Aunque el presidente Javier Milei insiste en no desviarse ni por un segundo de la línea que plantea su programa, los anuncios que el equipo económico hizo en las últimas semanas llevan a buena parte de la City a leer que el Gobierno busca acelerar la reactivación de la economía en la última parte del año, con medidas que apuntan al dinamismo de la actividad pero sin aumentar el gasto.
Dentro de ese paquete, quizás la que pasó más desapercibida proviene del frente cambiario. En las últimas diez ruedas en la pelea de tasas versus precio del dólar, este último parece haber ganado la pulseada. Las tasas en pesos descomprimieron parte de la tensión que habían acumulado en las primeras semanas de agosto y, desde el lunes pasado, el tipo de cambio mayorista “rompió” el techo artificial de los $1.500 que el Banco Central y el Tesoro defendían.
Aunque el deslizamiento es menor, agosto apunta a cerrar con una suba del dólar del orden del 1,8%. “En verdad, es un “salto” ínfimo, que no cambia el panorama de la competitividad cambiaria; por eso lo más significativo es el renunciamiento a la herramienta de tasas para defender una determinada paridad, lo que consideramos adecuado”, apuntaron en la consultora LCG, a la vez que añadieron: “Desde el punto de vista de la consistencia macroeconómica, sería deseable un deslizamiento más significativo para los próximos meses”.
La señal de mayor liquidez en el mercado de pesos busca acompañar a un rebrote del crédito del sector privado. En ese frente, el Gobierno avanzó en dos direcciones.
Por un lado, autorizó semanas atrás a empresas no exportadoras a recibir préstamos en moneda extranjera. Las entidades están autorizadas a prestar hasta el 15% de sus depósitos, con lo que a partir de esta medida podrían motorizarse cerca de US$ 6.000 millones en nuevos créditos en dólares. En paralelo, el anuncio permitirá desde esta semana que los bancos puedan licitar plazos fijos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de ANSES para la colocación de nuevos préstamos hipotecarios.
“El Gobierno comenzó a poner mayor énfasis en el crédito como herramienta de reactivación. El objetivo parece ser movilizar recursos del sistema financiero hacia la inversión y el consumo sin recurrir a impulsos fiscales o monetarios que puedan poner en riesgo los progresos logrados en materia nominal”, destacó el equipo de research del Banco Galicia en su último informe mensual.
Los economistas de la entidad afirmaron que las medidas anunciadas en las últimas dos semanas tienen como común denominador que el crédito opere como el “chispazo” capaz de reactivar la economía. Pero, a su vez, advirtieron: “La capacidad del crédito para convertirse en un motor de crecimiento dependerá no sólo de la mayor liquidez que el Gobierno busca incentivar , sino también de la demanda. Es decir, las empresas y los hogares deberán estar dispuestos a asumir nuevos compromisos financieros en un contexto en el que la recuperación de los ingresos y la actividad todavía es parcial”.
En este tono es que debe leerse la jugada conjunta de la Secretaría de Trabajo con la Jefatura de Gabinete de “subir” el piso salarial de las negociaciones paritarias a un mínimo de $1.070.000 para los sueldos más bajos de los convenios colectivos, mediante el pago de bonos o sumas fijas no remunerativas que complementen los aumentos acordados en paritarias.
De esta manera, aunque se mantiene “el ancla” del 2% mensual como referencia para los aumentos porcentuales que se homologan en las paritarias, se mejoraría el sueldo bruto de los sectores más bajos y esto tendría impacto en un universo de millones de trabajadores.
Por último, el jueves Diputados dio media sanción al paquete de Inocencia Fiscal II, otra medida que apunta a canalizar el ahorro hacia la economía formal.
El economista Martín Polo advirtió: “A partir del hecho de que la actividad no haya respondido como se esperaba, apuntan a medidas pragmáticas que den un empujón para que repunte el empleo. No es que con estas medidas le podrá aportar mucho, pero marca un rumbo de que no están tan dogmáticos”. Polo también remarcó: “Con el gasto con menos margen de recorte, lo más nocivo para el equilibrio fiscal es que la recaudación siga cayendo”.
