El DNU 70 se suma al pacto por las PASO
En la despedida de la aventura parisina, Diego Santilli y los gobernadores declararon un empate. 1) Los aliados provinciales admiten la necesidad de discutir un acuerdo, pero no en conjunto. Cada distrito tiene sus planteos y eso requiere una suma de reuniones bilaterales. 2) Santilli admite el criterio, pero pide que sea ahora y no el año que viene, cuando las cartas estén al descubierto. Prefiere que se cierren ahora los acuerdos para incluirlos en la estrategia para la reelección de Milei, un plan hoy en estado gaseoso, o más que gaseoso porque el Gobierno no sabe qué tiene que hacer para que esa reelección prospere. Logró que estas reuniones uno por uno ocurran ahora.
De todas formas, nadie promete acuerdo PASO ahora y, encima, se ha cruzado otra batalla: la necesidad de blindar la vigencia del DNU 70/2023, que contiene el ADN del Gobierno y que le discute la oposición en el peor momento. Ese fue el resultado de la charla en la biblioteca de la embajada de París el miércoles entre la troika Santilli-Toto-Quirno y 13 gobernadores -en realidad 12, porque Raúl Jalil se retiró del condumio parisino para atender cuestiones particulares-. Este grupo ya está bajo presión del gobierno, en la dialéctica de posiciones que caracteriza a la democracia argentina. Es la dialéctica entre quienes gobiernan y quienes no gobiernan. Porque todo se corta, al final, entre quienes tienen algo de poder y quienes lo pretenden. Mirar la agenda actual desde esa perspectiva ayuda a entender aquello que los protagonistas se esmeran en confundir con poderosas usinas de producción de humo.
2027, fecha peligrosa para los oficialismos
En el debate sobre las PASO con las provincias, el hilo se corta por lo más delgado, que es la hipótesis que maneja un sector de los gobernadores sobre el costo que tendrán en las elecciones provinciales las mediciones sobre las chances de Milei de reelegir. Santilli y Milei les tienen que explicar a los gobernadores que la mala imagen y las pocas chances que les dan las encuestas no se terminarán facturando en el apoyo o no de los votantes en las elecciones locales. Esta hipótesis pone el centro en la posibilidad de que a los oficialismos provinciales les irá mal, y en particular en las provincias cuyos gobernadores apoyan a Milei. El país ha pasado de una era, que duró hasta 2015, de triunfo de los oficialismos. Eso se quebró con la peste Covid, que hizo perder elecciones a todos, desde Donald Trump a Sergio Massa, pasando por Bolsonaro. ¿Ha cambiado algo en la Argentina? Milei prometía menos Estado, pero gobierna con un férreo control del Estado al punto de incurrir en el incumplimiento de las leyes de financiamiento educativo y de discapacidad. Con Milei, más Estado no se consigue.
¿Y el topo? Se lo voy a deber
No hay acuerdo privado ni público que no se choque con un Estado opresivo. Lo prueba el debate de las PASO, que satura e intoxica la agenda electoral. Entre el «Estado presente» del veteroperonismo y el «Estado ausente» de los conservadores de Milei, el Estado pesa más que antes: desregulaciones que regulan, emergencias que se suman, leyes que plantean bombas de profundidad para que estallen dentro de algunos años con juicios millonarios contra el Estado, el control sobre los fondos fiduciarios que se recaudan y no se respeta su destino, las deudas que no se pagan, el control de paritarias y jubilaciones. ¿Quieren más Estado que esto?
Claro que ahora Milei se pone en guerra contra quienes buscan destruirlo todo: “Quienes tenemos enfrente son unos energúmenos que tratan de romper todo y que no tienen ningún problema en hacerlo (…)”/ “…un conjunto de personas que están dispuestos a destruirlo todo”/ “(…) gente con vocación de destruirlo todo”/ “(…) la máquina de impedir y los que intentan que se rompa todo, impacta en el riesgo país”/ “(…) jugadores de mercado con ganas de romper todo” (todas frases de un mismo discurso, en IDEA esta semana). ¿No era él quien quería romper todo, el topo? “Amo ser el topo dentro del Estado, yo soy el que destruye el Estado desde adentro”, le dijo a The Free Press en junio de 2024. El topo debe aún esa promesa, que no se reduce a dejar de pagar las deudas.
