Si la nostalgia es “el dolor de una vieja herida”, no existe una palabra para describir el sentimiento que forma parte del aire del entrenamiento de la Selección. Pasadas las cinco de la tarde, Lionel Messi se sentó en el histórico vestuario del predio de Ezeiza y se cambió por última vez para entrenar con la Argentina. Un rato después, encabezó la salida al campo de juego. Lo secundaban sus últimos laderos: Rodri De Paul, Giovani Lo Celso y Nicolás Otamendi. Un poco más atrás lo seguía el futuro nuevo capitán, Cuti Romero, también Lisandro Martínez y Julián Alvarez. Todo, con una sonrisa en el rostro. Y claro, más allá del cóctel de sentimientos que deben pasar por el cuerpo del capitán, el disfrute es el principal deseo para la última función de este martes a partir de las 20:00 en el Estadio Monumental frente a Benín. LEER MÁS.



Source link

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *