Dieta para la longevidad: afirman que la clave está en elegir mejor la fuente de proteínas

La alimentación vuelve a situarse en el centro del debate sobre el envejecimiento saludable. Un nuevo estudio liderado por investigadores de la Universidad del Sur de California (USC) apunta a que la clave para vivir más años con buena salud podría no estar tanto en comer menos, sino en elegir mejor el origen de las proteínas.

Los resultados sugieren que una dieta mayoritariamente basada en vegetales, complementada con pescado y con una ingesta moderada de determinados aminoácidos presentes en alimentos de origen animal, podría favorecer una mayor longevidad y reducir el riesgo de enfermedades metabólicas.

La investigación, publicada en la revista científica Cell Metabolism y recogida por Europa Press, comparó distintos patrones de alimentación en ratones de edad avanzada. Los científicos analizaron los efectos de una dieta occidental rica en grasas y azúcares, una dieta cetogénica, una alimentación inspirada en la dieta mediterránea y la tradicional de Okinawa suplementada con metionina, además de ciclos de una dieta que imita el ayuno.

El equipo, liderado por el gerontólogo Valter Longo, de la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la USC, comprobó que la denominada dieta de longevidad —baja en proteínas, basada principalmente en alimentos vegetales y pescado, y con una cantidad reducida pero suficiente del aminoácido esencial metionina— fue la que obtuvo mejores resultados.

Los ratones alimentados con este patrón presentaron una mayor esperanza de vida saludable, menor acumulación de grasa corporal y menos signos de fragilidad, manteniendo al mismo tiempo su masa muscular. Uno de los hallazgos que más sorprendió a los investigadores fue que estos animales podían ingerir tantas calorías como el resto de grupos y, aun así, perder grasa sin comprometer el músculo.

La primera autora del estudio, Maura Fanti, explica que lo más llamativo fue comprobar que modificar únicamente la cantidad de un aminoácido como la metionina provocaba cambios metabólicos muy importantes. Según la investigadora, este resultado sugiere que la composición de los aminoácidos podría ser incluso más determinante que la cantidad total de proteínas consumidas.

Además, el estudio detectó mejoras en distintos biomarcadores relacionados con la salud cardiometabólica, entre ellos mayores niveles de GLP-1, una molécula implicada en la regulación del metabolismo y del envejecimiento.

Para reforzar sus conclusiones, los investigadores analizaron también datos dietéticos y de salud de más de 200.000 personas en colaboración con la Universidad de Toronto y la Universidad de Harvard. Los resultados mostraron que quienes consumían mayores cantidades de proteína animal presentaban una mayor prevalencia de obesidad y hasta el doble de riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 respecto a quienes seguían una alimentación con poca o ninguna proteína animal, incluso cuando estos últimos ingerían más calorías.

Según Longo, estos datos respaldan la idea de una “dieta para la longevidad” principalmente vegetariana o vegana, enriquecida con pescado para aportar los aminoácidos esenciales necesarios sin exceder la cantidad de metionina.

Estas conclusiones encajan con lo observado desde hace años en las conocidas como “zonas azules”, regiones del mundo donde se concentra un número excepcionalmente elevado de personas centenarias, como Cerdeña, Okinawa, Icaria, Nicoya o Loma Linda. Investigadores como Dan Buettner, que popularizó este concepto, han identificado numerosos factores asociados a la longevidad, aunque uno de los más repetidos es precisamente una alimentación predominantemente vegetal.

En estas poblaciones abundan las legumbres, verduras, frutas, cereales integrales, frutos secos y aceite de oliva, mientras que la carne se consume de forma ocasional y el pescado tiene mayor protagonismo. A ello se suman otros hábitos saludables como la actividad física diaria, una vida social activa, el manejo del estrés y un fuerte sentido de propósito vital.

La dietista Paula Marrero, especializada en alimentación vegetal, recuerda que la auténtica dieta mediterránea tradicional era mucho más vegetal de lo que suele interpretarse hoy en día.

En su opinión, recuperar platos sencillos como guisos de legumbres, verduras de temporada o frutas como postre habitual supone volver a un patrón alimentario respaldado por la evidencia científica tanto para la salud como para la sostenibilidad.

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