Daniel Grinbank: “Lo más importante de mi vida son mis hijos”

Es el mánager y productor de rock más conocido del país. Trajo a unos cuantos: desde los Rolling Stones, Prince, Paul McCartney y Madonna, hasta el seleccionado de Amnesty International, con Peter Gabriel, Sting y Bruce Springsteen. Antes se dio el gusto de traer a Mercedes Sosa del exilio en 1982 y armar los históricos…

Daniel Grinbank: "Lo más importante de mi vida son mis hijos"


Es el mánager y productor de rock más conocido del país. Trajo a unos cuantos: desde los Rolling Stones, Prince, Paul McCartney y Madonna, hasta el seleccionado de Amnesty International, con Peter Gabriel, Sting y Bruce Springsteen. Antes se dio el gusto de traer a Mercedes Sosa del exilio en 1982 y armar los históricos shows en el Teatro Ópera, y la lista continúa con los grandes artistas de quienes manejó su carrera.

Daniel Grinbank también fue el creador de la FM Rock & Pop en su época más gloriosa y hasta incursionó allá lejos y hace tiempo en un fondo de inversión para apoyar a su amado club Independiente, con algunos sinsabores. Este año fue declarado Personalidad Destacada de la Cultura en Buenos Aires por la Legislatura.

Hace tiempo ya que empezó a incursionar en otras áreas del entretenimiento y la industria cultural, dirigiendo su empresa DG Experience, como las cinco propuestas de Realidad Virtual Aumentada en 360 grados: La Última Fortaleza; Life Chronicles: la evolución y extinción de las especies; El Horizonte de Keops; El Secreto de los Constructores de Pirámides y Exploradores del espacio, que se ven actualmente en La Rural. Produce también la reconocida obra Escenas de la vida conyugal, con Ricardo Darín y Andrea Pietra. Andrea es su pareja de hace casi treinta años; ambos son padres de Stephanie, Ani, nacida en Haití.

Mis padres me dieron una absoluta independencia. De hecho, yo no estoy ni circunciso ni bautizado.

Grinbank deja de lado por un momento toda su historia de pop y rock para adentrarse en este Retrato Íntimo y bucear en aguas más profundas conectando con su aquí y ahora y su sentir, lejos de las grandes marquesinas y acordes.

Sos un empresario muy reconocido, exitoso, eso lo sabemos. Pero: ¿cómo creés que es tu personalidad?

-(Piensa) A mí no me gusta mucho el término exitoso, pero sí, digamos que tengo mi trayectoria. Y creo que la misma está basada en haber podido desarrollar durante mucho tiempo, actualmente también, aquello que siempre me gustó. Todo esto me sigue dando innumerables satisfacciones. O sea, siento que parte de mi buen pasar en la vida tiene que ver con trabajar en lo que me gusta y haber intentado generarme nuevos desafíos con obsesión. Es decir, si bien me gusta hablar de todo mi recorrido laboral, o de lo que hago ahora, lo que a mí más me satisface es mi vida personal más que la profesional.

-O sea, hay satisfacción en vos…

La satisfacción, el placer: algo no ajeno al sacrificio, a la obsesión, al armado de equipos de trabajo, a la diversidad de las distintas cosas que abarqué. Estar haciendo toda la experiencia de realidad virtual en La Rural, entre otras con la evolución y extinción de las especies. Pensar que ahí nomás estaba el zoológico que yo también manejé y donde mi viejo me llevaba cuando tenía cinco o seis años…

-¿Cómo fue el vínculo con tu papá?

-Muy grato. Yo creo que si aprendí un poco el rol de padre es porque tuve un gran viejo. Fue un compañero extraordinario en mi vida, el mayor formador que tuve. Éramos una familia, clase media, vivíamos en Devoto, dos hermanos menores, pero lo más fuerte en mi vida fue él. Esto que decía que me llevaba al zoológico o a la cancha. Yo hice mis primeros trabajos como cadete en la fábrica que él tenía, haciendo corretaje para poder comprarme un disco o ser dj. Ya van doce, trece años que falleció y sigue estando muy presente en mi vida.

-Tu padre era judío; tu mamá, católica. ¿Fuiste “parte de la religión”?

-A mis dos hermanos y a mí, mis padres nos dieron una absoluta independencia para hacer lo que quisiéramos. De hecho, yo no estoy ni circunciso ni bautizado (Sonríe). Dios no tiene constancia de mi nacimiento.

Tampoco hiciste el Bar Mitzvá…

-Tampoco. Ni la Comunión.

