Para Galina Bonapartova la motocicleta es mucho más que un medio de transporte. Y a sus 71 años, la moto ocupa un lugar central en su vida, después de haberla acompañado desde pequeña, durante su etapa como deportista y también en momentos especialmente difíciles.

“Mi moto es mi médico, es mi energía. Me revitaliza y me da un motivo para seguir adelante. No me quedo en casa”, dijo recientemente la mujer rusa al medio RT.

Esta profesora jubilada en una escuela de arquitectura y construcción tenía apenas 11 años cuando se subió por primera vez a una moto. Hoy disfruta su país en dos ruedas, habiendo recorrido ya 10.000 kilómetros hasta el Lejano Oriente de Rusia, aventura que le permitió hacer muchos amigos.

“Empecé a andar en moto a los 11 años”

Bonapartova –nacida en 1955-creció en un pueblo de Stavropol, donde las condiciones eran muy diferentes a las de una ciudad como San Petersburgo, donde iría mucho tiempo depués. En aquellos años, podía circular por caminos de tierra y aprender de manera casi artesanal.

“Ni siquiera tenía fuerzas para accionar el embrague: o iba cuesta abajo o suplicaba: ‘¡Tío, arranca la moto!’”, recordó en una entrevista concedida al medio ruso Komsomolskaya Pravda.

En esta etapa la relación con su padre fue determinante. Él la llevaba de caza y de pesca y le enseñó una larga lista de tareas y oficios. “Me enseñó a soldar, a conducir un tractor y a esquilar ovejas. Incluso construí una casa con él. ¡Qué gran ayudante era!”, contó en 2017.

La independencia que había desarrollado desde pequeña también apareció cuando llegó el momento de estudiar. Sus padres no querían que se marchara a la universidad, pero ella tomó una decisión por su cuenta.

Así que me escapé de casa. Primero en autobús, luego en tren. Solo envié un telegrama un mes después, cuando me matriculé en el departamento de arte y artes gráficas del Instituto Pedagógico de Nizhny Tagil. Les pedí que me enviaran ropa de invierno. Sin duda, la pasaron mal”, relató.

Del motocross a convertirse en campeona rusa

Los estudios no hicieron que Bonapartova abandonara las motos. El motociclismo ya formaba parte de su identidad y, con el tiempo, también se convirtió en una actividad deportiva.

En 1973 comenzó a competir en motocross. Su primera carrera llegó casi por casualidad.

Había ido simplemente a observar una competencia cuando una de las participantes sufrió una caída y decidió no volver a competir. El equipo necesitaba incorporar a una mujer, porque de lo contrario recibía puntos de penalización.

El entrenador le propuso entonces participar y Bonapartova aceptó el desafío. En aquella primera experiencia terminó sexta entre 14 participantes, pese a que prácticamente no había tenido preparación específica.

Para competir en aquella ocasión incluso utilizó otro nombre: Lyuda Borisik.

Después recuperó su identidad y comenzó una carrera deportiva que la llevaría desde las competencias regionales hasta convertirse en campeona rusa y conseguir una medalla de bronce en la Espartaquiada Popular de la URSS: en 1980 recibió el título de Maestra de Deportes, según contó.

La maternidad y una pausa en el motocross

Ese mismo período de su vida estuvo marcado por cambios personales: Bonapartova se casó y tuvo un hijo.

Cinco años después regresó a las competencias y llegó a integrar el equipo nacional ruso. Después de ganar las semifinales, recibió una invitación para participar en una última carrera, pero no llegó a disputarla.

Su marido se opuso por temor a que pudiera sufrir una lesión. El motocross era entonces una disciplina de alto riesgo y, además, el equipamiento de protección estaba lejos de los estándares actuales.

La propia Bonapartova recordó que por aquella época utilizaban prendas y elementos improvisados para protegerse: un cortavientos, un protector de pecho de hockey, botas que no eran específicas para motociclistas y medias de fútbol con piezas de plástico.

Finalmente dejó las competencias, pero no las motocicletas.

