El mensaje final de médicos y especialistas sobre hábitos saludables siempre cierra en común: nunca es tarde para empezar a algo que sienta bien al cuerpo. Delfí Vilaseca no corrió su primera maratón a los veinte años, cuando el cuerpo parece capaz de encajar cualquier exceso, sino a los 46, después de una larga etapa vinculada al fútbol amateur y con hijos y un trabajo a jornada completa.
Natural de Berga, Empezó con cinco kilómetros, después fueron ocho, diez y quince, hasta que en marzo de 2016 se plantó en la salida de la Maratón de Barcelona. Diez años después, con 56 años, ya ha completado hasta en 34 ocasiones y asegura que todavía sigue rebajando sus marcas. En el libro donde explica esta colección de retos, Fin: tú corres, todos corremos, este dato es tan poco relevante que ni se menciona. ”Me da igual tardar tres horas que cuatro, quería hacer un paralelismo entre la vida y una carrera de fondo, la sensación terapéutica del deporte y como te enseña a que siempre se puede aguantar un poco más”, relata en conversación con La Vanguardia.
Y no es para menos, ya que correr provoca cambios medibles en el cerebro. La ciencia observó que una hora de carrera al aire libre aumentaba la concentración de endocannabinoides, unas sustancias producidas por el propio organismo relacionadas con la mejora del estado de ánimo y la llamada euforia del corredor. Otras revisión científica publicada en la revista suiza Frontiers señala que el ejercicio favorece la producción de una proteína implicada en la plasticidad neuronal, el aprendizaje y la protección de las neuronas.
Delfí ha recogido su experiencia en un libro sin que eso suponga poner punto final a los maratones. Al contrario, ha querido convertir ese recorrido en el inicio de otra carrera de fondo: la investigación en salud. Todos los beneficios e la obra se destinan a la investigación del cáncer de páncreas del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge, el IDIBELL. La decisión nació de su cercanía a varias personas afectadas por este tumor, uno de los más letales, con una supervivencia a cinco años de alrededor del 11%, según la Sociedad Española de Oncología Médica.
¿Por qué empezó a correr maratones a los 46 años?
Venía de jugar muchos años al fútbol, incluso con veteranos, y me encontraba físicamente bien corriendo. Empecé poco a poco, como quien sube una escalera peldaño a peldaño: cinco kilómetros, ocho, diez, doce, quince y después la media maratón. No puedes pasar directamente a hacer quince de golpe. Cuando vi que podía seguir avanzando, decidí probar la Maratón de Barcelona.
La primera fue una experiencia única, pero sobre todo me hizo entender que entraba en un mundo muy desconocido y que tenía mucho por aprender. A partir de los 21 kilómetros el cuerpo empieza a enviarte muchas señales, y hace falta trabajo, esfuerzo, perseverancia y constancia.
¿Cómo ha evolucionado su manera de entrenar durante estos diez años?
He aprendido algo en todas las maratones, desde la primera hasta la número 34. Cuando no te conformas con lo que ya has hecho, siempre intentas superarte: si en una carrera hago una marca, en la siguiente intento rebajarla. Esa competitividad me parece positiva, pero obliga a preparar mejor el cuerpo y a organizar toda la vida.
No lo haces todo solo. Hay horas que podrías pasar con la pareja, la hija o la familia, y ellos también terminan viviendo esa preparación. Empezar a los 46 años demuestra que todo el mundo puede iniciar lo que quiera a cualquier edad, pero nadie te regala nada.
¿Qué significa exactamente que nadie te regala nada?
Nadie te regala salir a entrenar cuando llueve y estarías muy bien mirando por la ventana, ni levantarte por la mañana cuando hiela, ni los nervios previos a una competición. Tú puedes preparar una carrera para evitar obstáculos, pero nunca sabes del todo cómo te encontrarás ni qué ocurrirá durante los 42 kilómetros.
Perseverar no significa hacer siempre lo que te pide la cabeza sin escuchar nada más. Significa entender que el resultado llega con un trabajo sostenido y que habrá días en los que costará mucho más cumplirlo.
En los momentos difíciles, ¿manda más el físico o la mente?
