Los pies son el sostén de todo el cuerpo y por eso cuando duelen, la mayoría de las actividades cotidianas se ven afectadas. No poder caminar, trasladarse de un lado a otro de la casa simplemente para ir al baño o a la cocina, se convierte en una gran dificultad (con riesgo de caídas) y, sobre todo, en una pérdida de autonomía.

Lo primero que aclara Santiago Catalán Pellet, subjefe de Reumatología del Hospital Universitario Austral, es que en adultos mayores el dolor de pies y tobillos no hay que atribuirlo automáticamente a la edad, porque puede tener varias causas. Entre ellas: mecánica, inflamatoria, tendinosa, neurológica y vascular.

Artrosis y artritis

El médico explica que dentro de las causas mecánicas se encuentra la artrosis, una de las más comunes en la vejez. Es decir, el cartílago se desgasta por una sobrecarga o por alteraciones del apoyo.

—¿Qué características tiene el dolor por artrosis?

—El dolor de artrosis empeora con el uso, al caminar, subir escaleras, si se está mucho tiempo parado. Es un dolor 3 o 4 puntos de 10. Con cierta rigidez al levantarse, que dura menos de 30 minutos. El dolor de la artrosis es un dolor mecánico y el paciente se adapta, empieza a caminar. Es diferente al de la artritis.

—¿Qué diferencias hay?

—La artritis es distinta. Se hincha el tobillo no importa lo que se haga y sin que haya ningún traumatismo que lo justifique. Se pone afiebrada la articulación y duele en reposo. Además, la artrosis va apareciendo con los años y la artritis puede ser a cualquier edad.

Gota: cuando los cristales son el problema

Catalán Pellet, especialista en reumatología y clínica médica, indica luego que, ante el proceso inflamatorio de un tobillo o la hinchazón de un pie, si la sospecha es un cuadro de artritis, puede tratarse de una artritis por depósito de cristales, conocida como gota. “Se llama podagra, que es la inflamación del primer dedo. No abajo de la uña sino un poco más atrás, donde se une el dedo con el medio pie”, detalla.

Y continúa: “El paciente tiene un dolor de una intensidad elevada, 10 puntos sobre 10. Una clásica descripción del dolor es que no tolera el roce de la sábana. Es un dolor invalidante. No importa que camine poco o mucho, la articulación se pone muy inflamada. Esa es la clásica crisis de gota”.

El profesional señala que la artritis por depósito de cristales es una de las principales causas de artritis del antepié y si avanza puede dar artritis de otra articulación fuera del dedo gordo. Sobre las causas cuenta que, como su nombre lo indica, es porque se depositan cristales llamados urato monosódico, conocidos como ácido úrico.

Es decir, aumenta tanto el ácido úrico en sangre que el cuerpo lo guarda en lugares equivocados. Puede ser en el pie como también por ejemplo en el riñón (piedritas).

“Ese aumento de ácido úrico en sangre se da por distintas variables, entre ellas la alimentación. Por eso debe ser antiinflamatoria y con el foco en bajar la cantidad de purinas, que están sobre todo en las achuras, en la cerveza y en los mariscos”.

Seguido a esto, manifiesta que además de la gota puede haber dolor agudo por una enfermedad asociada, como la artritis reumatoidea, capaz de comprometer el antepié, las articulaciones metatarsofalángicas y los tobillos. “Y suele acompañarse de compromiso de manos”.

Además, explica que el dolor del talón puede tratarse de una espondiloartritis, una enfermedad autoinmune que puede acompañar y ser parte de la psoriasis también.

Las otras tres causas

En cuanto a las causas tendinosas, Catalán Pellet, miembro de la Sociedad Argentina de Reumatología (SAR) menciona la fascitis plantar, que es un dolor en la planta del talón. “Típico al dar los primeros pasos de la mañana o después de estar sentado. Se inflama la fascia porque recibe un impacto inadecuado. Es engorroso, es molesto y tarda, pero se resuelve”.

Y nombra también la tendinitis del Aquiles. “El tendón de Aquiles se puede inflamar. Es un dolor posterior del talón que empeora al caminar, subir escaleras o ponerse en puntas de pie”.

Con respecto a las causas neurológicas, sostiene que a veces el dolor del pie, sobre todo en diabéticos, es neuropático. “Los pacientes suelen plantear: ‘Doctor, tengo como hormigas en el pie’ o ‘Siento raro, como electricidad’. Puede ser muy muy doloroso y se llama neuropatía”, detalla el reumatólogo.

Y continúa: “Es decir, no hay una estructura tendinosa afectada, no hay desgaste, sino que el ‘cable’ que lleva la información neurológica de la columna, en algún lugar está siendo afectado en la relación que tiene hacia el pie”.

También menciona dentro de este grupo la neuritis y la radiculopatía.

