Durante décadas, miles de truchas vivieron en lagos de alta montaña de California donde naturalmente no existían peces. Habían sido introducidas para fomentar la pesca recreativa, pero con el tiempo se convirtieron en una amenaza para uno de los habitantes originales de esos ecosistemas: las ranas de patas amarillas de montaña.

En 2001, el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos (NPS) comenzó a retirar las truchas de distintos lagos de los parques nacionales Sequoia y Kings Canyon. Para 2011, los equipos habían eliminado casi 44.000 peces de 19 lagos.

La presencia de truchas en estos ambientes fue consecuencia de una transformación que comenzó mucho antes. Entre 1870 y 1988, diferentes especies fueron introducidas en lagos, estanques y arroyos de Sequoia y Kings Canyon, principalmente para generar nuevas oportunidades de pesca.

Muchos de esos cuerpos de agua habían evolucionado durante miles de años sin peces. Las especies nativas, por lo tanto, quedaron expuestas a depredadores que antes no existían. Entre las más afectadas estuvieron las ranas de patas amarillas. Las truchas pueden alimentarse de sus renacuajos y ejemplares pequeños.

Uno de los casos más llamativos ocurrió en Upper LeConte Canyon, donde el NPS siguió la evolución de tres lagos incluidos en el programa de restauración.

Cuando comenzaron los trabajos en 2001, los investigadores contabilizaron aproximadamente 190 ranas y renacuajos. La mayoría de las truchas fue retirada durante los años siguientes. Para 2004, el número de anfibios contabilizados en esos mismos ambientes había aumentado a más de 18.800.

La expansión no terminó allí. Más de 2.000 ranas colonizaron otros dos lagos cercanos.

Eliminar peces de lagos remotos de Sierra Nevada implicó años de trabajo. Los equipos utilizaron principalmente redes y técnicas de pesca eléctrica, que permiten aturdir temporalmente a los peces para capturarlos.

Entre 2001 y 2011 retiraron cerca de 44.000 ejemplares de 19 lagos. En nueve consiguieron eliminar completamente las poblaciones de truchas.

La estrategia no consiste en retirar todos los peces de Sierra Nevada. Los responsables seleccionan determinados ambientes donde las especies introducidas representan una amenaza especialmente importante para la fauna nativa.

La relación entre las truchas y el retroceso de las ranas también fue puesta a prueba mediante experimentos científicos. Un estudio publicado en 2004 analizó cinco lagos donde se retiraron peces y otros 16 utilizados como controles. Los científicos encontraron una rápida recuperación de las poblaciones de ranas después de eliminar las truchas introducidas.

Los investigadores realizaron además un experimento con truchas arcoíris colocadas en jaulas y comprobaron que los renacuajos eran vulnerables a su depredación. Los resultados ayudaron a demostrar que la recuperación observada no era simplemente una coincidencia temporal.

La recuperación de algunos lagos no significa que las ranas de patas amarillas hayan dejado atrás sus problemas. Sus poblaciones sufrieron importantes retrocesos en Sierra Nevada y los peces introducidos representan solamente una de las amenazas.

Otra es la quitridiomicosis, una enfermedad causada por un hongo que afecta a anfibios y ha provocado disminuciones de poblaciones en distintas regiones del planeta. El cambio climático y las alteraciones de los ambientes acuáticos también forman parte de un escenario complejo para su conservación.

Las consecuencias de introducir truchas tampoco se limitan a las ranas. Estos peces consumen insectos acuáticos y zooplancton, por lo que pueden modificar las relaciones entre distintas especies dentro de lagos que originalmente carecían de grandes depredadores acuáticos.

La experiencia de Sierra Nevada muestra también la capacidad de recuperación de algunos ecosistemas cuando desaparece una presión introducida por los seres humanos. En apenas tres años, los tres lagos monitoreados pasaron de albergar unos 190 anfibios a más de 18.800.

Las truchas habían permanecido allí durante generaciones. Cuando comenzaron a desaparecer, una especie nativa encontró nuevamente espacio para multiplicarse.



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