El cáncer es una de las enfermedades que puede afectar a la próstata. Es, a menudo, la más “temida” por los varones. Se trata del tercer tipo de cáncer que mayor cantidad de muertes ocasiona anualmente en la población masculina en el país (alrededor de 3700), mientras que se detectan casi 12 mil nuevos casos al año.

Se estima que uno de cada seis a ocho hombres tendrá cáncer de próstata. Detectado en forma temprana (se aconsejan controles urológicos a partir de los 50 años, o antes en caso de antecedentes familiares), tiene altas chances de curación.

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Por eso, aquellos varones diagnosticados con cáncer de próstata no metastásico (es decir, que el tumor no se propagó a otros órganos y tejidos) generalmente pueden esperar vivir muchos años después del diagnóstico, por lo que “existe la necesidad de recomendaciones sobre estilo de vida basadas en la evidencia que mejoren la supervivencia”, advierten los autores de un estudio publicado en JAMA Network Open, que sugieren que el tipo y la fuente de grasas que se consumen en la dieta podrían marcar una diferencia.

El trabajo, realizado en conjunto por investigadores del Instituto de Investigación del Centro de Salud de la Universidad McGill (Canadá) y la Escuela de Salud Pública de Harvard (Estados Unidos), incluyó a casi 5000 hombres con cáncer de próstata no metastásico, a quienes se les realizó un seguimiento durante una mediana de casi 13 años.

A partir del análisis de los datos recopilados durante más de tres décadas, los investigadores concluyeron que el tipo y la fuente de grasa consumida después del diagnóstico estaban asociados con la supervivencia a largo plazo.

¿Qué encontraron? Que una mayor ingesta de grasas saturadas, así como un mayor consumo de grasas animales (fuente importante de grasas saturadas), se asociaron con una mayor mortalidad por todas las causas. Estas asociaciones no se debieron al cáncer de próstata en sí, sino principalmente a muertes por enfermedades cardiovasculares y, en menor medida, por otros tipos de cáncer.

“Nuestros hallazgos sugieren que la dieta después del diagnóstico puede ser un componente modificable de la atención, ampliando el enfoque más allá del control del tumor original. Proteger la salud cardiovascular y general es una parte esencial del tratamiento del cáncer de próstata, sobre todo porque algunos tratamientos pueden afectar la salud metabólica y cardiovascular”, afirmó en un comunicado de prensa de la Escuela de Salud Pública de Harvard la coautora principal Lorelei Mucci, profesora de epidemiología en esa institución académica.

El análisis reveló que los hombres que se ubicaban en el grupo con mayor consumo de grasas saturadas presentaban una tasa de mortalidad un 24% superior durante el seguimiento que aquellos con menor ingesta.

Los investigadores utilizaron modelos estadísticos para estimar el impacto potencial de reemplazar ciertas grasas con alternativas más saludables, manteniendo una ingesta calórica total similar.

Hallaron que reemplazar aproximadamente el 10% de las calorías diarias provenientes de grasas animales (presentes fundamentalmente en carnes rojas, embutidos y lácteos enteros) por grasas de origen vegetal se asoció con una tasa de mortalidad un 16% menor por cualquier causa.

De manera similar, reemplazar aproximadamente el 5% de las calorías diarias provenientes de grasas saturadas con grasas monoinsaturadas se asoció con una tasa de mortalidad un 20% menor.

“El mensaje central no es simplemente comer menos grasa. Más bien, el tipo y la fuente parecen ser importantes. Reemplazar algunas grasas animales y saturadas con grasas vegetales e insaturadas puede contribuir a la salud a largo plazo después de un diagnóstico de cáncer de próstata”, afirmó el coautor principal David P. Labbé, científico del Programa de Investigación del Cáncer del Instituto y profesor asociado del Departamento de Cirugía de la Universidad McGill.

En la práctica, eso se traduce en la recomendación de priorizar el consumo de aceite de oliva, frutos secos, semillas, palta y legumbres (como lentejas, garbanzos y porotos) y moderar la ingesta de manteca, carnes grasas y ultraprocesados.

