No creas ni en la plata ni en la encuestas
Entra el Gobierno en la región más transparente de la política. Lo distraen prejuicios que tampoco son exclusivos suyos. Creen que para ganar en las elecciones hay que mostrar una economía próspera. Creen que las ráfagas de popularidad traen votos.
Tampoco es lo contrario, pero está probado que pese a la mala economía un peronismo logró en 2023 el 44% de los votos y quedó en el borde de ganarle a Milei en primera vuelta. Ni el desprestigio de Sergio Massa, ni la economía que nos legó, impidieron que el peronismo fuera competitivo en esas elecciones. Tampoco en las de 2025, cuando perdió, pero retuvo el 34% de los votos.
Las elecciones son procesos sistémicos, que fluyen de abajo hacia arriba y que descansan sobre la fidelidad de familias políticas a lo largo del tiempo. Creer que mejorar la imagen o mortificar al soberano con un ajuste colosal traen votos es una ilusión que se disipa cuando se ingresa en la región más transparente de la política, que es la lucha por el poder.
Para peor, la angustia ante los números de la economía, y de caída de prestigio, ocurren en tiempos cuando cada pelo hace sombra en la rueda, y te cuentan las costillas cada vez que salís a la calle. Esta semana la oposición espera que Martín Menem convoque a una sesión especial con un menú odioso para el Gobierno.
Nació de una juntada de 133 votos en la última sesión para tratar proyectos de discapacidad y deudores financieros. Fracasó el intento de introducir el tema, pero que se junten los 133 le hizo pensar que lo pueden repetir para el quórum de este miércoles 9.
Gobernadores amigos en rosca misionera
La proeza de la oposición es mantener ese quórum hipotético, tanto como para el Gobierno es clave hacer fracasar la reunión. Puede ser otro Waterloo de la dimensión del que sufrió el Gobierno en el Senado cuando se trató la desguazada Ley de inviolabilidad de la propiedad.
Para este propósito, fue clave lo que pudieron hablar durante la mañana en Misiones los gobernadores amigos del gobierno que asistieron a la conferencia del IAEF: Raúl Jalil, Alfredo Cornejo, Hugo Passalacqua y Juan Pablo Valdés.
No llegaron a entrevistarse con Milei, orador de esa cita de expertos, pero hicieron rosca para comentar temas pendientes como reforma política y la asistencia de sus delegados legislativos a las sesiones de esta semana.
El Senado, aunque no ha anunciado aún la convocatoria, espera sesionar para tratar dos proyectos que interesan a todos: uno es el que deroga leyes inútiles, llamado “hojarasca”, y otro es el que modifica el régimen de biocombustible, que suele enfrentar, como en las películas del Far West, a provincias petroleras con provincias agrarias.
A los que están contra, ni agua
Como se trata al fin de cuestiones fiscales, el Gobierno sostiene la plaza ante despachos de minoría de la oposición, que pueden producir cambios en las votaciones en particular. Algunas objeciones son razonables, como la que reclama un despacho de mayoría del bloque de Convicción Federal -que integra el catamarqueño Guillermo Andrada-, que reclama la función del Congreso a la hora de revisar la legislación vigente útil o inútil.
El dictamen de minoría recuerda que existe una Comisión Bicameral del Digesto Jurídico que duerme sin atenuantes, y que debería intervenir en este proceso de limpieza y desmonte de las leyes inútiles. Otro asunto caliente en tiempos de elecciones, y que figura entre la hojarasca, es la intención de eliminar el subsidio estatal a la Federación Argentina de Municipios.
Es un sello que encubre una organización federal que suele dominar el peronismo y que articula, como el Consejo Federal de Inversiones, compromisos, acuerdos, relaciones entre distritos y aun con organizaciones del exterior. Su rol es político y lo demostró en el debate del capítulo de Tierras de la Ley de propiedad, que rechazó con éxito.
El presidente de la FAM es Fernando Espinoza, intendente de La Matanza -el distrito más grande de la provincia de Buenos Aires en cantidad de votantes- que además es precandidato a gobernador por el peronismo.
Es uno de los cuatro que compite, junto a Julio Alak, Gabriel Katopodis y Jorge Ferraresi. Es razonable desde la lógica del oficialismo que se intente desfinanciar a la FAM. “A los que están en contra del cambio, ni agua. No hay que darles nada”, ha dicho el coloso.
El gran renuncio de Milei
En ese clima, el Gobierno probará si el “malvinazo” de la semana anterior le rinde o si puede convocar contraataques que busquen empardar posiciones. El Gobierno, en realidad, ratificó leyes y proyectos que existen o que, en todo caso, parecían demorados.
Ya hay sanciones impresas y advertencias que seguramente encarecen los emprendimientos de las empresas que incursionan en el mar argentino ocupado en torno a Malvinas.
Esa ratificación de la política exterior de la Argentina es un rapto de madurez dictado por la necesidad, pero que es inevitable en el fondo. Lo prueba una frase poco citada del discurso de Milei en la catarata de comentarios que provocó el anuncio:
“Podemos discutir sobre cualquier otra cosa, podemos discutir mis formas, podemos estar en desacuerdo sobre la política fiscal o cambiaria, pero este tema demanda una pausa, demanda que hagamos nuestras armas a un lado y mostremos un frente unido ante el mundo, como nación y como sociedad. Porque hay causas que están por encima de cualquier diferencia política. Malvinas es una de ellas”.
Vaya renuncio, pero hubiéramos empezado por ahí, porque de eso se trata hacer política.
Se puede volver en contra
El Gobierno deberá mostrar que no ha sido una maniobra “a lo Messi” de protagonizar una remontada, ante la caída de prestigio que le trajeron los desaciertos en el último tramo de la Copa del Mundo. Las críticas al “sabanazo” con la leyenda de Malvinas; a quienes hicieron flamear, la ausencia en la entrega de las medallas en el partido final, etc., erizaron aún más la caída de prestigio de Milei y del Gobierno.
Mantenerse en el tema Malvinas de manera equivocada le hizo tocar un cable pelado que era necesario remendar. Entrar en la discusión fina de estos temas demanda estrategia fina y algo de poder. La estrategia es la misma que ha sostenido históricamente la Argentina y es un rapto de normalidad. Con esto solo, Milei podría esperar alguna mejora de su posición en la escala de popularidad.
Pero depende también de que la estrategia de la oposición sea fina, para no entrar en una polarización enfermiza en un tema como Malvinas. El riesgo final es el descrédito de todos; estas banderas pueden volverse en contra de quienes las agitan.
Le pasó a Cristina con Irán
Cristina Kirchner se enredó en el tema Irán cuando Estados Unidos le pidió colaboración al Gobierno para que la Argentina proveyese el uranio necesario para llegar a un acuerdo que desmontase el programa nuclear bélico.
En noviembre de 2010, Gary Samore -excoordinador de la Casa Blanca para Armas de Destrucción Masiva, Contraterrorismo y Control de Armas de Obama, pero que antes se había desempeñado en la misma área con otras funciones durante las presidencias de Ronald Reagan y Bill Clinton- le pidió a la Argentina que considerase la posibilidad de venderle uranio enriquecido a Irán si prosperaba una conversación con ese país para limitar el proyecto nuclear.
Cristina pidió a cambio que en la mesa de negociaciones se discutiesen, además, las responsabilidades iraníes en el abominable atentado a la AMIA. Estados Unidos se negó y desde ahí se dispararon consecuencias que se le volvieron en contra al Gobierno argentino, como la muerte de Alberto Nisman y el procesamiento de los funcionarios de entonces por traición a la patria.
Así, una iniciativa de buena fe como el reclamo de ayuda a la Argentina para encauzar las relaciones con Irán desembocó en un caso que se le vino encima al Gobierno.
YPF, otro búmeran carísimo
Del mismo modo, cuando se expropiaron las acciones de Repsol en YPF en 2012, el Congreso aprobó esa iniciativa con votos del oficialismo y de la oposición. Pero cuando se discutió una segunda ley en donde se aprobaron las formas de tramitar e indemnizar, ya la oposición se puso en contra.
Antes la mayoría aprobaba la estatización de las acciones, pero en el “cómo” se enredó el Gobierno, al punto de que terminó pagando más de lo que decían y, encima, con un juicio que comprometió al país en un reclamo de más de USD 16 mil millones. El juicio se ganó (por ahora), pero el país perdió tiempo y dinero cuando había planteado una idea racional, aunque discutible, que se le volvió en contra.
