Argentina es enorme, pero la población se concentra en unos pocos centros urbanos: más del 92 por ciento de los 46 millones de argentinos vive en ciudades.
La mecanización de la mano de obra -entre otras razones- aparta cada vez más al ser humano del campo y la naturaleza, relegados a visitas turísticas, en el mejor de los casos.
Este es un fenómeno muy conocido que ocurre desde hace décadas; lo que quizás no se observa es que, en muchos casos, esa migración interna tiene un paralelo en el mundo animal.
La naturaleza, manoseada por necesidades económicas y transformada en tierras de cultivo, por ejemplo, deja de ser el hábitat natural para muchas especies nativas, que buscan territorios más propicios, que suelen ser las ciudades.
Así, el paisaje urbano se modifica con la aparición de especies que antes no eran comunes. Esta situación se ve de manera clarísima en el caso de las aves y se nota de forma ejemplar en la Ciudad de Buenos Aires y su área metropolitana, con la enorme concentración humana que posee.
Donde antes había gorriones por todos lados, ahora aparecen cotorras verdes; y no es difícil hallar grandes rapaces, como caranchos o gavilanes, cuando tiempo atrás había que alejarse a zonas campestres para encontrar aves de semejante tamaño.
¿Cómo cambió la distribución de aves en la ciudad en años recientes? ¿Hubo una planificación para introducir especies, o eso se trata simplemente de un mito? ¿Hay aves “extranjeras” en Buenos Aires? ¿Qué rol cumple el cambio climático en este panorama?
Guillermo Spajic, integrante de la comisión directiva de Aves Argentinas, organización con más de un siglo de vida, que protege a las más de mil especies de aves que habitan nuestro país, le responde a Viva sobre estos interrogantes.
Guilermo Spajic, naturalista e integrante de la comisión directiva de Aves Argentinas. Foto: Gentileza Aves Argentinas.La primera duda tiene que ver con lo que cualquier habitante de Buenos Aires con algunas décadas a sus espaldas ha comprobado por su observación y experiencia: en la ciudad no se ven las mismas aves que hace unos 20 años.
-¿Es normal que sea así?
-Lo primero que hay que comprender es que la ciudad, más allá de que es un ambiente natural que han modificado los humanos, es un ecosistema que sigue formando parte de la naturaleza. Es decir, tiene una dinámica propia de las ciudades y está sufriendo cambios todo el tiempo. Entonces, hay determinadas especies que están empezando a entrar en las ciudades y prosperan, así como hay algunas otras que bajan su población.
-¿Por qué un ave puede preferir la vida en la ciudad?
-Ciertas especies de aves empiezan a encontrar más propicio vivir en una ciudad que en un entorno natural por determinadas condiciones. Generalmente, esa situación tiene que ver con la disponibilidad del alimento y también con el refugio que le puede proporcionar una ciudad, por ejemplo, ante el asedio de sus depredadores.
El caso del gavilán mixto
Un ejemplo notorio (quizás el mayor) de estas “nuevas” especies lo presenta el gavilán mixto (Parabuteo unicinctus), al que se lo puede confundir con un halcón o al que el transeúnte casual puede llamar, de manera genérica, “agilucho”.
Se trata de un ave rapaz elegante, cuyo vuelo y aspecto inmediatamente llaman la atención. Habita desde México y el sur de los Estados Unidos hasta buena parte de Sudamérica, y no es un ave ecológicamente en peligro.
El gavilán mixto es un ave rapaz que se adapta a la vida en la Ciudad. Foto: Archivo Clarín.Su aparición cada vez más frecuente en Buenos Aires ha generado varios mitos, como que fue introducido artificialmente para controlar la población de palomas o que es un peligro para las mascotas (o, incluso, para el ser humano).
-¿Hay algo de cierto en estas creencias?
-No. Es cierto que, efectivamente, existió un proyecto similar, de utilizar halcones peregrinos para desplazar palomas. Fue una idea que no prosperó, pero dejó instalado el mito de que las rapaces fueron liberadas para controlar a las palomas. La realidad es que es muy difícil poder realizar eso planificadamente. Hay un montón de variables que aunque creamos que las podemos controlar, en la práctica es muy difícil. Lo que sí se utiliza -en un ámbito más acotado y con un alcance más reducido- son aves de cetrería (rapaces entrenadas por humanos) para, por ejemplo, el control de poblaciones de aves en los aeropuertos. Pero su función se limita a ahuyentar a las palomas para que no perturben el espacio aéreo del aeropuerto, pero no pueden hacer mucho más que eso.
