En un mundo donde hacer la compra es tan sencillo como caminar unos minutos hasta el supermercado más cercano, la historia de Hilary Messer-Barrow destaca como un ejemplo extremo de planificación y adaptación.

Esta joven canadiense de 30 años vive en Beaver Creek, un pequeño pueblo en el Yukón (Canadá) con apenas 90 habitantes, y necesita dos días y un viaje de 10 horas en coche para abastecerse de lo más básico.

Hilary dejó su vida en Vancouver hace cinco años para mudarse a este remoto rincón canadiense, donde reside junto a su marido y su perro Chilli. Aunque suena a una experiencia sacada de una película de supervivencia, ella asegura que se siente afortunada y feliz de haber elegido este estilo de vida.

“Vivir aquí es un privilegio, pero implica desafíos diarios. Uno de los más grandes es hacer la compra”, confiesa Hilary.

300 kilómetros para comprar lo esencial. Cada seis u ocho meses, Hilary y su marido emprenden un viaje de 300 kilómetros hasta la ciudad de Whitehorse, el núcleo urbano más cercano con supermercados, gasolineras y centros médicos. La aventura comienza con una planificación meticulosa, donde crean una hoja de cálculo detallada con cada producto necesario. “No hay margen de error. Si olvidas algo, no puedes volver al día siguiente”, explica Hilary.

La lista. Incluye alimentos, productos de higiene, comida para su perro y artículos de jardinería. Cada viaje supone un gasto aproximado de 1.250 dólares, una cantidad que cubre combustible, compras y, en ocasiones, alojamiento si deciden pasar la noche en Whitehorse durante los fríos meses de invierno.

El estilo de vida de Hilary y su marido ha generado un gran interés en redes sociales, donde ella comparte su día a día con más de 150.000 seguidores en TikTok. “A veces recibo comentarios de gente que no puede creer lo que hacemos para comprar comida. Pero para nosotros, el viaje en sí es parte de la experiencia”, comenta.

La ruta. El paisaje que recorren durante sus viajes es simplemente espectacular, con montañas nevadas, bosques infinitos y auroras boreales que parecen salidas de un sueño. “Es un trayecto que muchos turistas pagan por recorrer, y nosotros lo hacemos como parte de nuestra rutina. Nos sentimos afortunados” añade.

Desafíos y recompensas. Sin embargo, la vida en Beaver Creek no está exenta de dificultades. El acceso limitado a servicios médicos es una preocupación constante. Además, el invierno trae consigo días extremadamente cortos, con apenas cuatro horas de luz solar al día. “Aquí no puedes permitirte olvidar algo importante, ni puedes improvisar. Pero este lugar tiene algo que no cambiaría por nada: la paz, el silencio y la conexión con la naturaleza”, reflexiona Hilary.



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