Para quiénes son los RIGI
La situación se apoya en querellas que tienen los gobiernos de EE.UU. y Gran Bretaña en las que la Argentina es punto y no banca. Se pelean por reforzar espacios estratégicos. El gobierno de Trump apoya a los partidos de la derecha populista para frenar la ola de regulaciones de las multinacionales, como ocurre en Europa. De ahí todos los RIGI -diversas formas de promoción industrial- que les ofrece el Gobierno a esos empresarios que corren perseguidos por las regulaciones europeas.
Lo argumentó el coloso en el Senado en el debate en comisión sobre la Ley de Sociedades: hay que ofrecer un santuario fiscal para empresas que buscan países sin fuerte imposición. “Hagamos como Irlanda”, fue la consigna. Para ellos se crean los RIGI. La Argentina debería pedirle a EE. UU. y a Gran Bretaña un RIGI para la soberanía en Malvinas.
Hay un plan para arrancar: 1974
Gran Bretaña le ofreció al país un acuerdo de soberanía compartida en 1974, cuyos detalles ha contado el embajador Carlos Ortiz de Rozas en sus memorias Confidencias diplomáticas (2011). La recibió el canciller Alberto Vignes y Juan Perón dio el OK: “Si ponemos un pie ahí, no nos saca nadie jamás”. Pocos días después Perón murió e Isabel Perón no se animó ni tenía el poder para aceptarla.
Esa propuesta debería ser el punto de partida de un acuerdo para que la Argentina crea que hay alguna voluntad de superar el conflicto. Hoy Trump no lo quiere a Milei más de lo que en 1982 Reagan a Galtieri. Al gobierno de Londres le va tan mal como en aquel año a Margaret Thatcher, que dependió de la fuerza para salvar su administración.
Y Chile también juega
Hoy se suman ruidos en la relación con Chile, parecidos a los que hubo desde la crisis de 1978 y que en 1982 pudieron dar a entender que había una colusión entre Londres y Santiago de Chile para controlar el Atlántico Sur. Sobre esto habló hace pocos meses Virginia Gamba, la principal experta en Malvinas que tiene el país.
Fue en una conferencia en la Universidad de Mánchester el 16 de abril de 2026 que contiene el análisis más actualizado de la cuestión Malvinas: “…existía la creencia de que Chile y el Reino Unido -precisó esta especialista- estaban en rumbo de colusión para dejar a Argentina fuera de sus propios mares del sur y de la Antártida más allá”.
Esa percepción fue más fuerte que otras en el desencadenamiento de los hechos. Y vuelve a repetirse en una trama que es para expertos en cristalería fina y no para elefantes de bazar.
Milei teme ir al Congreso
Estos dos desafíos son el preámbulo de la presentación del proyecto de presupuesto 2027 el lunes de la semana que viene. Milei tenía planeado presentarse de nuevo en el palacio para promover el cálculo de recursos. Contendrá, si se animan, la cláusula del apagón presupuestario en caso de que el Congreso no le apruebe lo que presenta.
Una aporía porque sin presupuesto no hay cláusula, pero este Gobierno se luce con aporías. Esta vez le aconsejan que no vaya al Congreso y que mande un mail y, en todo caso, a algún funcionario para explicarlo. Este cambio de programa acompaña otros que tiene en revisión el Presidente, como su presencia en una cumbre del CPAC en el Paraguay, y la esperable presencia en la ONU para dar el discurso de todos los años ante la Asamblea del organismo.
El buen resultado de las elecciones del año pasado le dio al oficialismo la primera minoría, con aliados, en las dos cámaras. Pero el panorama electoral, implacable en el recuento diario de costillas, lo expone a rechazos e iniquidades aun de los propios aliados. En el Senado recibió una paliza y esta vez, si sesiona, puede haber otros chirlos.
Entre los aliados, en particular del bloque radical que controla 20 bancas, hay reticencia a dar los votos, salvo que haya pago al contado y antes de poner el voto. Pasó en la sesión en la que se disputó la semana pasada el Super RIGI. La oposición solo dará su voto si le apoyan el proyecto de “Peteco” Vischi para suplir el que hay entre el RIMI y el RIGI por el monto de las inversiones requeridas como condición.
