Cristiano Ronaldo cumplió su promesa. Después de haber abandonado la concentración de la Selección de Portugal enfrentado con el entrenador Jorge Jesús, el astro luso contó su versión de lo ocurrido en los días y horas previas a su tajante decisión, luego del encuentro contra Noruega por la Nations League. En un muy extenso comunicado, CR7 apuntó contra el DT por haber “faltado a su palabra”, aunque abrió la puerta a un retorno al conjunto nacional.

El delantero de 41 años detalló punto por punto lo ocurrido en la previa, durante y pos partido en Oslo, cuando tuvo que salir del banco de suplentes a calentar por un supuesto pedido del entrenador, que luego no lo envió al campo de juego.

El comunicado completo de Cristiano Ronaldo

“Tal como prometí, decidí contar, en primera persona y de forma directa, las circunstancias que rodearon la última concentración de la Selección Nacional.

Después del Mundial 2026 preparé una carta dirigida a los portugueses, que todavía conservo, con las palabras que quiero dedicarles cuando abandone definitivamente nuestra selección.

Al término de la competición, ya en el vuelo de regreso desde Estados Unidos, el presidente de la Federación me pidió e insistió en que reconsiderara mi decisión de marcharme, porque la FPF quería que continuara.

Poco después me pidió mi opinión sobre el nombre del actual seleccionador, a quien estaba considerando junto con otros nombres que no me reveló. Le respondí al presidente de la Federación que, en mi opinión, sería la elección correcta.

Por eso, el día en que el actual seleccionador fue presentado, me sentí genuinamente feliz por la elección. Era la opción correcta, como los resultados están demostrando.

Pocos días después recibí un primer contacto del nuevo seleccionador nacional, diciéndome que le gustaría reunirse personalmente conmigo. Le respondí que sí y acordamos hacerlo al término de mis vacaciones.

Nos reunimos en la Ciudad del Fútbol, donde mi club estaba realizando su pretemporada.

Ese día, el seleccionador me dijo que contaba conmigo y que mi presencia era fundamental para su proyecto. Allí mismo me presentó un plan para mi participación. Me dijo que jugaría el primer partido y el último, y que, por razones de gestión física, realizaría siempre entre tres y cuatro cambios por encuentro.

En ese momento me planteó la posibilidad de que no viajara con la selección a Noruega y Dinamarca. Me propuso disputar el primer partido y quedarme en Portugal, para volver a incorporarme antes del encuentro en el Dragão.

Rechacé inmediatamente esa propuesta. Me parecía evidente que no podía aceptarla. El hecho de no jugar los partidos en el extranjero no significaba que dejara de ser el capitán de nuestra selección. Ese privilegio de quedarme en Portugal no habría sido un buen ejemplo.

El seleccionador terminó estando de acuerdo con mi análisis.

Esta conversación fue presenciada por Simão Coutinho, director deportivo del Al Nassr, persona a quien el actual seleccionador reportaba durante toda la temporada pasada y uno de los responsables de su contratación por el club en 2025.

La víspera del comienzo de la concentración, el seleccionador se desplazó hasta mi casa, en Lisboa, para mantener una nueva conversación conmigo, a petición suya. La conversación fue tranquila y se mantuvieron todos los principios que habíamos acordado en agosto.

Jugué el partido de Alvalade y, pese a ser sustituido, no generé ningún problema. Yo mismo le entregué el brazalete a Bruno Fernandes, lejos de imaginar que podrían estar siendo mis últimos pasos como jugador y capitán de la Selección Nacional.

Lo importante para mí aquel día fue nuestra victoria. Ganar siempre es bueno; hacerlo por Portugal y por mi país, todavía más.

A la hora del almuerzo del día del partido en Noruega, uno de los asistentes del seleccionador se acercó a la mesa donde estaba comiendo el grupo y me informó de que el seleccionador quería hablar conmigo.

