Los ejecutivos de finanzas de las empresas más importantes de Argentina están divididos entre el optimismo sobre la marcha de la economía y la cautela a la hora de tomar decisiones. La necesidad de que los cambios implementados por el Gobierno, como la estabilidad macro y la baja de la inflación, lleguen a la “micro”, apareció como el principal déficit en el diagnóstico de los hombres y mujeres de finanzas en la primera jornada de la 47ª Convención Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF).
La primera pista la dio la 23ª Encuesta Anual de Financiación e Inversión elaborada por EY junto al IAEF. Si bien en líneas generales los resultados son optimistas respecto al futuro, el dato más crítico que arroja el sondeo es el desplome en la proyección laboral: apenas el 27,1% de las compañías afirma que su plan de inversiones para 2027 demandará mayor mano de obra directa, marcando el registro más bajo de toda la serie histórica del relevamiento. En paralelo, un 67,8% señala directamente que sus desembolsos no moverán su plantilla de personal, mientras que un 5,1% prevé reducirla.
El grueso de las empresas no está enfocado en aumentar su capacidad productiva, sino en sumar eficiencia. El 70% de las inversiones se concentrará en activo fijo e incorporación de tecnología (con la inteligencia artificial y la automatización de procesos como eje central).
Además, el 44,1% de las empresas reconoce que todavía puede aumentar sus ventas con la capacidad instalada y la estructura actual, lo que desincentiva cualquier desembolso orientado a la expansión física de plantas o sucursales.
El relevamiento pone en evidencia una brecha recurrente entre el optimismo discursivo a futuro y los resultados efectivos del balance. En el último año, el 50,8% de las empresas vio caer sus ventas en términos reales y solo un 15,3% logró crecer.
Si bien el 67,8% proyecta ahora un repunte para 2027, el antecedente inmediato relativiza la meta: un año atrás, el 75% esperaba una suba en 2026 que finalmente terminó con mayoría de balances a la baja.
En rentabilidad, la foto es similar: en el último ejercicio, apenas el 33,9% de los consultados mejoró sus márgenes, frente a un 32,2% que los mantuvo y un 30,5% que los vio empeorar. Hacia adelante, aunque el 53% confía en una mejora, la expectativa viene recortándose respecto a relevamientos previos (marcó 57% el año pasado).
A este cuadro operativo se suma la rigidez del crédito. Casi siete de cada diez empresas (69,5%) mantuvieron estancadas sus necesidades de financiamiento, sin vocación por tomar deuda.
Frente a las altas tasas de interés (26%) y la incertidumbre en la región (20%), las compañías se repliegan sobre sus propios recursos: la reinversión de fondos propios y la autofinanciación lideran el fondeo con el 31,4%, secundadas por los bancos locales (22,3%).
El mercado de capitales (9,9%) y el financiamiento de entidades financieras del exterior (apenas 1,7%) continúan en niveles marginales.
El presidente del IAEF, Pablo Miedziak, alertó sobre los riesgos de una economía que se mueve a dos velocidades. “Hay dos relojes corriendo al mismo tiempo, y corren a velocidades distintas. El primero es el reloj de las reformas: una reforma laboral, una reforma tributaria, el RIGI. Eso se mide en décadas. El segundo es el reloj de la caja. El de la pyme que paga sueldos el 4 de cada mes, el que renueva capital de trabajo con tasas superiores a las de la región. Este reloj se mide en días y semanas”, planteó Miedziak.
Y remarcó el límite político de la transición: “No hay reforma sostenible sin resultados que la gente vea e impacte en su realidad personal y familiar. El riesgo de no calibrar los dos relojes es que el péndulo vuelva”.
En la misma línea, el economista Daniel Artana advirtió que la estabilidad macroeconómica es condición necesaria pero insuficiente. Señaló que la inversión en la Argentina continúa estancada en niveles históricamente bajos y que la productividad arrastra 20 años de parálisis, lo que anticipa un proceso de reconversión con ganadores y perdedores: “Algunas empresas se van a reconvertir, otras no; y eso genera tensiones y costos políticos”.
Consultados sobre qué medidas darían previsibilidad para destrabar proyectos de envergadura, los ejecutivos apuntaron a las variables de fondo: un plan económico claro y sustentable (27%), una reforma tributaria (25%) y una política cambiaria estable (20%).
En materia operativa, el reclamo es directo y sin intermediarios: un 61% demanda simplificación tributaria y administrativa urgente, mientras que herramientas oficiales como bancos de desarrollo (2%) o agencias de fomento de inversiones (3%) resultan prácticamente irrelevantes para las corporaciones.
