Con 80 años, el veterano estadounidense Raymond Rosen emprendió una travesía en velero desde República Dominicana rumbo a Hollywood, en Florida (Estados Unidos), para visitar a su madre de 101 años.

Sin embargo, una falla mecánica lo obligó a navegar manualmente durante dos días sin dormir. El agotamiento provocó que la embarcación terminara encallando frente a las costas de Bahamas, aunque fue rescatado por pescadores locales y, tras recuperarse, pudo continuar su viaje.

Según publicó el medio bahameño The Tribune, Rosen zarpó a bordo de un velero de 10 metros rumbo a Florida. Durante el recorrido, el motor de la embarcación comenzó a presentar problemas, lo que dejó fuera de funcionamiento el piloto automático. Al viajar solo, no tuvo otra alternativa que permanecer al timón de manera permanente para mantener el rumbo.

Esa situación hizo que pasara dos noches consecutivas sin dormir. El agotamiento acumulado terminó pasándole factura durante la tercera madrugada, cuando el velero impactó contra un arrecife cercano a la isla de Mayaguana, en Bahamas.

Al recordar lo sucedido, el veterano explicó: “Tras dos noches sin dormir, estuve dos días al timón, y en la tercera noche, también sin dormir, entre la una y las tres de la madrugada, choqué contra el arrecife”.

El impacto lo despertó de manera abrupta y, durante unos instantes, no logró comprender qué había ocurrido. “No sabía dónde había despertado. Oí un ruido terrible, me desperté y pensé que estaba en medio del océano. No tenía ni idea de que estaba a solo unos cientos de metros de la playa”, relató.

Cuando advirtió que la embarcación había quedado encallada, activó una baliza de emergencia colocándola en el agua para pedir ayuda. Horas más tarde, un grupo de pescadores que navegaba por la zona detectó la señal y llegó hasta el arrecife para asistirlo.

Uno de los pescadores, Lloyd Strachan, contó cómo encontraron al veterano. “Me dijo que no había comido en dos días y que estaba deshidratado (…) Le dije que teníamos que llevarlo de inmediato. Así que le dijimos que recogiera los documentos necesarios o cualquier otra cosa que necesitara”. El navegante octogenario había dicho que pensó “Bueno, al menos no voy a morir. Alguien vendrá a ayudarme”.

El rescate implicó interrumpir la jornada laboral del grupo y consumir más combustible del previsto para trasladarlo a un lugar seguro. Sobre ese esfuerzo, Strachan señaló: “El combustible solo nos alcanzaba para transportar los productos nosotros mismos, porque no fuimos allí preparados para buscar a nadie (…) Uno va con lo que puede permitirse, porque la gasolina cuesta más de nueve dólares el galón”.

Tras ser auxiliado, Rosen fue alojado en un hotel mientras se realizaban las reparaciones necesarias en el velero. Días después, la embarcación volvió a estar en condiciones de navegar y el veterano pudo retomar la travesía que había iniciado con un único propósito: reencontrarse con su madre centenaria en Florida.

El viaje, que estuvo a punto de terminar en tragedia, finalmente tuvo un desenlace feliz gracias a la rápida intervención de los pescadores y a la posibilidad de reparar la embarcación para completar el recorrido.



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