-¿Más allá de esa independencia, te aferrás a algún momento espiritual?

-No. Es decir, no estoy encuadrado en ninguna faceta religiosa, pero sí en la creencia del hombre, en la fe, en la voluntad, en muchos factores que tienen que ver con el espíritu, en la trascendencia. O sea, cuando yo te estoy hablando de mi viejo, no creo en la reencarnación budista o cristiana, pero sí en la vigencia del legado que dejó en mí y está presente permanentemente.

Para mí, la cocaína es muy traicionera. Te va generando una dependencia y una cuestión cultural de consumo.

-¿Si hicieras una línea de tiempo de tu vida personal, qué ves ahí? ¿Qué te produce orgullo?

-Excluyente, mi paternidad. Para mí lo más importante de mi vida son mis hijos. En dos instancias distintas, con dos parejas diferentes, pero siguen siendo, fueron, son y supongo serán el mayor factor de importancia, de trascendencia. A ver, todo lo demás no tendría sentido si esa parte no la tendría bien. Y en el bien no implica que no tenga los mismos quilombos que debe tener la inmensa mayoría de los padres: de la infancia, de la adolescencia, de las distintas instancias que requieren ser padre, desde una cuestión de responsabilidad, pero también desde el goce de eso.

-Federico vive en Europa y se va a casar en julio. Viajaré a Dinamarca para el acontecimiento. Y por supuesto también está mi hija Ani, que nació en Haití. Siempre gocé de despertarme temprano para tratar a la mañana de desayunar con ellos en sus distintas etapas y aún sigo viviendo el espectáculo muy activamente. He visto gente muy exitosa en lo artístico, en lo profesional, pero que dejaron muy de lado este factor tan importante que, desde mi concepción, es lo que sería la palabra “felicidad”. Yo creo que en la vida, a la corta o a la larga, todo te pasa facturas para bien y para mal. Si sembrás, cosecharás, pero si no sembrás, no cosecharás.

-Como parte de ese disfrute que decías al principio de lo laboral, también la paternidad lo es.

-Y también tiene mucho que ver con mi actividad, porque afortunadamente mis dos hijos tienen mucho enganche con la música. Lo mismo que viajar, algo que estuvo permanente en la crianza de los dos. Me encanta. Entonces siento que fui y que soy muy agraciado con mi laburo. Y a eso, te agrego a mis sobrinas, que son casi pseudo hijas.

Con Tina Turner. Grinbank trajo a Turner para que cante en River en 1988.

-¿Sobrinas que vienen de alguno de tus hermanos?

-No, son mis sobrinas del lado de Andrea (Pietra). Ella tiene muchos hermanos y el vínculo es con tres sobrinas y un sobrino. ¿Y por qué? Bueno, con Andrea tardamos mucho en tener nuestra hija, porque la verdad, que todo el proceso de adopción lleva un tiempo. Mientras tanto, ellas convivieron mucho con nosotros, entonces muchos de esos viajes, hasta que vino Ani, se hacían con mis sobrinas. Y las disfruté en su momento, y las sigo queriendo mucho, claro.

-Una de ellas vive cinco días a la semana, porque estudia y le queda cerca la casa, y las otras dos trabajan conmigo, con lo cual tenemos permanente relación. Y a su vez, con Ani, hicieron un vínculo extraordinario. En estas vacaciones de julio nos vamos con dos, y después Andrea se va de gira con la otra, o sea, estamos mucho tiempo juntos.

¿Y cómo fue ese proceso de decidir la adopción? Vos viajaste, creo, varias veces a Haití, te pusiste al hombro toda la complejidad del trámite, ¿verdad?

-Sobre la adopción, hay una frase que me gusta mucho, y es que uno adopta todo el tiempo. Yo siento que fuimos agraciados, digamos, con Andrea, con el hecho de que ella no haya quedado embarazada. Pienso que no hubiéramos tenido una hija tan extraordinaria como la que siento que tenemos. Supongo que la mayoría de los padres pensaron lo mismo, yo siento esto en mi hija. Pero agregado a eso, la verdad que Haití para mí fue una cachetada de enseñanza, de aprendizaje. Me instalé allí casi dos meses al saber que había posibilidades de que Ani fuera nuestra hija.

Pienso que no hubiéramos tenido una hija tan extraordinaria como la que siento que tenemos.

-¿Cómo fue esa vivencia?