Para mi absoluta sorpresa, el seleccionador me preguntó si estaba en condiciones de jugar 30 minutos. Yo estaba completamente enfocado en mi recuperación física, integrado con mis compañeros como siempre y pensando que aquel día no iba a jugar. Sin ningún problema.

Esta petición estaba fuera de mi planificación de recuperación física y de entrenamiento —porque únicamente iba a jugar el día 4 en el Dragão—, pero obviamente le dije que sí.

Me respondió que entonces estuviera preparado porque jugaría 30 minutos.

El resto ya lo conoce todo el mundo. Calenté desde el descanso, vi pasar los minutos y nunca fui llamado para ingresar.

El seleccionador había faltado a su palabra conmigo.

Al terminar el partido solo quería que todo acabara con una victoria y quedarme solo. No fui a saludar a los aficionados. Fue un error exclusivamente mío y algo que no debería haber ocurrido.

Pido disculpas a los portugueses que estuvieron allí apoyándonos intensamente, pido disculpas a los aficionados y también a quienes, sin ser portugueses, pudieron haberse desplazado hasta allí para verme y a quienes pude haber decepcionado.

Cuarenta y ocho horas después mantuvimos una conversación el seleccionador, Simão Coutinho y yo, ya que él había estado presente en nuestras conversaciones de agosto.

Fue un momento profundo, muy directo y sin ningún tipo de filtro.

Estuvimos de acuerdo en que solo había una manera de cerrar este ‘caso’: que el seleccionador repitiera en la sala de prensa lo que acababa de decirme en privado, en presencia de Simão Coutinho.

Lo acordado era sencillo: el seleccionador comenzaría la conferencia de prensa abordando este asunto para intentar darlo por cerrado contando la verdad.

Diría que yo nunca había pedido disputar ningún minuto, que había sido el propio seleccionador, y nadie más, quien me había propuesto el plan para esta concentración, y que había sido un error ponerme a calentar para después no hacerme entrar, algo que no volvería a hacer si se repitiera una situación similar.

Terminamos aquella reunión con el seleccionador pidiéndome un abrazo, prometiéndome que diría en la conferencia lo mismo que acababa de decirme a mí y que el asunto quedaría superado.

Yo no jugaría en Dinamarca y disputaría el partido del Dragão. Todo esto, siempre, en presencia de Simão Coutinho.

A petición del seleccionador, posteriormente tuvo lugar una reunión por videoconferencia entre él, Simão Coutinho y Tiago Craveiro, en la que se resumió lo que habíamos hablado.

Se elaboró un pequeño documento que yo mismo validé y que, con mi conocimiento, fue entregado al seleccionador, tal como él había solicitado.

La conferencia fue lo que todos conocen: la actitud no tuvo nada que ver con nuestra reunión. Escuché expresiones y una agresividad que considero que no merecía, una postura de ‘aquí mando yo’ que nunca me había mostrado, ni de cerca, en privado el día anterior.

Las notas que validé eran las siguientes:

‘Creo que es importante, porque además es la verdad, aclarar algunas cosas antes de hablar de Dinamarca:

Yo mismo, sin intervención de nadie más, le propuse a Cristiano un plan para esta temporada deportiva con la Selección Nacional. Fue una conversación larga y muy buena.

Sé cuánto vive y ama la Selección, el peso que tiene en el mundo y, todavía más, el peso y la influencia positiva que ha tenido en la Selección durante 24 años consecutivos.

El plan que le propuse a Cristiano fue aceptado.

Nunca cuestionó mis decisiones. Fue ejemplar, leal y profesional.

En el plan que diseñé para él no estaba contemplado el partido contra Noruega. Sin embargo, sentí que había conseguido recuperarse físicamente del primer encuentro y le avisé de que podría tener que utilizarlo. Cristiano estuvo de acuerdo.

Me equivoqué al poner a alguien de la dimensión de Pelé o Maradona a calentar para después no hacerlo entrar al partido. Si fuera hoy, no lo haría.

Para cerrar el asunto: quiero a Cristiano en la Selección Nacional. Y no lo quiero poco, lo quiero mucho. Afortunadamente, él también cree en mí. Creyó en mí en Al Nassr y aquí también.

