El álbum de los Montoneros, según María O’Donnell

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El álbum de los Montoneros, según María O'Donnell


En Montoneros/una historia visual (Editorial Planeta, 305 páginas, divididas en cinco capítulos y un epílogo), la periodista María O’Donnell, propone una nueva exploración sobre la organización armada de la izquierda peronista de los años 70, que la autora ya ensayara con éxito de ventas y crítica en sus anteriores libros Born (2015), Aramburu (2020) y Born y Quieto (2023). Esta vez, O’Donnell, periodista de vasta trayectoria, respetada por colegas y sus lectores y audiencias radiales, además de afinar el foco sobre Mario Eduardo Firmenich, el jefe guerrillero con aspiraciones de militante vanguardista, apuesta a un nuevo formato editorial. Para eso recurrió a un diseño innovador, obra de Fernando Rapa, profesional argentino radicado en España, quien inspiró a la autora con tres fanzines (revista casera, de escasa tirada y distribución artesanal) llamados “Viernes peronistas”, con los cuales Rapa procuró explicarles a los españoles jóvenes de qué se trataba el peronismo.

El subtítulo de “historia visual” es un acierto del periodista Ernesto Tenembaum, hacedor de un prólogo en el que, además del recorrido por la organización que apoyó a un Perón más imaginario y a medida de los alborotos jóvenes antes que al real, el de carne y hueso, y de ideas no comulgados por sus casi adolescentes admiradores, se pregunta cuál de las dos carátulas sobre la identidad de Montoneros es la más cercana a la verdad histórica. A la vez que anticipa a los lectores que en las páginas del libro encontrarán “una historia paralela en sus ilustraciones y sus recuadros; el recorrido por las publicaciones de la organización, los debates internos sobre la militarización de Montoneros, las canciones de la época, los manuales para la clandestinidad, los debates sobre cuánto debe resistir un detenido a la tortura, las historias de suicidios con pastillas de cianuro, todo esto figura en esta escalofriante dimensión paralela, donde tal vez resida el mayor aporte de su trabajo.”

Puede ser o no el mayor aporte, pero seguramente es el más novedoso, en el que aflora la creatividad y originalidad en la forma de expresar los contenidos, hallazgos gráficos, desde pintadas en las paredes hasta comunicados originales y fotos poco vistas, que con las licencias del caso evocan un lejano aire parental a los antiguos videoclips como formas de representación simbólicas y una clara aproximación a la “cultura Tik Tok”. Todo lo cual hace de Montoneros/una historia… un material adecuado para que los más jóvenes accedan a un período oscuro de la vida nacional que aún hoy, medio siglo después, no ha logrado consenso suficiente entre quienes fueron protagonistas o testigos de aquellos años en los que la vida era despreciada a ráfagas de metralla y estallidos de bombas, mientras la muerte y el terror se entronizaban en las calles, bendecidos por unos y otros.

Dicho esto, cabe aclarar que si bien el libro no desentierra hechos relevantes desconocidos, en cambio detalla y pone en contexto, es decir, les da significado y explica, cuestiones ya sabidas por los entrenados en este tipo de lecturas, salvo –y no es un dato menor– un interesante email del jefe montonero a la autora, en 2019, casi una radiografía de la personalidad de él y su estilo de liderazgo, propio de un combatiente que nunca puso el cuerpo en los cruces a sangre y fuego como sí los asumieron otros miembros de la orga por él dirigida. Actitud que no se le conoce, al menos hasta hoy, 50 años después.

Podría conjeturarse que el objetivo editorial y de O’Donnell no ha sido el de generar nuevas rutas de investigación en la aventura armada que nació de un grupo de jóvenes militantes del nacionalismo católico. Lo cierto fue que puso manos a la obra para rastrear con un relato minucioso y cuidado la marcha de esos chicos formados al dejar la pubertad en las aulas del Nacional Buenos Aires, colegio por el que pasaron y pasarían las élites de la Argentina más tradicional. Y que cuando Perón fue derrocado en 1955 por el feroz golpe de la Libertadora tenían 8 años (Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus), 7 años (Mario Firmenich), y habían sido criados por familias conservadoras con la moral pacata y antiperonista de la época.