-Fue después del terremoto del 2010, donde murieron más de doscientas treinta mil personas, incluso otros cálculos informaron sobre trescientas mil… Ani vivía en un orfanato, en un barrio pobre de Haití que, ya antes del desastre, era el país más indigente de América Latina. Haber estado viviendo esos dos meses yo solo ahí, porque Andrea estaba haciendo teatro, creo que fue de los aprendizajes más profundos que tuve. En un periodo inclusive de mucha contradicción, porque yo estaba produciendo teatro y por ahí estaba viviendo en Haití y me iba dos días a Nueva York a hoteles de cinco estrellas. Había que llenar formularios, hacer muchos trámites para que me dieran bola. Entonces, para mí, el hecho de que Ani saliera de ese ámbito pronto, y viniera a vivir con nosotros cuanto antes, todo eso fue trabajar y trabajar allá. Levantarme a las cinco de la mañana para ver si me atendían. Me cambió los chips mentales.

-¿Qué barreras internas sentís que tuviste que atravesar?

-Cuando lo hacía, no lo vivía desde el sacrificio. Y eso que cuando llegué por el terremoto, no había señal para celulares. No había agua corriente -literal-, y el baño lo compartía con veinte personas, veinte. (Piensa). Capaz si hubiera nacido en La Matanza y con el Riachuelo, no habría necesitado ir a Haití para enterarme de la falta de agua potable. Pero yo nací en Devoto, viví en Belgrano.

-Con las necesidades básicas satisfechas.

-Por lo cual, la necesidad del agua, la sentí más en Haití. Por eso la defensa de los Glaciares tiene que ver con tener una constancia de lo que significa no saber lo que es no tener agua y, mucho menos, agua potable.

Grinbank, en Blow Up Experience,  en La Rural impulsada por DG Producciones.

-Y sorprende el contraste, como vos decías, de venir de una vida “cinco estrellas” ¿no?

-Sí, pero no lo sentí ni padecí. Fue una experiencia de vida tan fuerte, porque no era solo Ani, sino convivir con todos los pibes del orfanato. Salvo cuando lograba hacer algún trámite, tenía mucho tiempo libre. Me la pasaba jugando con los chicos y la pasaba bárbaro.

-¿Quisieron adoptar en Argentina?

-Quisimos adoptar acá, pero viendo todos los plazos, algunas cuestiones que no me gustaban, surgió el drama de Haití. Pero seguimos vinculados a la red de adopción acá porque entendemos que es una asignatura pendiente que tiene la sociedad argentina, nos gustaría que se modificaran legislaciones. Como adopté en nombre de Andrea sin estar casados, y para todo el tema de la herencia, fijé un antecedente en el país y se remiten hoy al “Caso Grinbank” para las parejas que adoptan sin estar casados. Incluso, tuvo que dar el visto bueno mi hijo anterior.

Federico, que se casará en julio…

-Exacto. Me encanta el modelo de vida que eligió con su pareja, son verdaderamente nómades y pudiendo ser el hijo de… una persona medianamente acaudalada y con buen pasar, decidió vivir con lo básico. Y la verdad, que yo me siento muy orgulloso de la persona que es, lo admiro y lo respeto mucho. Compartimos el arte, los gustos musicales, es un enfermo de la lectura, un artista audiovisual muy fuerte, trabaja muchísimo con Inteligencia Artificial. Pero lo que me gusta más de él es que puede vivir con lo básico.

Fumo marihuana… Pero mientras físicamente responda…no me preocupa.

-¿Te gustaría ser abuelo?

-Sí, sin duda, pero no por un mandato de mis hijos… (Piensa). Me encantan los chicos. Pero respeto sus tiempos, sus deseos, su proyección y también sus independencias. O sea, creo que en esta instancia, mi hijo, llevando la vida nómade que lleva, le sería difícil ser padre.

Hablabas de las dificultades de quienes viven en Haití y de Ani. ¿Qué carencias creés que tuviste vos en tu vida, tu infancia, aunque no sea en lo material?

-Acá voy a hacer psicología más barata (sonríe). Fue en una época previa al nacimiento de mi primer hijo. Entonces tuve bastante adicción a la cocaína. Pero era un emergente claramente, y tiene que ver con algunas carencias. O sea, más allá de lo que yo sea, lo que diga o no, la interpretación básica, psicoanalítica, indica que sí. Y no es al azar tampoco que haya dejado absolutamente la adicción de la cocaína, porque no volví más ni fui consumidor social después.

-¿La cortaste por completo?