Sobre las causas vasculares, explica que el dolor o la hinchazón de pies puede deberse a una insuficiencia venosa (várices) o una trombosis, es decir, no llega la sangre porque se encuentra tapada una arteria. “Es más raro, pero puede pasar. Por eso hay que afinar la mirada y analizar el todo”.

El calzado y la plantilla

El médico comenta también que otra consulta frecuente suele ser el dolor o molestia en el pie por un juanete (hallux valgus), que en algunos casos es quirúrgico y en otros no. “Va desformando el dedo y se altera la pisada. Por eso se deben analizar bien el calzado y la plantilla”.

—¿Cómo debe ser el calzado?

—A ver, en principio, hay que desmitificar algunas cosas. El adulto mayor no necesita ningún zapato ortopédico espantoso. Cada calzado se adecua a cada paciente y su diagnóstico. Porque si tiene artrosis quiero uno con una suela más rígida y puntera amplia. Pero para una fascitis plantar prefiero una buena amortiguación. A veces un calzado demasiado blando puede aumentar la inestabilidad. Hablamos un montón de todo esto en el consultorio.

—¿Y cuáles suelen ser las recomendaciones?

—Bueno, yo siempre digo dos cosas. Primero, que no se compren la plantilla, sino que vamos a pensarla en conjunto con el calzado. Porque una buena plantilla dentro un mal zapato puede fracasar. Y después, muchas veces una buena zapatilla urbana o deportiva es mejor que un zapato rígido tradicional. Porque tiene que tener buena sujeción, base estable, suela antideslizante y espacio para los dedos. Entonces, las muy blandas pueden ser malas para un adulto mayor con alteración del equilibrio.

—¿Qué características debe tener la plantilla?

-La plantilla no es para todos. A veces se necesita y a veces no. Es un gran tema porque nos vienen a ver los pacientes y dicen: “Compré una en la farmacia”. Y la realidad es que lo que sugerimos es hacer una pedigrafía. Hay que analizar la marcha y ver dónde está el déficit del apoyo. La plantilla tiene que ser hecha a medida para cada paciente.

Estudios, tratamientos y ejercicios

“Lo más importante es un buen interrogatorio y un buen examen físico. Yo con eso tengo el 80% de lo que pasa. Tenemos que decirlo porque el paciente cree que, si le pidieron muchos estudios, son buenos médicos. Y es al revés”, asegura el traumatólogo.

Y agrega: “Una vez que ya tengo establecido dónde voy, pido una imagen, que inicialmente puede ser una radiografía para ver el hueso. A veces con eso ya alcanza”.

—¿Qué otros estudios se suelen pedir?

—Si se piensa que hay una artritis asociada o un dolor que no sea mecánico, se pide un laboratorio. Si se quieren ver otras estructuras blandas, no óseas, resonancia o ecografía.

—La kinesiología es la piedra angular de nuestro tratamiento. El proceso de rehabilitación te diría que es el 100%. Porque la artrosis, como concepto, no tiene una terapia farmacológica innovadora, entonces no hablamos de remedios de artrosis. Lo hacemos, pero en segunda o tercera línea. Primero hablamos de posición, plantilla, músculo, rehabilitación y después hablamos de medicación.

—¿Cómo se trata la artrosis entonces?

—En principio hay que mirar la causa madre. El peso y la artrosis tienen una relación directa. O sea, “Quiero sacar dolor, tengo que quitar peso”. Es muy simple. La artrosis no se cura. La palabra desgaste ayuda a entenderlo: es un proceso articular crónico en el que influyen la edad, las lesiones, el peso, la fuerza muscular, cuán alineada está la articulación y cómo camina el paciente.

—¿Hay alguna manera de frenar ese desgaste?

—El reposo absoluto empeora la artrosis. O sea, reduce la fuerza y el equilibrio.

Entonces con ejercicios terapéuticos enlentecemos el desgaste: movilidad de tobillo, fortalecimiento de gemelos, musculatura del pie y estiramiento de la fascia, si corresponde.

—¿Qué ejercicios se pueden hacer en casa?

—Se puede hacer movilidad del tobillo: sentado (con el pie en el aire o apoyado en el talón) realizar diez círculos para cada lado, una o dos veces por día. Es como que aceitás la articulación antes de empezar a caminar. Otro ejercicio es el que se llama “Punta- talón”: sentado, apoyar ambos pies en el piso, levantar las puntas dejando los talones apoyados. Y luego levantar talones dejando puntas apoyadas. De 10 a 15 repeticiones. Esto sirve para mejorar la movilidad y activar la bomba muscular de los tibiales y los gemelos. Por último, poner una toalla en el piso y tratar de arrugarla con los dedos. De esta manera se fortalece la musculatura intrínseca de los pies.

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