Sobre el hecho de no haber saludado a los aficionados: ya hemos hablado de eso. Quien ha disputado más de 230 partidos con la Selección no va a recibir de mí lecciones de amor por Portugal. Fue un momento de frustración que no borra absolutamente nada. Es el jugador que más autógrafos firma, que más selfies se toma y que más cariño demuestra a los aficionados. No inventemos problemas donde no existen. Cuando no estamos contentos, reaccionamos. Fue solo eso’.

Por lo tanto, ninguna de estas notas decía siquiera que el seleccionador tuviera que pedirme disculpas.

Era la segunda vez que faltaba a la palabra que me había dado.

Decidí abandonar la concentración sin esperar una nueva falta a su palabra. Para mí, la verdad sigue siendo lo más importante en las relaciones entre las personas. Por mucho que duela, prefiero que me digan la verdad.

De hecho, en una conversación que mantuve con el presidente de la FPF y con el seleccionador la mañana de aquella conferencia de prensa —y ellos podrán confirmarlo—, reiteré que si no me querían allí, simplemente tenían que decírmelo.

Solo tenían que ser sinceros conmigo. Yo lo aceptaría y prometí que prepararíamos algo bonito, como sueño que ocurra, y nadie acabaría enfadado.

Lo recuerdo como si hubiera sido hoy. Ambos respondieron al mismo tiempo que no. Que mi lugar estaba en la Selección Nacional.

Nunca, en ningún momento, me he entrometido en ninguna decisión técnica o táctica de ningún entrenador o seleccionador en casi 25 años de carrera.

Acepto, mejor o peor, lo que me proponen hacer. Respeto la decisión y, cuando alguien falta a la palabra que me dio, siento que mi lugar ya no está allí.

También debo pedir disculpas a mis compañeros de selección por haber abandonado la concentración.

A pesar de la absoluta ruptura de confianza en la palabra del seleccionador, como podrá testificar quien haya presenciado estas conversaciones, no debería haberlo hecho. La responsabilidad es exclusivamente mía.

Pido disculpas nuevamente a los portugueses, pero faltar a la palabra tiene, para mí, un impacto determinante.

Sentí que, a partir de aquel momento, mi permanencia allí solo perjudicaría al grupo de trabajo e hice lo que siempre dije que haría si dejaba de sentirme útil: hice las maletas y me fui.

La consecuencia de este acto mío debe ser evaluada y sancionada por la Federación Portuguesa de Fútbol.

Entiendo que la sanción no debe tener atenuantes. No soy un jugador cualquiera, soy el capitán del equipo y eso constituye una agravante.

Ya he pedido disculpas, pero sé que las acciones deben tener consecuencias. Quien lleva en el fútbol tanto tiempo como yo sabe que, independientemente del estatus de cada uno, las reglas son iguales para todos.

Sobre este asunto, he escuchado hablar mucho de partidos de despedida, de que tengo que recibir una despedida digna y de que la Federación quiere darme esa oportunidad.

Aprendí en la vida, pasando hambre y muchas veces sin tener nada que comer, que nadie le regala nada a nadie.

Puedo prometerles a todos mis aficionados, naturalmente, y especialmente a todos los portugueses, que realizaremos uno o más partidos de despedida. Habrá tiempo para eso.

Pero cuando pienso en la selección, lo que realmente pienso es en competir.

Eso fue lo que pensé el día en que recibí la noticia de la muerte de mi padre. Estaba concentrado con nuestra selección y decidí permanecer allí hasta terminar el partido del día siguiente.

Por mi país hice algo que jamás habría hecho por ningún club.

Por lo tanto, si estoy bien físicamente, jugando en mi club y, espero, marcando goles, una vez cumplida la sanción que se me imponga, estaré disponible, como siempre lo he estado hasta el día de hoy, para competir y ganar con nuestra selección.

Esta es, créanme, la más pura de las verdades”.



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