por día. Foto: Ariel Grinberg

-¿Qué te gustaría que pase con esta canción?

-Que la oigan los jóvenes. Que la disfruten y les guste. A mí me gustó.

Con la última respuesta, Donald sonríe. Dentro de muy poco, cuando Más, más aparezca en las plataformas digitales, ocurrirá algo que muy pocos artistas tienen el privilegio de experimentar: escuchar una canción nueva cantada por él mismo… sesenta y cinco años atrás.

Será el hombre de 80 años reencontrándose con el eco de su adolescencia. Y, por un instante, el tiempo dejará de importar.



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