Los números que mandan
A Milei lo soporta la espalda electoral de la Argentina, un país donde el no pejotismo tiene más votos que el pejotismo. Para eso Milei tiene que sostener la representación que tuvo de ese segmento en 2023, cuando ganó el balotaje con la mayoría de los votos de la primera vuelta de Cambiemos y de Juan Schiaretti. Ese apoyo se ha trizado, y ahora tiene que renovar la alianza con el espectro que le permitió ser presidente. Ya en las elecciones legislativas de 2025, bajó del 55,65% al 42/43%, mientras que el pejotismo y sus aliados bajaron del 44,35% al 33/34%. Había aparecido una tercera fuerza electoral de oposición a esta dialéctica que juntó el 23/25% de los votos. Cuando Milei mandó a Manuel Adorni como representante en su propio distrito, CABA, sacó apenas el 30,13%. En 2023 había alcanzado, en el balotaje en CABA, un 57,24%. Juan Perón escribió esta máxima: “El número mayor vence al número menor, es la verdad que en último análisis se sustenta” (“Conducción política”). Quien quiera oír que oiga.
Una mini PASO por adelantado
La primera tarea del Gobierno en esas reuniones, que comenzarán apenas terminen de regresar al país los mandatarios provinciales que acompañan a Milei en Francia, es limpiar la agenda inmediata. El 15 de octubre habrá un mega-debate en la Cámara de Diputados si la oposición consigue el cuórum para discutir la derogación del DNU 70/23. Esa norma sigue siendo la piedra angular del gobierno de Milei. Contiene todos los proyectos y ocurrencias originarias de su gestión, que nació del voto prestado, los funcionarios alquilados y los votos comprados. Sigue en pie, pese a que el Senado ya lo derogó.
La peregrina aparición del fallo de la Corte que anuló la Ley de Tierras de 2011 liberó la plaza para la venta de tierras de frontera a extranjeros, y reflotó un debate dormido que puede adelantar expectativas (como una mini PASO) con los efectos que estas compulsas tienen sobre el público. La respuesta ha sido la convocatoria a una sesión para derogar definitivamente la norma. Si ocurriera, equivale a que quede impugnada no solo la doctrina de gobierno, sino gran parte de las medidas que logró desde 2023 el gobierno de Milei. Lo peor que podría ocurrirle a un año de las elecciones en las que pretende reelegir en un clima adverso. Es la consecuencia de 1) administrar peleándose con todos, postergando la construcción de una mayoría que compense su debilidad; 2) el empecinamiento en cerrar acuerdos frágiles, que producen leyes sancionadas con unos pocos votos por encima del quórum de las cámaras. Así se generan leyes sin respaldo sólido, que quedan a tiro de que al primer cambio se las derogue. Esto quita futuro a la gestión y aumenta el veneno de la incertidumbre y el riesgo político.
Todavía no están los votos
En todos los punteos, la oposición no llega aún a los 129 votos necesarios para arrancar la sesión. En el cálculo más optimista le faltan 6 votos para el quórum. La faena de Santilli es sostener al menos ese número y, en todo caso, desalentarlo con la oferta de proyectos que mitiguen el daño que ven sus contradictores en los frutos del árbol venenoso que es esa norma de 2023. La oposición, por su lado, presiona a gobernadores amigos del gobierno, con la misma herramienta que usa Milei para seducirlos: si apoyan la caída del DNU no les van a presentar listas odiosas en sus provincias. El tema ha llegado a la máxima instancia del peronismo, que es San Juan 1111. Cristina de Kirchner escuchó el sábado, en una visita de algunos asistentes a la cumbre convocada por Sergio Uñac en San Juan, sobre esta oportunidad que les da la idea de votarle el DNU 70 en Diputados. A esa cumbre sanjuanina asistieron siete senadores del peronismo, un lote importante que le dio peso político a un acto de 2.000 personas, que redundó en beneficio de Máximo Kirchner, a quien se le regaló un acto masivo en el interior.
Diputados bajo presión extrema
Aunque Santilli cite a los gobernadores para hablar de las PASO, lo que buscará es que haya un acuerdo para que la Cámara no logre abrir el debate por el DNU 70. Para un gobierno de minoría, que avanzó con su gestión gracias al transfuguismo legislativo (representantes que fueron elegidos oposición y viraron hacia el oficialismo) y gracias a la compra de votos a cambio de ventajas, como lo demuestra el ranking de beneficiarios en el reparto de los ATN, que le discutan el plan de gobierno a menos de un año de las elecciones presidenciales es una señal negativa por donde se la mire. Ni qué decir si la oposición ampliada logra derogar el DNU. Santilli usará, para seducirlos, la misma promesa de los peronistas: que no les presentarán listas mileístas en sus provincias.
