Pedro Trapote es el dueño de Chocolatería San Ginés, uno de los locales más emblemáticos del centro de Madrid, y a sus 86 años continúa al frente del negocio. Todos los días, cientos de turistas se sientan en las tradicionales sillas verdes del local para degustar un chocolate caliente con churros.

Además de San Ginés, es fundador de Joy Eslava, una histórica discoteca ubicada a pocos metros de la Puerta del Sol. En diálogo con El Mundo, asegura que no quiere dejar de trabajar y que, para él, “jubilarse es empezar a morir”.

San Ginés abrió sus puertas por primera vez en 1894, de la mano de José Ramón del Castillo, y hace 45 años Trapote adquirió el local. Fue él quien se encargó de popularizarlo y llevar el negocio más allá de España. En las últimas décadas, llegó a Tokio y Shanghái y continuó su expansión por México y Argentina.

Los inicios de Pedro Trapote como empresario

La vida de Trapote no siempre estuvo vinculada a los negocios. Su padre era carpintero y, ante la falta de oportunidades, la familia tuvo que mudarse de Barcelona. Esas dificultades marcaron su forma de entender el trabajo y le enseñaron a valorar cada oportunidad.

Hoy, a sus 86 años, asegura que necesita “estar encima de los negocios, de ampliarlos en la medida de lo posible”. Según él mismo cuenta, su trabajo como jurado de los Premios Jaime I de Valencia también lo impulsa a continuar. “Ves gente con unas inquietudes empresariales tan maravillosas que te anima a seguir. Te contagian“, dice.

En sus inicios como empresario, tuvo un local de artesanía y marroquinería de lujo orientado al turismo en Sitges, Cataluña. “Fue allí donde me di cuenta perfectamente de que el turismo iba a ser la auténtica fuente de riqueza de España”, cuenta en una entrevista con el medio español.

Para conocer qué les gustaba a los turistas, decidió viajar por el mundo y descubrirlo de primera mano. A finales de los 70, se enteró del éxito de Studio 54, una discoteca neoyorquina y decidió viajar a Estados Unidos para conocerla.

Al regresar a su tierra natal, decidió comprar un viejo teatro que, después de un par de años de refacciones y reformas, se convertiría en la sala Joy Eslava. “Todo era barro, madera y corcho”, recuerda. En febrero de 1981, Joy abrió sus puertas.

San Ginés, un clásico madrileño: chocolate caliente y churros

Tiempo después de abrir Joy Eslava, Trapote se dio cuenta de que cuando la discoteca cerraba, cientos de personas salían en busca de algo para comer antes de regresar a sus casas.

Esa escena fue la que le permitió detectar una oportunidad. Trapote decidió comprar la tradicional chocolatería madrileña y, con el tiempo, la convirtió en un negocio con presencia internacional.

Chocolatería San Ginés, Madrid. Foto: Instagram.

Según El Mundo, San Ginés recibe cerca de dos millones de visitantes al año y se convirtió en una parada casi obligada para los turistas que llegan a la capital española.

El chocolate caliente con churros es la especialidad de la casa. “Es un producto muy humilde, el churro con chocolate, pero muy agradable”, resume el propio Trapote.

La continuidad del negocio familiar

Lejos de conformarse con haber convertido San Ginés en uno de los puntos más emblemáticos de Madrid, Trapote mantiene la mirada puesta en el futuro y busca nuevas formas de expandir el negocio.

“Yo tengo la ilusión de que mientras Dios me dé fuerzas, podamos seguir ampliando este concepto”, asegura. Sus hijos también trabajan con él y todo apunta a que la próxima generación continuará al frente del negocio familiar.

Chocolatería San Ginés, Madrid. Foto: Instagram.

“Ya se han incorporado también Pablito y Álvaro, dos de mis nietos. Me dicen: ‘Papá, ya puedes descansar’. Y yo les respondo que primero me tienen que demostrar que son capaces de que el barco llegue a buen puerto. Todos están muy integrados”, relata.

Como Trapote aún trabaja, todavía sigue dado de alta como autónomo. “Llevo 58 años y siete meses cotizando. No llego a 500 euros de pensión y pago 300 de cuota de autónomos”, cuenta sobre su situación actual.

Mientras tanto, el empresario continúa atento a las nuevas oportunidades para San Ginés. “Ahora nos están pidiendo los hoteles de cinco estrellas el desayuno San Ginés en la carta. Esto es un campo que estamos abriendo”, cuenta.

Sin embargo, más allá del éxito de sus negocios, Trapote asegura que lo que mayor satisfacción le produce es poder generar empleo. “Lo que más orgullo me da, por mi origen, es poder dar trabajo a la gente. Crear puestos de trabajo es lo más importante que he hecho y que podré hacer”, finaliza.



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