-Exacto, la dejé por completo. Mirá, con esfuerzo, obviamente, porque tenía mucha adicción, me costó mucho. Entré a recuperar algunas cuestiones que en el circuito no te das cuenta, como cierta dosis de lucidez, del lado sensorial. Volví a respirar y sentir el placer del aire.

Grinbank y su mujer, la actriz de El Eternauta, Andrea Pietra.

-¿Dejaste tu adicción justamente al ser padre?

-Sí. Sentía que no estaba teniendo la conexión que quería, y lo atribuía mucho a la vida muy intensa de manager de rock, con giras y todo eso, y lo que conlleva, en esa época sobre todo. Tenía claro que si yo seguía manteniendo ese ritmo de vida, no podía tener la conexión de ser padre como yo quería, y como prioricé absolutamente ser padre, ahí hice un corte abrupto. Se me hizo más fácil largar todo, pero lo hice sin ninguna internación, ni tratamiento psiquiátrico, o psicológico. Pero valoro esta salida, ojo: cada uno tiene la propia en ese sentido. Por eso, a mí me sirvió mucho tener a mi hijo, y cuando hablás de carencias, evidentemente, había una carencia afectiva…

-Y muchas veces para no recaer es importante visualizar qué vacíos hay detrás del consumo, ¿no?

-Para mí lo bueno de haber dejado como lo dejé es que yo seguía teniendo contacto con un mundo donde la cocaína existía, donde venían músicos y me podían pedir y todo eso. Es verdad que cuando dejé, primero en forma abrupta, las primeras semanas me costó mucho. Después, tuve un día de gira que tomé y me di cuenta de la mierda que es esto. (Medita). Y esto es complicado, complejo, y hasta políticamente incorrecto decirlo, pero cuando veo esos ex adictos que se ponen a bajar líneas sobre la cuestión desde la religión… Soy agnóstico. Pero de ninguna manera voy a criticar a quien encontró su salida al volcarse a Dios.

Me arrepiento de haber producido discos como boludo en Ibiza, sólo porque me divertía la vida allá

-¿Vos sentís que desplazaste tu adicción a otro tipo de consumos? No necesariamente con una sustancia, claro.

-Para mí, la cocaína es muy traicionera. Por ejemplo, yo no la pondría en el mismo nivel que el fumo, por ejemplo. Te va generando una dependencia y una cuestión hasta cultural de consumo. Hay una canción de Frank Zappa que se llama Cocaine Decisions, que es muy elocuente, como que tomás muchas decisiones y decís: “¿Cómo pude haber hecho esto?” Y también a la vez, no me flagelo por haber pasado por eso, eh. Puedo juzgarme y decir: “¡Uy cuántas neuronas se me fueron!” Y también vi muchísima gente que no lo hizo a tiempo, y quedó seriamente dañada.

-¿Sentís algún daño post consumo, además de esas neuronas?

-Por ahí, más en decisiones que tienen que ver con lo laboral que en lo personal. Por ejemplo, me arrepiento de haber producido discos como boludo en Ibiza, sólo porque me divertía la vida allá.

-Cambiando de tema. Estudiaste aunque no terminaste la carrera de Sociología. ¿En qué sentís que te ayudó en tu vida?

-Me generó el hábito de la lectura. Pero sabía que de sociólogo no iba a laburar. Me gusta vivir en carne propia los procesos sociopolíticos en el mundo. Estuve en Berlín con la caída del Muro. También, me sirvió como experiencia haber estado en Jerusalén en determinados procesos. Sudáfrica me interesó mucho: ver todo lo que pasó con Mandela, más que nada.

¿Te impacta el paso del tiempo? ¿Tenés algún temor respecto a eso?

-Hace poco cumplí 72 años. Me siento muy bien y hago mucho para estar así: medicina neural, pilates. Me da más miedo el exceso de dulce de leche, porque sigo fumando y me agarra el bajón… (Ríe).

Fumo marihuana… Pero mientras físicamente responda y tenga acceso a todos los nuevos productos que los laboratorios van inventando, no me preocupa.

Dentro de mucho tiempo, ¿cómo te gustaría que te recuerden?

-Como yo recuerdo a mi viejo, que contaba antes. Es decir, seguir estando presente más allá de los hechos. En cuanto a la obra, la producción, creo que todo eso es efímero. Fui un productor que estuvo en tiempos indicados. En ese sentido, hay una cuestión de época. Pero tampoco me es tan relevante. Me es más importante saber cómo me van a recordar mis hijos, mi pareja, mis sobrinas. Eso es lo esencial: qué importancia tuve para ellos.



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