La docencia al sur de Rusia

La retirada de las carreras no significó el final de su vínculo con las dos ruedas. Bonapartova vivía entonces en el sur de Rusia y encontraba en la motocicleta una alternativa práctica para desplazarse, especialmente en una época en la que los automóviles no contaban con aire acondicionado.

Bonapartova durante una charla con Motoradio en 2022. Foto: captura

También se dedicó a entrenar a niños. Su vida profesional, además, quedó vinculada con la enseñanza. En la entrevista de 2017 contó que había escrito incluso una tesis relacionada con los deportes de motor y que trabajaba como docente de geometría descriptiva y dibujo técnico en una facultad de arquitectura e ingeniería civil.

Cuando hacía buen tiempo, iba a trabajar en motocicleta. “Mis alumnos se lo cuentan a todo el mundo. Dicen que están orgullosos de mí. Ya me he acostumbrado; al fin y al cabo, mi época de gloria deportiva quedó atrás”, señaló entonces.

A los 60 años volvió a tener una motocicleta

En 2001, los Bonapartov se mudaron a San Petersburgo. Durante varios años, Bonapartova dejó de subirse a la moto. Pero la pasión seguía allí.

En 2015, después de observar a otros motociclistas, su marido notó cuánto le atraían las motos y le hizo una promesa: algún día volvería a tener una.

Bonapartova no tuvo que esperar demasiado. Para su cumpleaños número 60 se regaló una motocicleta.

El regreso tuvo, sin embargo, una profunda carga emocional: su marido había fallecido un año antes de que ella cumpliera esa edad.

El accidente que casi le cuesta la vida

Ese mismo año, Bonapartova sufrió el episodio más grave de su historia sobre una motocicleta.

En agosto de 2015 circulaba por la plaza de San Isaac, en San Petersburgo, en dirección a la avenida Voznesensky.

Un automóvil Audi apareció por su izquierda. Según el relato que ofreció posteriormente, el conductor no respetó una señal de tránsito. Bonapartova no logró frenar a tiempo y terminó chocando de frente contra la puerta del acompañante.

El impacto le provocó múltiples lesiones: un fuerte hematoma, una fractura en un brazo, lesiones en las rodillas y una fractura de pelvis.

Pero las consecuencias fueron todavía más graves. “Me desmayé y no recuperé la consciencia durante cuatro días”, relató.

Cuando despertó en el hospital, durante varios días tampoco podía recordar lo ocurrido. Sus hijos iban a visitarla y ella ni siquiera los reconocía.

“Yo no dejaba de preguntarles: ‘¿Quiénes son?’ y ‘¿Dónde está la motocicleta?‘”, contó no sin algo de humor.

La reconstrucción de la pelvis pieza por pieza

La recuperación comenzó después de una cirugía en la que los médicos tuvieron que reconstruirle la pelvis. “Pieza por pieza”, aclaró.

La siguiente etapa fue volver a caminar. Para Bonapartova, cada pequeño avance se convirtió en un objetivo. Cuando consiguió dar sus primeros pasos, las lágrimas aparecieron por la emoción.

Después comenzó a contabilizar sus progresos. Incluso mientras permanecía acostada continuaba ejercitando el cuerpo. Levantaba la pelvis, utilizaba un expansor y trabajaba para recuperar la fuerza muscular.

Una pasión expandida al resto de la familia

Su relación con las motocicletas no siempre fue fácil de aceptar para sus familiares.

En 2017, Bonapartova contaba que sus dos hijos mayores se habían vuelto especialmente críticos con su afición después del accidente. Su hijo menor, Kornei, también se había subido a una motocicleta y ya había sufrido dos accidentes.

“Yo le enseñé eso, para mi propio perjuicio…”, reconoció. Aun así, la familia también forma parte de su mundo cotidiano. En aquella época, Bonapartova contaba que cuidaba regularmente a su nieto de dos años.

Incluso había intentado transmitirle su entusiasmo por las motos de una manera acorde con su edad: le había regalado una motocicleta eléctrica para niños.





Source link

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *