Cuando el amor aparece después de los 60, el paso a la convivencia parece ser un tema casi inevitable a tratar. Claro que también surgen miedos, preocupaciones, dudas y varias cuestiones que hacen tambalear las estructuras.

“Cuando una persona ha vivido muchos años sola, desarrolla hábitos, rutinas y formas de organizar su vida que pasan a formar parte de su identidad”, sostiene la psicóloga de parejas y sexóloga Ayelén Mobilia. Y agrega: “En una nueva convivencia, el desafío no es abandonar esas costumbres, sino negociar cuáles pueden mantenerse, cuáles requieren flexibilidad y cuáles son innegociables para cada integrante de la pareja”.

—¿Cómo nos adaptamos a otro cuando las costumbres de vivir solos ya están demasiado instaladas?

—Antes de convivir conviene hablar de aquello que cada uno considera negociable e innegociable, independientemente de la edad. ¿Cómo imaginan la vida en común? ¿Qué valores son importantes? ¿Cómo se repartirán las tareas, los gastos y los tiempos personales? Definir estas expectativas y construir normas de convivencia no garantiza que no haya conflictos, pero sí facilita que puedan resolverse con mayor claridad y respeto.

—¿Qué sería lo negociable y lo innegociable?

—Los aspectos negociables son aquellas cuestiones sobre las que la pareja puede dialogar, flexibilizar posiciones y construir acuerdos que contemplen las necesidades de ambos, como la organización de las tareas del hogar, la administración del tiempo o la distribución de algunos gastos. Los innegociables, en cambio, son aquellos valores, límites y necesidades personales que cada integrante considera esenciales para su bienestar y para sostener el vínculo, como el respeto mutuo, la honestidad, el tipo de acuerdo de exclusividad o la ausencia de violencia.

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—¿Plantearlas de entrada es clave para una mejor convivencia?

—Identificar y comunicar estos aspectos desde el inicio permite construir expectativas más realistas, prevenir conflictos y tomar decisiones conscientes sobre el proyecto de vida en común. Una convivencia saludable no implica pensar igual en todo, sino saber en qué es posible ceder y en qué no, respetando la individualidad de cada uno.

Dejar de lado los miedos

Mobilia indica también que con los años no solo consolidamos hábitos, sino también creencias. “Muchas de ellas (vinculadas a la convivencia, la pareja y la sexualidad) terminan funcionando como verdaderas barreras porque nos hacen actuar desde mandatos más que desde el deseo”, sostiene.

Y manifiesta: “Animarse a cuestionar esos imaginarios es un primer paso para tomar decisiones más libres y construir relaciones que respondan a la realidad de cada pareja, y no a expectativas impuestas.”

Sobre la sexualidad, la profesional plantea que justamente uno de los temores más frecuentes en la convivencia es que la rutina termine deteriorándola. “Sin embargo, la rutina no siempre es la enemiga del deseo; cuando se la utiliza de manera consciente, puede convertirse en una gran aliada”, asegura.

—¿Qué podemos hacer para combatir ese miedo?

—Planificar momentos para la pareja, reservar un día para hacer una actividad distinta o incluso elegir cuándo dedicar tiempo a arreglarse o vestirse de una manera que nos haga sentir atractivos puede favorecer la intimidad. No es necesario que estas propuestas sean exclusivamente sexuales o impliquen genitalidad: pequeños gestos cotidianos también fortalecen el vínculo.

—¿Qué rol juega la comunicación en la pareja en estos casos?

—Para que estas iniciativas prosperen, la comunicación ocupa un lugar central. Un buen ejercicio diario es aprender a expresar los propios sentimientos, necesidades y deseos sin recurrir a reproches o culpabilizar al otro. Del mismo modo, es importante poder manifestar gustos, preferencias y expectativas en lugar de esperar que la otra persona las adivine.

