Alexander Zverev cumplió su sueño deportivo. La inesperada derrota de Carlos Alcaraz en la tercera ronda del Masters 1.000 de Shanghai le entregó al alemán la chance de ser número uno del ranking mundial, lugar de privilegio que ocupará, al menos, en el final de la temporada 2026. Ese resultado, más el anuncio del italiano Jannik Sinner de no volver a jugar hasta 2027, encumbrará al alemán en algún momento desde ahora hasta que termine el calendario.
Si bien Sinner encabeza la clasificación actualmente con 11.000 puntos, perderá con toda seguridad 3.000 al no poder defender sus títulos en Viena, París y las finales ATP, con lo que su cuenta se reducirá cuando termine el calendario a 8.000.
A Zverev, segundo actualmente en la lista con 9.720 puntos, le quedan por defender apenas 930 que logró el pasado año en estos mismos torneos, con lo que acabará con una cantidad superior a Sinner y a Alcaraz, el tercer clasificado y que antes de su participación en Shanghái, tras vencer en el ATP 500 de Tokio, acumulaba 5.560.
Por lo tanto, el alemán, ganador este año de Roland Garros y el US Open, concluirá 2026 como número uno. La única incógnita es saber cuándo logrará alcanzar la cima, dependiendo de sus próximas actuaciones.
Zverev estuvo muy cerca de ser número 1 hace ya más de cuatro años, cuando por primera vez se colocó como el escolta en el ranking -en aquella oportunidad, por detrás del ruso Daniil Medvedev-. Pero su sueño se le frustró en aquel 2022 cuando se le rompió en mil pedazos el tobillo derecho. Porque aquella lesión en la Philippe Chatrier de Roland Garros, durante el partido de las semifinales frente a Rafael Nadal, fue mucho más que tres ligamentos destrozados. Zverev vio, en ese momento, que su ilusión se hacía añicos.
Sin embargo se rearmó. Luchó contra todo y contra todos y los apenas 580 puntos que deberá defender en lo que resta del año le permitirán llegar a lo más alto.
Zverev será el segundo alemán en alcanzar la cúspide del tenis después de que Boris Becker lo hiciera durante 12 semanas en 1991, seis años antes del nacimiento del hamburgués. ¿Será un justo número 1 del mundo? Algunos detractores sostienen que más allá de haber ganado sus dos primeros Grand Slams este año superando a sólo un top ten (Ben Shelton, en la final de Flushing Meadows) en el marco de esos 14 triunfos le baja un poco el precio. Pero lo cierto es que Zverev hizo méritos suficientes como para aspirar a lo que le vendrá.
Hay que resaltar sus virtudes. Y, sobre todo, el aspecto físico porque en lo que va de 2026 mostró que es el más fuerte de todos. Sinner le pega más fuerte a la pelota y Alcaraz es más explosivo pero el más constante es él y lo viene siendo desde hace un tiempo largo. Esa es una virtud que le permitió tomar esa posibilidad ayudado -por supuesto- por la larga inactividad de sus dos máximos adversarios en el circuito.
Todo aquel que llega al número 1 lo hace porque lo merece. Y Zverev atraviesa un año excepcional. No bajó de las semifinales en los cuatro Grand Slams: llegó a esa instancia en Australia, fue finalista de Wimbledon y “rompió la pared” en Roland Garros y Flushing Meadows. Lo suyo fue impresionante. Los motivos por los que llegó a esos resultados son secundarios. Es verdad que las expectativas estuvieron puestas a principios de año en la lucha que habría entre Sinner y Alcaraz, pero las lesiones de ambos atentaron contra ello.
Y el que venía detrás, agazapado y cerquita ya que en marzo quedó tercero tras superar a Djokovic, fue él. Tomó la chance y, al mismo tiempo, está jugando mejor al tenis siendo más agresivo y más suelto. Hay que disfrutar de su juego. El mismo juego que lo convertirá en el jugador 30° en ser número 1 del mundo desde que la ATP instauró ese honor en 1973.
