Cuando se hace frecuente, el estreñimiento afecta la calidad de vida y genera incomodidad. Los laxantes pueden ser de gran ayuda, aunque es importante tener en consideración otras cuestiones, como su uso controlado y hábitos saludables que colaboran para lograr una mejor evacuación.
Según Horacio Rubio, director del Centro de Estudio de Enfermedades Digestivas (CEED), un 20% de la población usa laxantes. Esa proporción entre los adultos mayores se eleva a un 40%, mientras que entre quienes viven en asilos o con asistencia porque no se pueden valer solos alcanza a un 70%.
“Cuando uno va al baño utiliza los músculos de la pared abdominal y de la pelvis, que son con los que se hace fuerza. Entonces, la gente grande, al disminuir su actividad física, tiene menos fuerza muscular y le cuesta cada vez más ir al baño”, explica el gastroenterólogo.
Además, otra de las razones es que las personas de edad avanzada comienzan a comer menos y, por lo tanto, consumen menor cantidad de fibras. “Y al intestino le cuesta más trabajar, porque ejerce la fuerza en base a la fibra. Es decir, cuanta más fibra se come, más fácil es evacuar”.
La importancia de los buenos hábitos
Con respecto al uso de laxantes, Rubio, expresidente de la Sociedad Interamericana de Endoscopia Digestiva (SIED), señala que, generalmente, lo primero que indican los médicos es movilidad, buena hidratación y dieta con más vegetales: “Se ha visto que muchas verduras y frutas son casi tan eficientes como los laxantes”.
“Por ejemplo, hubo un estudio que se hizo hace dos años con un laxante nuevo. Se comparó contra dos kiwis tomados a la mañana y se vio que eran más efectivos esos dos kiwis. Es decir, en verdad consumir dos kiwis por día puede ser un excelente laxante, tan efectivo como muchos de los que son químicos”, afirma el especialista.
Esa es la razón por la cual, sostiene Rubio, los médicos muy rara vez recomiendan laxantes. “Con esta medida se solucionan casi todos los problemas y de hecho muchos se tratan de pseudoproblemas. Son personas que creen que porque pasaron dos días sin ir de cuerpo se van a enfermar. Es raro que una persona sana necesite laxantes”, subraya.
—¿Cada cuánto es normal ir al baño?
—La forma que uno va al baño depende no tanto de cuestiones biológicas a veces, sino de costumbres o de factores sociales. Es tan normal ir una vez por día como ir tres veces por semana. Y mucha gente tiene la idea de que es obligatorio ir al baño una vez por día porque si no se puede enfermar. En verdad no es así. Todo depende de cuál sea la normalidad para cada uno. Si una persona tiene la costumbre de ir dos veces por día al baño y de repente empieza a ir cada tres días, bueno, sí, tal vez lo sienta como un problema. Pero no va a traerle mayores inconvenientes. Si tiene un cambio notorio en la frecuencia de las deposiciones o si el estreñimiento se acompaña con sangre en la materia fecal, debe consultar.
—¿En qué casos existe el riesgo de que se forme un bolo fecal?
—El bolo fecal no es algo tan usual como se cree. Es una patología muy infrecuente que se da fundamentalmente en ancianos deshidratados que están inmóviles. Aunque tampoco se forma un bolo fecal en dos o tres días. La gente que camina, que hace una vida normal, que se hidrata bien, es casi imposible que haga un bolo fecal.
Los distintos tipos de laxantes
El especialista entonces hace hincapié en que, como primera medida, el tratamiento ideal para ir de cuerpo es hacer ejercicio, comer verduras para asegurar el aporte de fibra e hidratarse. Y en cuanto a los laxantes, sostiene que el problema es que la proporción de automedicación es muchísimo mayor que lo indicado por los médicos. “Si se toman como está indicado en los prospectos o como lo recomienda el profesional, está visto que los efectos colaterales son reversibles y no producen demasiado daño”.
—¿Cuáles podrían ser esos efectos colaterales?
—Como complicación, lo más frecuente es que a uno se le pase la mano y le agarre una diarrea. Y después lo que puede traer es pérdida de sales, más que todo potasio. Además, algunos laxantes hacen que otras drogas pierdan o tengan más efecto. Por ejemplo, pueden interferir con los anticoagulantes.
—¿Cuándo se recomienda entonces el uso de laxantes?
—Como dije, las personas que pueden hacer ejercicios, por lo menos caminar, que llevan una dieta variada, que comen vegetales y que pueden tomar algunas frutas como el kiwi o las ciruelas, casi no necesitan laxantes. Por lo tanto, el médico básicamente da un laxante cuando no puede convencer al paciente de que haga una dieta con más fibras. Por supuesto también cuando tiene un paciente con poca movilidad o limitada la comida por alguna razón y lleva una alimentación muy especial. Otro de los motivos es que hay medicaciones que producen estreñimiento, como por ejemplo algunos antidepresivos o antiespasmódicos. En esos casos se suele indicar el uso de laxantes.
—¿Cuáles se suelen indicar?
—Hay distintos grupos. Se busca siempre dar los más naturales, los que actúan más fisiológicamente, por ejemplo, los que se llaman psyllium, que son derivados de fibras. Van al intestino, captan el agua y aumentan y ablandan la materia fecal. Estos formadores de volumen generalmente vienen en granulitos o polvitos. No son un purgante, o sea que actúan de 12 horas a 24 horas o más, pero reemplazan lo que sería comer más verdura. Sin embargo, como pueden generar gases, hay gente que no los tolera mucho y prefiere tomar los llamados laxantes osmóticos.
—¿Cómo son los osmóticos?
—Los laxantes osmóticos, como el polietilenglicol, el magnesio y la lactulosa, actúan aumentando el volumen de líquido en la materia fecal. Es decir, atraen agua hacia el intestino y entonces dan más ganas de ir de cuerpo.
Los otros laxantes
Rubio menciona que hay otros dos grupos de laxantes en el mercado. Los que son lubricantes o de aceite mineral, como puede ser la vaselina, que tienen el problema de que si son usados en forma crónica interfieren con la absorción de vitaminas liposolubles, por ejemplo, la vitamina D. “Otro inconveniente es que, si te pasás con la dosis, corrés el riesgo de lo que se llama ‘escurrimiento’, como que te ensuciás con algo aceitoso porque son difíciles de contener. Entonces, creés que te hiciste encima, pero en realidad eliminaste el aceite.”
Los otros laxantes son los estimulantes que, como su nombre lo indica, estimulan directamente a los nervios del intestino, por eso su uso se recomienda de manera esporádica. Producen una acción más rápida (probablemente a las 4 o 6 horas ya se puede tener resultado), y de esta manera se los puede programar mejor: “Sabés que va a haber una relación más cercana entre su toma y el resultado. Es el caso del bisacodilo, por ejemplo”.
En la actualidad, mucha gente recurre a las semillas de chía como laxante. “Y funcionan”, concluye el gastroenterólogo.
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