La excepción a ese molde serían el cordobés Emilio Mazza, de raíces igualmente católicas, y Norma Arrostito, una piba de barrio, casi 10 años mayor que los varones del grupo, iniciada en la militancia en la Federación Juvenil Comunista, luego trasvasada a la insurgencia de los jóvenes peronistas. Todos ellos serían protagonistas y ejecutores del asesinato a sangre fría del dictador Aramburu, quien recibiría el mismo trato que él había tenido con el sector del Ejército que en 1956, liderado por el general Valle y el coronel Cogorno (fusilados junto a otros oficiales y 18 civiles), se alzaría en reivindicación del orden constitucional peronista.

Montoneros, una historia visual. María O'Donnell

Sugerido por la autora en últimos reportajes en streaming, el libro aspira a dejar constancia suficiente como para ser considerado con el correr del tiempo una fuente legítima que ilumine sin preconceptos aquella dialéctica perversa que enfrentó a los argentinos con una furia fratricida pocas veces vista en el siglo XX, sobre todo con el golpe y su plan de centros clandestinos, cautiverios sádicos, torturas y desapariciones.

Montoneros/una historia… es un trabajo de consulta en cualquier biblioteca de época, también para quienes ya tengan suficiente información sobre los estragos de los años 70. Pero sobre todo surge conveniente para los jóvenes a quienes aquella época se les ha narrado con un simplismo aterrador. Un cuento de hadas buenas y genios que dejaban sus lámparas con armas en mano para esparcir justicia y heroica bondad en una Argentina sólo maligna y perversa. O, desde la otra orilla de la narrativa, vista como la pesadilla causada por una caterva de malandras, asesinos y sicarios despiadados que sólo querían inundar las calles del país con “zurdos” salvajes que glorificaran el espíritu revolucionario de la época.

Montoneros, una historia visual. María O'Donnell

No es antojadizo señalar que el libro muestra escaso énfasis en señalar un riesgo al acecho, como es “la romantización” de la épica montonera, la legitimación del uso de la violencia en tiempos democráticos como un arsenal complementario de la política, incluso como una gestión superior y más eficaz, tal cual la interpretó Firmenich, cuya organización casi tres décadas después sería ungida por el matrimonio Kirchner como ejemplo del martirio de una “generación diezmada”, que dejaría la traza de un camino a seguir para abrazar una “liberación” tantas veces frustrada. Y hasta bautizaron como “La Cámpora” a una estructura diseñada para los hijos y seguidores de aquella dinastía originaria. Héctor Cámpora fue un fiel delegado peronista, en verdad un personaje menor en el universo de los grandes del peronismo, que llegó a presidente por el dedo de Perón para refugiarse en un entorno montonero a contramano de su ideología conservadora. Tal vez sea redundante decir cómo terminó esa historia: un presidente intolerante, de temperamento colérico, muerto por un infarto; una presidenta presa por corrupción; y un exguerrillero jubilado sin señales de arrepentimiento, en un exilio dorado a orillas del Mediterráneo.

A lo largo de cinco capítulos, la narrativa de O’Donnell repasa con abundante documentación y cuidado uso de datos, el aramburazo (el asesinato de Aramburu); el desempeño de la juventud maravillosa; el quiebre con un Perón exaltado en la Plaza de Mayo en la jornada alucinante de “imberbes y estúpidos que gritan”; la pulseada por la herencia tras la muerte de Perón, en la convicción de que para la conducción de Montoneros el golpe de Estado aceleraría el proceso revolucionario popular; la contraofensiva final con gusto a suicidio político y, muy especialmente, los enigmas que aún hoy empañan, o al menos no dejan ver con claridad, la figura de Firmenich.

Montoneros, una historia visual. María O'Donnell

Sobre eso, y con prudente sutileza, O’Donnell sugiere ciertas llamativas coincidencias registradas en la biografía del jefe montonero con su ascenso y permanencia en la vanguardia de esa nomenclatura armada, aunque a partir de esa información no elabore conjeturas ni conclusiones. En cambio, recuerda que su nombre no figura entre los espías del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército, según documentos desclasificados por Cristina Kirchner en 2012. El repaso de las coincidencias, a saber, es el que sigue:

1) La tardanza de Firmenich, que terminaría salvando su vida, en llegar al encuentro con Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus a la pizzería de William Morris, en el oeste suburbano, donde ambos fueron emboscados y acribillados, tres meses después de la ejecución de Aramburu, con una cacería ya desatada sobre ellos.