-Si no fue introducido, ¿a qué se debe la presencia del gavilán mixto en la ciudad?
-Las ciudades han madurado con el tiempo, los árboles de los espacios verdes ahora son muy altos y esta especie utiliza árboles altos para nidificar. Por otra parte, su dieta principal son las palomas, y también roedores y murciélagos, es un cazador nato. Como la ciudad está llena de palomas, encontraron un ambiente muy favorable para prosperar. De modo que, aunque no fue parte de un plan, funciona efectivamente como control de las palomas, que representan un problema en la ciudad.
-¿Cuándo ocurrió este fenómeno?
-El gavilán mixto colonizó la ciudad en los últimos 20 años, y en los últimos diez tuvo una explosión demográfica. Pero no es algo que se limita a Capital Federal. En Lima está pasando lo mismo, en Montevideo también y lo mismo ocurre en las otras grandes ciudades de Argentina: La Plata, Rosario, Córdoba y Mendoza.
Nuevas aves en Buenos Aires
Pero no todo se reduce al bello gavilán mixto entre las novedades avícolas de la ciudad. Ese ecosistema dinámico del que hablaba Spajic ha modificado sustancialmente el paisaje con la afluencia de numerosas especies (y la reducción de otras). Algunas de estas son de la región, mientras que otras fueron introducidas, ya sea de otras áreas del país, o proveniente de otras partes del mundo.
-¿Qué otras aves son novedosas en la ciudad?
-Los caranchos (Caracara plancus) han incrementado su número. Antes, directamente no había registros de avistamientos en la ciudad. Otras que han aumentado mucho más en la ciudad son las palomas picazurós (Patagioenas picazuro), esas palomas grandes, grises, que se ven en las plazas junto con las palomas domésticas. También son nativas y antes era muy difícil verlas en la ciudad, su área era más del Delta. Zorzales, chingolos, jilgueros… ya estaban, pero hace más de 20 años eran mucho más difíciles de ver en la ciudad y hoy son parte del paisaje cotidiano en una plaza cualquiera. Otra rapaz, el caburé (Glaucidium brasilianum), una lechuza muy chiquitita, también está aumentando su presencia.
El caburé sorprende cada vez más. Apareció en barrios como Caballito. Foto: Gentileza Aves Argentinas.-¿Cuál sería la especie más reciente que se ha sumado al paisaje urbano?
-Lo último que se está empezando a notar es el lechuzón orejudo (Asio clamator), que es una lechuza bastante grande. Se está viendo cada vez más en los ambientes urbanos y periurbanos de la ciudad.
El lechuzón orejudo está ganando presencia en parques. Foto: Gentileza Aves Argentinas.-Se habla mucho de las palomas, pero ¿qué pasa con los loros?
-La cotorra común (Myiopsitta monachus), verde, de pechito blanco y muy ruidosa, ha prosperado muchísimo. Tiene la particularidad de que es el único loro del mundo que construye nidos, que son comunales y muy grandes. Los humanos hemos plantado árboles en las ciudades mucho más altos que los del entorno natural de los loros. Esto les da una ventaja, porque los alejan de sus depredadores naturales, y prosperan con gran éxito. Pero, además, hay en la ciudad varias especies de loros que no son nativas de la ciudad, sino del norte de Argentina: loro hablador (Amazona aestiva), calacante ala roja (Psittacara leucophthalmus), ñanday (Aratinga nenday), catita chiriri (Brotogeris chiriri)… Han llegado porque fueron traídos como mascotas, o bien a partir del tráfico ilegal. Luego, algunos se escaparon, otros fueron liberados porque a los dueños les dio pena o bien por los propios traficantes, para evitar problemas. En conclusión, teniendo en cuenta que mucho del arbolado urbano en la ciudad de Buenos Aires es propio del norte de Argentina, estas especies encontraron los mismos árboles que en sus espacios originales y prosperaron.
La cotorra argentina anida en árboles urbanos altos. Foto: Gentileza Aves Argentinas.-¿Eso significa que liberar un ave no es algo bueno?