Hay colectividades de las que depende ese objetivo. Por ejemplo, ¿qué hará el voto que representa la Coalición Cívica? Esta fuerza no importa solo por el número de bancas que tiene hoy, reducido a dos en Diputados. Es porque el predicamento de Elisa Carrió se extiende a otras fuerzas, como expresión de la importancia que tiene la jefa de la CC en otros sectores de opinión, al expresar un pensamiento liberal moderado y con sentido de Estado. Hasta ahora, la CC se había opuesto a derogar el DNU 70. Pero en los últimos días Lilita reclamó que la Cámara rechace el artículo 154 del DNU 70/23, que derogó la Ley 26.737, conocida como Ley de Tierras Rurales. ¿Se puede derogar un artículo de un DNU cuando la legislación prevé que se lo apruebe o se lo rechace en conjunto? Este planteo enreda más el debate que enfrenta el gobierno en esta mini PASO, que puede sufrir si se hace la sesión del 15 de octubre.
Todos bancaban el decretazo
El DNU 70 estaba vivo, en realidad, porque Diputados lo mantuvo en pie por el apoyo de los bloques que respaldaron al gobierno desde 2023 en atención a varios argumentos. Los hubo con la bancada de Germán Martínez, primera minoría entre 2024 y 2025. El acuerdo más importante data de 2023, cuando un acuerdo La Libertad Avanza-Unión por la Patria impidió el acceso de Cristian Ritondo a la presidencia de la Cámara. Se repitió cuando bajaron el proyecto de Ficha Limpia, a cambio del apoyo de UP para que Martín Menem siguiese en la presidencia de la Cámara. Son cosas de las que no se habla, pero habrá que mirar algún día en las profundidades de la historia legislativa de este período: la marea de contratos y otros beneficios que permitieron los acuerdos -y la paz- entre La Libertad Avanza y UP en Diputados. Nacieron seguramente del rol que tuvo el peronismo albertista y massista en la construcción de la candidatura de Milei. Creían que dividiría a Cambiemos y le haría perder las elecciones. Se les fue la mano, porque ese misil se volvió contra ellos y también los hizo perder.
Distanciamientos
Esos pactos discretos motivaron el distanciamiento entre Macri y Milei. Algunos sectores del PRO y la UCR optaron por el transfuguismo al entender que Milei era presidente por el voto de ellos y que en realidad son los propietarios del gobierno. Otros sectores moderados, como fue el bloque de Encuentro Federal, que condujo hasta el año pasado Miguel Pichetto, sostuvieron el DNU con el argumento de que se le debía otorgar a un gobierno de minorías los instrumentos para arrancar el debate. De hecho, fue Pichetto quien salvó lo salvable del DNU 70, que el gobierno puso en las dos versiones de la Ley de Bases. Operó para que la versión original quedase reducida a un tercio. Esa relación se ha terminado y Pichetto pasó a una oposición frontal. Traduce en hechos lo que suele decir Mauricio Macri cuando explica sus relaciones con el Gobierno, al decir que él quiere apoyar a Milei, pero que este no se deja. Actúa como quien se queja de su mujer y, cuando le preguntan por qué no se divorcia, Mauricio responde: “Por los chicos”. Pichetto entendió que Milei no quiere que lo apoyen y, peor aún, castiga a quien lo ayuda. Pese a eso, Pichetto, junto a Nicolás Massot, aportó una vía del medio para que el gobierno salga de este brete y la oposición no se embarque en una misión de destrucción total del programa de gobierno. El pedido de amparo que hicieron el viernes pide que se prohíban transacciones de tierras de frontera con extranjeros que puedan producirse en la ventana que ha abierto el fallo de la Suprema Corte.
Atajos
Si el Gobierno recupera el ingenio, tendría que respaldar esa vía del medio como una manera de no suicidarse en el debate del DNU 70 y recuperar algunos apoyos. Por ejemplo, puede negociar con el Congreso un proyecto de ley que replique la visión de Pichetto-Massot y neutralice la derogación total del DNU 70 que, pese a amparos judiciales, habilitó medidas que si se caen pueden tener un gran perjuicio al sistema que está funcionando. Si no lo hace, queda a merced de proyectos por la diagonal, como el que proponen algunos constitucionalistas: sancionar una ley que obligue a que los DNU tengan vigencia solo si tienen el apoyo de las dos cámaras y que prohíba el silencio legislativo como una validación de los DNU. Hoy un DNU entra en vigor desde el momento de su publicación en el Boletín Oficial y produce efectos jurídicos inmediatos. Para perder su validez, la ley exige una manifestación expresa de rechazo por parte del Congreso. El artículo 24° de la Ley 26.122, sancionada en junio de 2006, en pleno veranito de Néstor, dice que para derogar o dejar sin efecto un DNU se requiere el rechazo explícito de las dos cámaras. Reformar esa ley se hace con mayoría simple y es otro misil que amenaza al árbol venenoso.