Es que proteger el corazón resulta fundamental para la población general, pero en particular en quienes hayan atravesado un cáncer, ya que diversos tratamientos oncológicos y hormonales pueden alterar el perfil metabólico y cardiovascular.

Los hallazgos de la investigación coinciden con estudios realizados en personas sanas (sin cáncer) y con las recomendaciones dietéticas de la Asociación Americana del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés).

Sin embargo, los autores recalcaron que el estudio muestra asociaciones y no establece una relación de causa y efecto. Los resultados no deben interpretarse como una recomendación para seguir una dieta restrictiva o eliminar por completo los productos de origen animal, aclararon.

“La conclusión es que hay que priorizar las sustituciones sencillas: elegir con más frecuencia aceite de oliva, frutos secos, semillas, palta y otros alimentos de origen vegetal en lugar de alimentos ricos en grasas animales o saturadas”, insistió otro de los autores, Edward Giovannucci, profesor de nutrición y epidemiología en Harvard.

Más y mejor calidad de vida

Un estudio previo publicado en 2024 en la revista Cancer había analizado a 3.505 participantes con cáncer de próstata no metastásico de la misma muestra (el Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud, un estudio prospectivo de larga duración que comenzó en 1986) pero, a diferencia de la investigación más reciente, enfocada en la mortalidad a largo plazo, se concentró en cómo influyen las elecciones nutricionales en la calidad de vida.

Al evaluar los síntomas mediante cuestionarios clínicos estandarizados, los investigadores (algunos participaron en ambos estudios) hallaron que una mayor adherencia a una dieta basada en alimentos de origen vegetal se asocia de forma consistente con mejores puntuaciones en la función sexual (menor disfunción eréctil) y en la salud urinaria, reduciendo la incontinencia y los síntomas obstructivos o irritativos.

Además, hallaron que el aporte de fibra, antioxidantes y polifenoles demostró beneficios significativos en la salud hormonal (que evaluó síntomas como falta de energía, depresión y sofocos).

“Nuestros hallazgos ofrecen esperanza a quienes buscan formas de mejorar su calidad de vida después de someterse a cirugía, radiación y otras terapias comunes para el cáncer de próstata, que pueden causar efectos secundarios importantes”, decía la autora principal del estudio y uróloga Stacy Loeb, en un comunicado difundido por la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York.

Loeb –autora también del trabajo reciente– decía que “agregar más frutas y verduras a la dieta, mientras se reduce la carne y los lácteos, es un paso sencillo que los pacientes pueden dar”.

Dieta para la salud prostática

En el marco del Día de la Salud Prostática, que se conmemora hoy 15 de septiembre, Gonzalo Vitagliano, jefe de Uro-Oncología del servicio de Urología del Hospital Alemán de Buenos Aires, aclaró que, si bien “no existe una estrategia capaz de evitar por completo las enfermedades prostáticas”, sí hay medidas que ayudan y que la evidencia científica ya ha demostrado que la dieta “juega un papel fundamental en la salud prostática”.

Tanto para la prevención, como en pacientes que se encuentren en tratamiento o seguimiento por un cáncer de próstata, aconseja seguir un plan alimentario que incluya:

✔ Verduras de la familia de las crucíferas, como el brócoli, el repollo y la coliflor

✔ Vegetales ricos en omega-3

✔ Alimentos ricos en vitamina E como los aceites vegetales, frutos secos y semillas, germen de trigo y granos enteros

✔ Alimentos ricos en fibra, como los cereales integrales

✔ Alimentos ricos en licopeno como el tomate, pomelo rosado y sandía

✔ Alimentos ricos en selenio, como los frutos secos, mariscos, pescado, salvado de trigo, germen de trigo, la avena y el arroz integral

✔ Soja: sus isoflavonas ayudan a reducir los niveles de dihidrotestosterona (DHT), una hormona masculina que favorece el crecimiento excesivo de tejido de la próstata

✔ Evitar los picantes, el alcohol, la cafeína y aquellas sustancias que irriten el tracto urinario

✔ Disminuir el consumo de carnes rojas y grasas saturadas

✔ Beber mucho líquido para mantener la vejiga limpia

➪¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a buenavida@clarin.com



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