—Hablar de lo que necesitamos, negociar acuerdos y planificar espacios compartidos son habilidades que contribuyen tanto al bienestar de la convivencia como al cuidado de la vida afectiva y sexual. Uno de los mayores desafíos de la convivencia suele ser precisamente la comunicación. Aprender a expresar necesidades, preferencias y emociones sin recurrir a reproches o acusaciones favorece la resolución de conflictos y fortalece el vínculo. Son habilidades que pocas personas aprenden de manera espontánea, pero que pueden desarrollarse con práctica o acompañamiento terapéutico.

—¿Y cuál es la mejor manera de enfrentar el miedo a la convivencia?

—El miedo es una emoción, válida como cualquier otra, y es esperable en este contexto, pero si el miedo incapacita un deseo que tengo hay que trabajarlo. Especialmente cuando ya se ha construido una forma de vida independiente o existen experiencias previas de convivencia difíciles. El objetivo no es eliminar el miedo, sino comprender qué lo sostiene y evaluar si está interfiriendo con un deseo genuino.

—¿En qué casos es mejor seguir viviendo en techos separados?

—No existe una respuesta universal. Para algunas parejas, mantener hogares separados favorece el bienestar, la autonomía y el deseo. Para otras, compartir el hogar fortalece el proyecto de vida en común. La decisión debería responder a las necesidades y acuerdos de esa pareja, y no a mandatos sociales sobre cómo “debe” ser una relación. Muchas parejas también tienen en cuenta factores como la economía para tomar esta decisión. Ninguna convivencia debería emprenderse sin ciertas charlas previas, independientemente de la edad de los integrantes.

—¿Hay alguna clave para lograr que la convivencia sea exitosa?

—Habría que definir qué significa tener una convivencia exitosa para cada persona, porque si se la menciona como sinónimo de perfecta o de ensueño es un error, ya que es parte de expectativas poco realistas. Las convivencias son reales, no ideales. Las convivencias reales implican desacuerdos, negociación y adaptación constante.

Cuando pasó un duelo

Ahora bien, Mobilia destaca que en los casos en que la nueva convivencia ocurre después de un duelo, el desafío puede ser aún mayor. No solo se trata de adaptarse a otra persona, sino también de construir un nuevo vínculo conviviendo con la propia historia personal.

“Es frecuente que aparezcan emociones ambivalentes, comparaciones, culpa o temores, que también pueden influir en la vivencia de la sexualidad”, señala.

Y explica que nuestro cuerpo muchas veces expresa esos procesos de maneras inesperadas. “Algunas personas experimentan estrés, disminución del deseo o incluso molestias físicas que antes no existían; otras, en cambio, descubren nuevas formas de disfrutar de la intimidad o aspectos de su sexualidad que desconocían. Cada proceso es único y merece ser transitado sin juicios ni expectativas rígidas”.

Entonces, como afirma la especialista, cada pareja construye una historia única. No existen recetas únicas ni un solo modelo de convivencia que garantice el éxito. Lo que funciona para una pareja puede no ser útil para otra, porque cada vínculo está atravesado por experiencias, valores, hábitos y expectativas diferentes. “En ese camino, es esperable que aparezcan dificultades que son propias de compartir un hogar y que probablemente no existirían si cada uno viviera por separado. Esto no significa que la relación esté mal, sino que forma parte de la convivencia misma”, indica.

También, la sexóloga comenta que muchas de estas situaciones pueden resolverse a través de una comunicación asertiva y de la construcción de acuerdos, habilidades que pocas veces aprendemos de manera espontánea y que, en ocasiones, requieren práctica o acompañamiento terapéutico. “Con frecuencia, las parejas sienten que ya intentaron todo y que nada funciona, cuando en realidad nunca se detuvieron a generar un espacio específico para conversar sobre los problemas, planificar soluciones y revisar los acuerdos alcanzados”.

Por último, Mobilia hace hincapié en hablar antes de convivir y sugiere no esperar que el otro adivine lo que uno necesita y cuidar el vínculo de forma intencional. “La convivencia no se sostiene solo con amor. Reservar tiempo para compartir, planificar actividades en pareja y mantener espacios de intimidad ayuda a fortalecer la relación”.

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