-No es recomendable liberar ninguna mascota, aunque sea una especie nativa. Es conveniente siempre asesorarse antes con alguna organización o un especialista. Aunque hoy ha bajado muchísimo el mascotismo de aves, muchas veces quienes las tienen luego las liberan porque les da pena, o porque ya no las quieren tener más o porque les termina resultando un problema, y lo más probable es que esto termine provocando mayores inconvenientes.
Las que vienen de lejos
Además de las especies que llegan de otras zonas, también se ven algunas que vienen de muy lejos.
-¿Hay otras aves exitosas “extranjeras”, es decir, que no sean de la región?
-El estornino pinto (Sturnus vulgaris) es un pájaro originario de Eurasia, considerado especie exótica invasora. Empezaron a verse algunos en los bosques de Palermo a finales de los años ‘80. Es uno de esos casos que aparecieron como mascotas y tiempo después fueron liberados. Generan un montón de problemas por la cantidad de materia fecal que producen y empiezan a arruinar los lugares por donde pasan. Además, no tienen depredadores, como las palomas, porque son chicos y no interesan como presas. Además, el estornino es una especie muy agresiva que desplaza a otras especies nativas. Nidifica en huecos y otras aves que también lo hacen no son tan eficientes, entonces desplazan a carpinteros, chincheros y otras especies.
Las palomas picazurós se ven en las plazas junto con las domésticas. Foto: Gentileza Aves Argentinas.-En cuanto a los gorriones, ¿está probado que disminuyó la población? ¿Por qué?
-El gorrión (Passer domesticus), como el estornino, es una especie exótica (se introdujo a fines del siglo XIX, con la idea de la época de europeizar la ciudad), pero no es una especie generadora de problemas. Todavía no está muy clara la razón de su disminución, pero aparentemente tiene que ver con la modificación en la forma de las construcciones en la Ciudad. Los gorriones estaban muy habituados a nidificar en casas y edificios como los que se construían antes, en otras épocas: con mucho garabato, resquicios (como las oquedades de las tejas)… El cambio en la forma de construir, más simplificado, puede haber contribuido. Otra versión sobre la disminución de su población lo asocia, justamente, al estornino pinto del que hablábamos antes, que lo habría desplazado por competencia de espacios. Es una posibilidad, pero todavía no hay evidencias claras de la razón.
-Volviendo a las causas, ¿por qué las aves encuentran un mejor ámbito de vida en la ciudad?
-Lo habitual es pensar que la ciudad es un ámbito ajeno a los animales y la “naturaleza”. Pero una plantación de soja es tan agresiva con respecto a lo silvestre que termina siendo más propicio para esas especies desplazarse a una ciudad que seguir buscando comida en esos entornos que ya dejaron de ser naturales y pasaron a ser otra cosa. Por otra parte, la basura que generamos es el principal sustento de especies asociadas a los humanos: palomas, ratas, cucarachas… Los desperdicios de las personas es disponibilidad de alimento para otros.
-¿Cumple un rol en estas alteraciones el cambio climático?
-Sí, el cambio climático afecta. A nivel general, no solo de las ciudades. Vemos un desplazamiento de especies en relación con el cambio climático. Cada vez hay más especies que estaban al norte, que incluso no estaban en la Argentina, que se van registrando más al sur. Pero especies que se desplazan del sur al norte, no hay ninguna. Y el cambio climático es la única explicación.
-Por último, ¿qué se puede hacer para mejorar la vida de las aves en la ciudad?
-En primer lugar, el aumento de espacios verdes, que incrementa notoriamente la biodiversidad. En una plaza de Buenos Aires se pueden ver unas 30 o 40 aves, en los bosques de Palermo el número puede subir a 60 o 70, y en una reserva ecológica casi a 100 especies. Siempre es un buen indicador ambiental que haya más biodiversidad. Otro punto es aumentar en las plazas la utilización de flora nativa, plantas del ecosistema rioplatense. Esto contribuye a que haya más presencia de insectos, que son alimento de muchas aves. Cuando hay comida, las aves vienen atrás. Finalmente, creo que hay que trabajar mucho en educación, que la gente conozca estas especies y se trabaje la convivencia con ellas, para saber cómo alguien se tiene que manejar ante la presencia de un ave como el carancho o el gavilán mixto. Tengamos en cuenta que para esa ave nosotros somos los depredadores y nos tienen miedo a nosotros.