Muchas veces es una batalla, o más bien un diálogo, entre el físico y la cabeza. No se trata de que uno gane al otro, sino de que lleguen a un entendimiento. En mi caso, la cabeza suele tirar más, pero eso no significa obligar al cuerpo a hacer cualquier cosa.
La mente me ha ayudado mucho en carreras a las que he llegado apurado o con molestias, pero también tienes que saber regular y aceptar lo que tienes ese día. Una maratón es como una caja de Pandora: la preparas para que salga como pretendes, pero puede ir mucho mejor o mucho peor, y tienes que aprender de ambas cosas.
¿Todo el mundo puede llegar a correr una maratón?
Todo el mundo puede preparar una si su cuerpo la puede soportar y lo hace con criterio, pero no todo el mundo tiene que correrla. A veces, por mucho que quieras, físicamente no podrás. Es evidente que una maratón castiga el cuerpo y las articulaciones, y por eso hay que entrenar la resistencia, trabajar la fuerza y adaptar el proceso a cada persona.
Yo he llegado a disputar seis maratones en un mismo año, pero con el tiempo me di cuenta de que a partir de la cuarta acumulaba una sobrecarga que mi cuerpo no podía asumir bien. El cuerpo es muy sabio y no hace milagros: si lo castigas, después necesitas una fase real de recuperación y regeneración.
¿Qué le aporta correr más allá de la condición física?
Para mí es una de las mejores terapias que existen. Cuando salgo a correr, durante un rato no pienso en los problemas del trabajo ni en otras preocupaciones. No es que desaparezcan, pero dejas de estar atrapado en ellos y eso representa una regeneración mental muy satisfactoria.
Hay días en los que llego cansado de trabajar, con estrés o dolor de cabeza, y pienso que no tengo ninguna gana de entrenar. Pero voy, vuelvo agotado y me digo: “Menos mal que he salido”. Después lo veo todo mucho más claro. A veces hay que pensar menos en cómo te sientes antes de salir y más en cómo te sentirás cuando vuelvas.
¿Cómo ha cambiado sus hábitos para poder seguir compitiendo?
Cuidarse no significa abstenerse de todo ni protegerse de la vida. Significa tener clara una filosofía: descansar, alimentarse bien, entrenar aunque ese día cueste y saber encontrar un equilibrio. Los suplementos pueden ayudar en casos concretos, pero no son imprescindibles ni sustituyen a los hábitos.
Con la alimentación en carrera también he aprendido a conocerme. La semana anterior hago una carga importante de hidratos de carbono y los días previos puedo pesar más de un kilo por encima de lo habitual. Durante la maratón utilizo geles, sales minerales y bebidas isotónicas, pero la experiencia me ha enseñado que no existe una fórmula idéntica para todo el mundo.
¿Por qué decidió destinar los beneficios del libro a la investigación del cáncer de páncreas?
Cuando la editorial aceptó el proyecto pensé que, si tenía ese motor detrás, podía destinar los beneficios de autor a una causa necesaria. En aquella época, dos amigos míos habían padecido cáncer de páncreas y un familiar muy cercano también lo sufría. Busqué proyectos y llegué al equipo del IDIBELL.
Cuando visité a los investigadores vi muchos paralelismos con una maratón. Hacen una prueba, puede no salir bien, tienen que rehacerse y volver a empezar para que aquello termine funcionando. Hay buenos investigadores, pero falta financiación. Poder aportar una pequeña ayuda da un sentido diferente a todo el proyecto.
¿Hasta cuándo piensa seguir corriendo maratones?
Mientras me plante ante una línea de salida y siga sintiendo esas mariposas, los nervios y la inquietud, continuaré. Y mientras, al llegar, todavía sienta esa satisfacción de cruzar la meta emocionado o con lágrimas, entenderé que esto sigue vivo.
El día que deje de sentirlo sabré que esa etapa se ha terminado. Ahora mismo, sin embargo, creo que todavía hay para rato y trabajo para que sea así. Para mí no es solo una maratón: es una carrera de fondo y un aprendizaje que continúa mientras pasan los años.
