Atender una llamada en un colectivo, una sala de espera o un restaurante produce comportamientos diferentes. Algunas personas continúan hablando con normalidad mientras otras, casi automáticamente, bajan la voz aunque estén conversando sobre algo tan cotidiano como la cena o los planes para el fin de semana.

La reacción no significa necesariamente que quieran esconder algo. Las investigaciones sobre privacidad muestran que las personas establecen límites sobre quién puede acceder a sus conversaciones, mientras que otros estudios encontraron que escuchar solamente una parte de una llamada resulta particularmente difícil de ignorar.

Por qué privacidad no significa tener algo que ocultar

La psicología estudia desde hace décadas cómo las personas administran su privacidad. Uno de los trabajos clásicos fue desarrollado por Valerian J. Derlega, de Old Dominion University, quien abordó la privacidad como un proceso de regulación de límites.

Desde esa perspectiva, una persona puede decidir cuánto quiere compartir y con quién sin que la información sea necesariamente secreta o comprometedora. Bajar el volumen de la voz puede funcionar entonces como una forma sencilla de limitar la cantidad de personas que acceden accidentalmente a una conversación

El experimento sobre las llamadas que escuchamos sin querer

Una investigación de Lauren Emberson, Gary Lupyan, Michael Goldstein y Michael Spivey, de Cornell University, analizó un fenómeno que se volvió cotidiano con la expansión de los teléfonos celulares.

Los científicos realizaron dos experimentos para comparar qué ocurría cuando los participantes escuchaban una conversación completa, un monólogo o solamente uno de los lados de una llamada telefónica. Este último formato fue denominado halfalogue: quien está cerca escucha las respuestas de una persona, pero nunca sabe exactamente qué está diciendo su interlocutor.

Estudios sobre privacidad y atención explican por qué algunas personas regulan el volumen de su voz y qué ocurre con quienes oyen la conversación alrededor.

Por qué escuchar media conversación distrae más

El estudio, publicado en Psychological Science, encontró que escuchar solamente una parte de la conversación podía interferir más con la atención y el rendimiento en otras tareas que escuchar un diálogo completo.

Los investigadores apuntaron a una característica fundamental: la imprevisibilidad. Cuando se escuchan ambos lados, resulta posible anticipar hacia dónde se dirige el diálogo. Con una llamada telefónica eso desaparece. Se oye una respuesta, aparece un silencio y después llega una frase cuyo contexto permanece oculto.

Cuando se escuchan ambos lados, resulta posible anticipar hacia dónde se dirige el diálogo.

El cerebro intenta completar esa información faltante, lo que puede hacer más difícil ignorar la conversación.

Por qué las llamadas pueden molestar a quienes están cerca

Otra investigación, realizada por Nate Sutter y Thomas Holtgraves, estudió cómo reaccionaban las personas ante conversaciones públicas por teléfono celular.

Por qué las llamadas podrían molestar a las personas que están cerca.

Los resultados mostraron que las llamadas en las que los observadores podían escuchar solamente a uno de los interlocutores eran percibidas como más notorias, intrusivas y molestas. Esto ofrece otra explicación para bajar la voz en público: además de proteger la propia privacidad, puede tratarse de una norma de cortesía destinada a reducir la interferencia sobre quienes comparten el espacio.

Qué cambia cuando hay desconocidos alrededor

Doris Teutsch, Philipp Masur y Sabine Trepte estudiaron cómo cambia la percepción de privacidad según el medio utilizado y las circunstancias de una conversación. En el caso de las llamadas, la presencia de otras personas modificaba la sensación de privacidad. Entre las estrategias utilizadas para manejar esa situación aparecían buscar un lugar apartado o directamente posponer la conversación.

La privacidad, por lo tanto, no depende exclusivamente del contenido. También intervienen el lugar, las personas presentes y cuánto control siente tener cada individuo sobre quién escucha.

¿Puede aprenderse este comportamiento durante la infancia?

Una explicación posible es que las experiencias familiares influyan en la manera en que posteriormente se administra la información personal.

Investigaciones con adolescentes muestran que la autonomía, la revelación voluntaria de información y la percepción de invasiones de privacidad están relacionadas. Los jóvenes no son receptores pasivos: también desarrollan estrategias para decidir qué cuentan a sus padres y qué prefieren reservarse.

Sin embargo, la evidencia disponible no permite dar el siguiente paso y afirmar que un adulto habla bajo porque durante su infancia aprendió que ser escuchado tenía consecuencias. No existen estudios que hayan demostrado directamente esa relación a largo plazo.

Un hábito que puede tener explicaciones mucho más simples

Hablar bajo por teléfono tampoco permite determinar la personalidad de alguien. No demuestra que sea reservado, desconfiado o que tenga algo que esconder. El comportamiento puede responder a la privacidad, la cortesía, las normas sociales, el lugar o simplemente a un hábito adquirido.

Lo que la investigación sí permite entender es por qué una llamada aparentemente inofensiva involucra mucho más que dos personas hablando. Mientras una intenta decidir quién puede escucharla, quienes están alrededor pueden estar haciendo exactamente lo contrario: tratando de no prestar atención a una conversación que su cerebro insiste en completar.



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