Luego de haberse impuesto en la serie por 3-2 ante Montevideo City Torque, Atlético Mineiro se convirtió este miércoles en el rival de Boca para la final de la Copa Sudamericana que se disputará el próximo 21 de noviembre en el Estadio Metropolitano Roberto Meléndez de Barranquilla, Colombia. Ambos equipos volverán a verse las caras luego de 5 años, en un cruce que quedó marcado por el escándalo, la polémica y las suspensiones.

Para el último antecedente entre el Xeneize y el Galo hay que remontarse al 20 de julio de 2021, en un contexto marcado por la pandemia del Covid-19. El duelo correspondió a los octavos de final de la Copa Libertadores. Boca, que era dirigido en ese momento por Miguel Ángel Russo, venía con la espina de quedarse a un paso de diputar la final de la edición anterior en la que finalmente quedó eliminado contra el Santos tras perder feo en Brasil por 3-0.

El clima ya venía caldeado desde el partido de ida en la Bombonera, donde a Boca le anularon un gol de Diego “Pulpo” González a instancias del VAR, por una supuesta falta previa en la jugada que generó una fuerte polémica. La decisión del colombiano Andrés Rojas fue cuestionada por todo el conjunto xeneize y, con el empate sin goles, la serie quedó abierta de cara a una revancha que ya se anticipaba caliente.

La vuelta se disputó en Belo Horizonte y terminó envuelta en un verdadero escándalo. Con el árbitro uruguayo Esteban Ostojich en el centro de la polémica, Boca volvió a sufrir la anulación de un gol a los 65 minutos. Marcelo Weigandt aprovechó un rebote del arquero para poner en ventaja al Xeneize, pero un llamado del VAR por un offside milimétrico del Pulpo González con interferencia al arquero dejó la jugada sin efecto.

La decisión desató la furia del banco de suplentes de Boca y provocó agarrones y encontronazos sobre la línea de cal, en un clima de máxima tensión.

Ya con el partido totalmente desvirtuado, el resultado no se movió, la serie terminó igualada y tuvo que definirse por los penales. Allí, Boca cayó por 3-1 y terminó quedando injustamente eliminado del certamen continental.

El último antecedente entre Boca vs. Atlético Mineiro

Sin embargo, el aspecto deportivo quedó completamente en el segundo plano en el regreso al vestuario. Entre las chicanas de los brasileños, los insultos y las agresiones, todo derivó en una batalla campal que protagonizó uno de los episodios más bochornosos de la Copa Libertadores.

Hubo piñas, mientras jugadores de Boca, integrantes del Consejo de Fútbol y miembros del cuerpo técnico se enfrentaron con el personal de seguridad en los pasillos del estadio. La situación escaló hasta que la policía brasileña intervino con gases lacrimógenos para dispersar los incidentes.

Las imágenes dieron la vuelta al mundo. Desde Marcos Rojo amenazando con un matafuegos, Raúl Cascini peleando a puño limpio con una persona de seguridad, las vayas volando por los aires, y el presidente del Galo arrojándole una botella a los jugadores rivales.

El escándalo derivó en sanciones graves para 11 integrantes de la delegación de Boca de entre seis y tres partidos. Incluso, todos pasaron la noche demorados en una comisaría de Belo Horizonte, arriba del micro que los terminó llevando rumbo al aeropuerto para regresar a Buenos Aires. Entre los integrantes de aquella delegación estaban Sebastián Villa y Javier García, quienes aún permanecen en el club.



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