Lionel Messi tenía 13 años, medía apenas 142 centímetros y soñaba con abrirse camino en el fútbol europeo. Era el otoño de 2000 y recién había llegado desde Rosario para probarse en el Fútbol Club Barcelona empezaba a mostrar sus condiciones en La Masía, la prestigiosa cantera del club catalán. Su habilidad con la pelota no pasaba inadvertida, pero había una cuestión que generaba dudas entre los formadores: su desarrollo físico. Más de un cuarto de siglo después, tres informes de aquella época permiten conocer las distintas opiniones que despertó el futuro campeón del mundo antes de convertirse en una de las mayores leyendas de la historia del fútbol.
Los documentos fueron revelados por el periodista francés Florent Torchut, de France Football y autor de la biografía Rey Leo, quien difundió las evaluaciones en las redes sociales. Los textos, elaborados por tres formadores diferentes que se mantuvieron anónimos a lo largo de los años, reflejan un debate que hoy adquiere una dimensión especial: mientras uno recomendó no contratarlo, otro se animó a compararlo con Diego Armando Maradona.
El primer informe destacaba las virtudes técnicas del joven argentino y su superioridad respecto de los demás chicos de su edad. “Por su edad es un jugador técnicamente muy completo, destaca sobre sus compañeros. Tiene visión de jugada, es ágil, es vivo, listo, tiene un dribling muy bueno, pase bueno”, escribió el formador, que también resaltó su capacidad para rematar y su habilidad en el uno contra uno.
Sin embargo, después de enumerar sus cualidades, el evaluador puso el foco en una limitación que consideraba importante: “Pero es bajito, le falta físico, no va por alto y los rivales la mayoría son superiores en físico”. A pesar de esas observaciones, su conclusión fue positiva. Messi sobresalía por su técnica y su capacidad para resolver situaciones de juego, aunque su contextura física despertaba interrogantes sobre su futuro.
El segundo informe fue mucho más contundente. Aunque reconocía que la calidad técnica del rosarino era indiscutible, el formador entendía que su estatura representaba un obstáculo para competir en categorías superiores. “Calidad técnica indiscutible, pero su limitación física (142 cm) le impide competir”, señaló.
El análisis incluía, además, una proyección sobre su crecimiento que condicionaba la recomendación final. “Aunque crezca, con 150 cm, será muy complicado jugar en cadete”, advertía. La conclusión no dejaba demasiado margen para la interpretación: “Creo que no se debe fichar”. En cambio, proponía seguir su evolución y volver a probarlo dentro de un par de años.
El tercer evaluador tuvo una mirada completamente diferente. Sin desconocer que todavía había aspectos por desarrollar, apostó por las condiciones del juvenil y dejó una comparación que cobra una relevancia particular a la luz de todo lo que vendría después. “Salvando las distancias, es un Maradona pequeño de edad. Yo lo ficharía, tiene que ir a mucho más. Ya veremos su evolución”, escribió.
La referencia a Maradona, otro futbolista argentino cuya estatura nunca le impidió alcanzar la cima, contrastaba con las dudas que había expresado el segundo formador. En aquel momento, Messi todavía debía demostrar que su talento podía imponerse a las dificultades físicas que observaban quienes evaluaban su incorporación.
Los tres documentos muestran que el potencial del futuro crack no generaba una opinión unánime dentro de la estructura formativa del Barcelona. La técnica, la gambeta, la visión de juego y la capacidad para destacarse entre sus compañeros eran atributos reconocidos, pero no todos estaban convencidos de que alcanzaran para superar las exigencias de las categorías juveniles.
Finalmente, Messi se incorporó a las divisiones inferiores del Barça y comenzó un recorrido que transformaría para siempre su historia y la del fútbol mundial. Ganó todos los títulos posibles con el club catalán, tanto a nivel colectivo como individual, y se convirtió en el máximo ídolo antes de continuar su carrera en el Paris Saint-Germain y el Inter Miami.