Montoneros, una historia visual. María O'Donnell

2) La falta de constancia de actuaciones suyas en operativos militares relevantes y de riesgo personal luego del fundacional asesinato de Aramburu, en el cual a la hora decisiva él sólo golpearía un tacho para que no se escucharan los disparos que mataban al general que había echado a Perón del poder mediante un golpe de Estado y que había ordenado el secuestro del cadáver de Evita. Sobre el paradero de ese cuerpo ultrajado guardaría secreto durante 15 años, hasta su ejecución misma.

3) Su errática táctica de acelerar el golpe militar de 1976 con una serie de atentados, en base al ingenuo cálculo estratégico de evaluar que el pronunciamiento militar identificaría a Montoneros como la verdadera resistencia y generaría un alzamiento popular que llevaría a la victoria final de milicias irregulares contra un Ejército profesional.

Montoneros, una historia visual. María O'Donnell

4) El encuentro frustrado con Roberto Santucho, número uno del ERP, para explorar un acuerdo de ambas organizaciones en 1976. A último momento, la cita no pudo concretarse, pero al día siguiente Santucho sería localizado por una patrulla militar en un aguantadero de Villa Martelli: allí moriría en combate. Firmenich prefirió mantener silencio sobre aquel episodio.

5) El blanqueo de la dictadura sobre la detención de María Elpidia Martínez Agüero, mujer de Firmenich, hoy madre de sus cinco hijos, capturada en 1976 poco después de la bomba montonera en Superintendencia de Seguridad Federal y reportada como presa oficial: un salvoconducto para seguir viva. Con prisión domiciliaria, Martínez Agüero escaparía en 1982, luego de extraer a uno de sus hijos de un orfanato, cruzar la frontera con ayuda de miembros de la guerrilla y reencontrarse en México con su marido y numero uno de Montoneros.

Montoneros, una historia visual. María O'Donnell

6) Firmenich nunca fue detenido por la denuncia hecha por familiares de los guerrilleros muertos en la contraofensiva contra la cúpula montonera. Vaca Narvaja y Perdía estuvieron tres meses presos, hasta que la Cámara Federal anunció “la inmediata libertad” de ambos el 20 de octubre de 2003, cuando Néstor Kirchner ya llevaba cinco meses en el poder.

7) La frialdad con la que Firmenich se desligaría de la responsabilidad de haber ordenado la contraofensiva, diciendo sobre los cuadros combatientes que pagaron aquella temeraria maniobra con sus vidas: “… no se puede aceptar que fueron engañados … Tuvieron la oportunidad de decir que no.” Historiadores y fuentes militares estiman que las bajas fueron un centenar o más. Según Firmenich no superaron las doscientos.

Montoneros, una historia visual. María O'Donnell

8) El jefe montonero sería dos veces alcanzado por la indulgencia del Estado sobre sus actos terroristas. Lo amnistió la ley 20.508 del Congreso de Héctor J. Cámpora en 1973, luego pasaría a la clandestinidad en septiembre de 1974. Y en 1986 sería condenado por la Cámara Federal a 30 años de prisión por el secuestro de los hermanos Born y los asesinatos ocurridos en el operativo. Finalmente, sería indultado por Carlos Menem el 29 de diciembre de 1990, todo indica que a cambio de millonarios aportes de Montoneros a la campaña “Menem Presidente”, con fondos provenientes del secuestro de los herederos del Holding Bunge & Born.

El punto más alto de Montoneros/una historia… es parte, precisamente, de ese epílogo que O’Donnell dedica a “Los enigmas de Firmenich”, en el cual revela el contenido de un email que “el comandante Pepe” (su nombre de guerra) le enviara ante una consulta para conseguir su testimonio en un libro que por entonces elaboraba la periodista: “Me niego a seguir colaborando con el intrusismo profesional de esta distorsión académica que no contribuye a la vedad histórica … No sólo no quiero colaborar en tu plan de publicaciones, sino que además te agradecería que no lo hagas”. Esas seis palabras finales suenan a personaje de la novela de Mario Puzo llevada al cine por la trilogía de Francis Ford Coppola. “Te agradecería que no lo hagas”. Firmenich, seguramente, no percibió que serían un retrato fidedigno de su personalidad y cierto cinismo de estilo. Un testimonio para la historia. María O’Donnell se percató a tiempo y lo dejó por escrito. Se le agradece.



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