Según cuentan algunas mujeres, ser pareja de un músico de rock no es algo sencillo. Sin embargo, existen casos que rompen ese mito o tabú. Quizás uno de los más llamativo es el de Stella Maris Céspedes, compañera de vida de Gustavo Cordera (64) desde hace 36 años.
La historia de esta mujer de sonrisa constante se remonta a la segunda mitad de los ‘80, cuando conoció a Gustavo Cordera, el cantante, en sus inicios con Bersuit Vergarabat, a través de su hermano Pepe Céspedes (60), bajista fundador de la banda nacida en un Centro Cultural en Avellaneda.
Con apenas 18 años, Stella conoció al vocalista y meses después se pusieron de novios, para luego atravesar todos los momentos sinuosos que, por aquel entonces, generaba la decisión de apostarlo todo a acompañar la vida de un rockero: desde el under profundo, pasar por graves inconvenientes económicos e, incluso, los vaivenes de la fama.
En ese largo trayecto nacieron tres hijos (Ailén, Yanela y Gino), hubo distanciamientos familiares por no poder pagar el alquiler hasta por fin abrazar el confort y la estabilidad económica, cuestión más que novedosa para esa familia.
En parte de ese proceso, a su vez sucedió la salida de su marido de la banda en la que estaba desde 1988. Pero, al poco tiempo, surgió la decisión de encarar un proyecto solista, que ya lleva 17 años, y en el que el Cordera solista decidió sumar a su esposa, Stella y también a su hija del medio, Yanela, como coristas.
Ahora, la novedad consiste en que el nuevo álbum de Gustavo Cordera y La Caravana, La fuente, cuenta por primera vez con Stella (apodada “Pepa” en la intimidad, por ser la hermana de Pepe de Bersuit) entona una canción de su autoría en formato de cumbia (La bandera), cuya letra describe un aspecto personal de su pareja estable de toda la vida.
En esta ocasión, la cantante además asumió el rol de productora del álbum: un inesperado desafío de alta gama para ella misma, según señala.
Por lo tanto, hoy no solo existe una sociedad familiar entre ella y el Pelado, sino también laboral.
Su primera entrevista
El sol se posa con prisa cuando aún es de tarde en Buenos Aires, a pocos días de arribar el invierno. Por tal razón la terraza de un hotel céntrico es la mejor alternativa para las fotografías.
Luego, ya en el restaurante del hotel, Gustavo Cordera y su hija Yanela la esperan en una mesa, sentados, disfrutando de unos cafés. En realidad, la presencia de ambos tiene que ver con un “apoyo moral” a la matriarca de la familia quien encara, por primera vez desde que se volcó al canto, la interpelación de un periodista de un medio de lectura masiva.
“Estoy un poco nerviosa ante este encuentro. Pasa que es un momento bisagra, todo esto es nuevo en mi vida. No me imaginé ni nunca me propuse; de hecho, realizar la pre producción de las canciones de Gustavo es increíble. Más allá de que hace 36 años que lo acompaño a estudios y de que mi hermano también es productor”, expresa, de entrada, con una sonrisa inquietante.
Desde muy pequeña, Stella está acostumbrada a grandes desafíos, pese a que no hayan dependido exclusivamente de ella.
“Yo fui a seis escuelas distintas, siempre estuve en la constante adaptación. Siempre mudándonos, en un vecindario nuevo, nunca pudiendo generar un grupo de amigos. Mi padre trabajaba en el puerto, yo soy hijo de inmigrantes”, revela. Y prosigue: “Mamá era maestra. Ella una vez discutió con mi abuelo, le dio un cachetazo y se vino a vivir desde Paraguay aquí junto a mi papá”.
Entre mudanza y mudanza, Stella repitió tercer año de la secundaria. Y, a los 18 años, conoció a quien hasta la fecha es su compañero de toda la vida.
“En realidad Pepe no me lo presentó, sino que una vez ellos estaban en casa probando un equipo de bajo que habían comprado y yo los vi. Esa vez, Gustavo estaba con su novia de entonces. Yo tan sólo los saludé y pasaron varios meses hasta que empezamos a salir”, rememora.
“Mi hermano me llevó a Arlequines y por aquel entonces Coco Sily era el manager del grupo. Iban a salir a tocar y dentro del camarín Gus me preguntó: ‘¿Qué te parece cómo quedó pintado mi rostro?’. Lo habían maquillado. Y yo le dije: ‘¿La verdad? No me gusta’. Ahí fue cuando conectamos y nos dimos el primer beso”, confiesa.
Stella Maris Cordera conoce de primera mano todos los recovecos del rock and roll. Ahora debutó como compositora y productora. Foto: Martín BonettoRecuerdos de una vida intensa
Con Gustavo, nueve años mayor que ella, Céspedes atravesó innumerables situaciones de todo tipo: desde acompañar diversos procesos junto a su banda de rock hasta la crianza de tres hijos, entro otros tantos temas.
“Lo mío fue todo muy intenso. Imaginate que fui madre por primera vez a los 23 años y vivimos de todo. Incluso pasó mucho tiempo para que realmente encontremos una estabilidad”, subraya. Cuenta que llegaron a montar un puesto de chipa y sopa paraguaya en la Feria de Mataderos para poder pagar el alquiler. “Ese puesto lo consiguió Gustavo a través de un primo suyo, que era el hijo de uno de los responsables de la feria. Y, como soy hija de paraguayos, qué mejor que cocinar comida típica. Mis tías amasaban la chipa, la cocinábamos y la vendíamos ahí mismo”, revela con su mirada puesta en el pasado.
También hubo otro difícil momento en el que Gustavo se tuvo que vivir en la ferretería de un amigo suyo en Dock Sud, mientras Stella montó con su hermano un kiosco en Almagro, sobre la calle Medrano, pero terminaron por fundirse.
Antes de ocupar una casa deshabitada en Dock Sud, llegó el distanciamiento con su futuro marido. “Me fui con mi hija mayor a vivir a lo de mi mamá. No había tiempo para sufrir, pero sí para ‘fisurar’. Es que la fisura es cuando uno la pasa mal, pero no llega a conectar con el sufrimiento”, reflexiona.
En la época que Bersuit tocó techo, con ocho shows consecutivos en el Luna Park, además de llenar el Estadio de River Plate, la popularidad los tomó por asalto: según cuenta Stella, recibieron amenazas de muerte e incluso se vieron obligados a cambiar de número de teléfono “porque hasta la hinchada de Lanús se comunicaba con nosotros”, por nombrar tan sólo algunos episodios que los llevó a mudarse a una casa de verano que tenían en La Paloma, Uruguay. En esa misma ciudad balnearia vivía el productor Daniel Kon cuando formó pareja con la historietista Maitena, amigos de la familia Cordera.
Stella Maris Céspedes. Durante las malas épocas, con su marido Gustavo Cordera abrieron un puesto de chipa en la Feria de Mataderos. Foto: Martín Bonetto“Sucedía que yo tenía que cuidar a mis tres hijos, porque ya había nacido Gino. Y la verdad yo tenía miedo: me la pasaba la mayor parte del tiempo sola, porque Gustavo salía de gira. Una vez abrimos la puerta del departamento donde vivíamos en San Telmo y había unas personas allí esperándonos. ¡Ni idea cómo lograron ingresar y subir hasta casa!”, exclama con sus ojos bien abiertos.
El traslado a Uruguay, según resalta Céspedes, fue un verdadero cable a tierra: “Daniel nos invitó una vez a veranear, cuando Ailén aún tenía sólo dos años. Ahí sentimos ausencia de estímulos: jugábamos a la paleta en la playa, lo más cercano a una vida normal”, especifica.
Fin de Bersuit y el nuevo rol de corista
Después llegó la ida de Gustavo Cordera de Bersuit. Y, al mismo tiempo, comenzar una nueva etapa en la que ella, tras estudiar canto, se sumó a los coros con su hija del medio, Yanela, también en el rol de acompañamiento.
Stella Maris Céspedes, Gustavo Cordera y Yanela, una de los tres hijos de la pareja. Foto: Martín Bonetto “Las cosas quedaron raras cuando Gustavo no estuvo más con sus ex compañeros. En el medio del conflicto quedó también el tema familia. Pepe, mi hermano mayor que toca en Bersuit, lo es todo para mí, lo amo mucho. Y fue precisamente él quien un día me llamó y me citó en un bar de San Telmo. Hablamos con sinceridad. Y él me dijo que pase lo que pase, éramos hermanos por sobre todas las cosas. Me hicieron muy bien sus palabras”, devela.
A su vez, no tardó demasiado a que sucediera otro conflicto de envergadura, tras un grave exabrupto de Cordera sobre violación en una escuela de periodismo, por la que no fue condenado a prisión, pero la justicia le otorgó una probation. Y fue cancelado en los medios, y shows suspendidos.
“Eso momento fue durísimo y de mucha tristeza. Yo me puse en modo mamá y protegí a mi manada. Yo hablé muchísimo con mis hijos sobre lo que pasa adentro de casa a diferencia de lo de afuera. En su momento, mi hija Yanela salió a hablar porque lo sintió desde el alma, incluso hasta la pasaron en el programa de Mirtha Legrand. Lloramos, nos abrazamos y aprendimos de aquello”, declara con seriedad.
“Yo sigo estudiando todo el tiempo. Estoy todo el día ocupada: aprendiendo, investigando, incluso empecé a dar clases de canto en tiempos de pandemia. Siempre fui una luchadora. Y siempre miré para adelante”, culmina.















